Los anfibios son uno de los grupos de vertebrados que surgieron para conquistar la vida tanto en el agua como en la tierra, y esto les ha valido para poder vivir en casi todos los ecosistemas del mundo. De manera general los podemos clasificar en tres grandes grupos: Gymnophiona (Cecilias), Caudata (salamandras y tritones) y anuros (ranas y sapos). Cada uno de estos grupos a lo largo de miles de años han desarrollado características morfológicas y fisiológicas que les han permitido habitar casi todos los ecosistemas, excepto los polos. Además, en cada uno de estos biomas habitan lugares como, debajo de troncos y hojas, enterrados en el suelo, en las copas de los árboles y desde luego en el agua.
Gracias a los listados faunísticos hoy en día podemos saber que hasta el momento existen aproximadamente 8 mil 500 especies; de esas en México 431 especies están presentes en el territorio, posicionando al país como el cuarto a nivel mundial con mayor diversidad de estos organismos. Sin embargo, aun cuando existe esta gran diversidad en México y el mundo, los anfibios hoy en día enfrentan grandes retos para su supervivencia y conservación; el cambio climático, la contaminación del suelo y agua, pérdida de hábitat, así como enfermedades los mantienen en riesgo constante de desaparecer.

A lo largo de la historia este grupo de vertebrados ha estado ligado a la cultura de los pueblos. Para el caso de México, una de las especies emblemáticas es el ajolote (Ambystoma mexicanum) que desde la cosmovisión mexica era el dios Xólotl, y el hermano mellizo de Quetzalcóatl. Según la leyenda del quinto sol, Xólotl tuvo que huir del sacrificio y para evitar que fuera cazado, primero se convirtió en un maguey; sin embargo, fue descubierto, después se convirtió en una milpa de doble caña y nuevamente fue descubierto, huyó, para que finalmente se convirtiera en un anfibio llamado axolotl. Por otro lado, los sapos y las ranas también han sido y son parte de la cultura en la actualidad; en algunos lugares se cree que los sapos y las ranas, con sus cantos, anuncian las lluvias. Y no solamente eso, los anfibios han estado ligados al arte en sus diversas expresiones; para Francisco Toledo los sapos fueron fuente de inspiración apareciendo en algunos de sus grabados y esculturas, mientras que para Diego Rivera los sapos y los ajolotes fueron elementos importantes, a los que podemos ver plasmados en el mural “el agua, el origen de la vida” en el cárcamo de Lerma.
Para otras personas, como es el caso de nuestros carnalitos Juan Díaz, Chanel Juárez y Alan Emir Díaz, quienes han buscado que a través del séptimo arte (el cine–documental) se muestre la importancia de los anfibios (sapos, ranas y salamandras) en diferentes municipios de la sierra nororiental de Puebla, para los cuales han sido de gran relevancia y parte de su cosmovisión desde hace mucho tiempo. Hoy en día, estos animales algunos nocturnos, otros de hábitos diurnos, forman parte del idioma y la cultura totonaca, esto lo podmos observar y constatar en el documental titulado Chichakg.
Como es bien sabido, el arte ayuda a sensibilizar a las personas, por lo que este y otro tipo de trabajos en donde hay una relación cercana entre el arte y la ciencia, pueden permitir que las personas se sumen a la conservación de los anfibios mexicanos, quienes son esenciales para mantener el equilibrio ecológico y proteger la riqueza natural del país. Diversas instituciones y organizaciones trabajan para estudiar, proteger y restaurar sus hábitats, fomentando la conciencia sobre la importancia de estos animales en la vida cotidiana y en la cultura mexicana.
Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”
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