Cuarentena, aislamiento y salud mental

La cuarentena es a menudo una experiencia no agradable para quien la padece. La separación de las personas queridas, la pérdida de la libertad, la incertidumbre de la enfermedad, el aburrimiento, la falta de sentido de lo que se está viviendo, pueden crear efectos en la salud mental de las personas. El impacto psicológico que causa en el bienestar de la gente afectará por consiguiente el mundo de las relaciones.

Un cambio en los hábitos y costumbres exige readaptar uno de los principales recursos que tenemos como es el apoyo social o las relaciones con los otros. Estrés, irritabilidad, nerviosismo, agotamiento, ansiedad, confusión y miedo como reacciones asociadas a dificultades de concentración y eficacia en las actividades cotidianas en la casa, pueden llegar a convertirse a largo plazo en depresión o estrés postraumático. Considerar situaciones de escasez, la sobreexposición a información poco clara, inadecuada o contradictoria, pueden también contribuir a ser fuente de estrés y angustia.

El hombre es un ser relacional, nace y vive en una familia, y el aislamiento afectará de manera diferente a cada uno de sus integrantes en función de sus particulares rasgos de personalidad. Las reacciones hacia los otros miembros de la familia pueden ser de intolerancia y exigencias, llegando a expresarse niveles de violencia tanto física como verbal hacia los más vulnerables, esto es, niños, mujeres y ancianos, estos últimos mayormente vulnerables en condiciones de soledad. La importancia de un entorno familiar funcional y sano, junto con la habilidad para continuar y reorganizar las actividades en el hogar, a través de generar diariamente rutinas donde se contemplen el autocuidado e higiene personal y de casa, procurar espacios disponibles para el juego y actividades recreativas, sin pasar por alto el respeto por el espacio vital de cada uno.

Conectar y comunicarse con familiares, amigos y vecinos a través de los medios virtuales disponibles ayudarán a cultivar el contacto social y el bienestar emocional. Actualmente en el confinamiento el tiempo sobra y pasa lento, la familia puede tener la posibilidad de dialogar y compartir cosas que anteriormente no había tiempo de hacer. Tiempo para reflexionar sobre la propia vida, replantear las prioridades y valores podrá contribuir a que se salga de este aislamiento psicológicamente reforzados y resistentes.

En este aislamiento, podemos aprender a ser más flexibles y comprometidos con nosotros mismos, con los demás y con el medio ambiente, a ser más conscientes de nuestra fragilidad y vulnerabilidad humana y que no tenemos el control sobre muchas áreas de nuestro entorno. La salud mental y las reacciones que aparezcan dependerán de múltiples factores como la duración de la cuarentena y el aislamiento, de si se cuenta o no con acceso a servicios de salud y provisiones y qué tanto se forma parte de un grupo de riesgo.

 

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