Cómo pensar a la globalización neoliberal frente a la pandemia del Covid-19

La pandemia por el virus SARS-CoV-2, responsable de la enfermedad de Covid-19, ha venido a acelerar el debate sobre la intensificación de dos procesos que han cobrado importancia en los últimos años: el primero de ellos hace referencia a que asistimos a un proceso de “desglobalización”; contrario a quienes afirman que asistimos a un proceso de “globalización con características chinas”.

La idea de “Desglobalización” ha tomado fuerza debido a que el comportamiento del comercio mundial con respecto al del PIB mundial ha mostrado dificultades para recuperar los ritmos de crecimiento que exhibió antes de la crisis del 2008-2009, particularmente a partir de observar que en el 2016 el crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías estuvo por debajo del crecimiento del PIB real mundial.

De manera reciente, Iliana Olivié y Manuel García (2020) han observado que la globalización económica ha perdido terreno, algo que de manera general es percibido como desglobalización (si bien la globalización se ha desacelerado, en términos de su velocidad, esta no se ha reducido en términos de su escala). Por su parte, Monereo (2020) plantea que hoy nos encontramos ante el fracaso de la segunda globalización (la primera se ubicó a finales del siglo XIX y principios del XX) .

Sin embargo, es importante mencionar que este no es el contexto en el que se habla por primera vez de “desglobalización”. Walden Bello titulaba, de manera respectiva, un capítulo de libro en 2001 y un libro en 2004, de la siguiente forma:  “Praga 2000: hacia un mundo desglobalizado” en “Resistencias mundiales (De Seattle a Porto Alegre)” y “Desglobalización: Ideas para una Nueva Economía Mundial”. Ambos textos fueron escritos en el marco de su activismo en el movimiento No Global y de su aguzada una crítica hacia las consignas del libre mercado y hacia el proceso de globalización neoliberal.

También vale la pena mencionar que la crítica hacia las políticas neoliberales tampoco se quedan en aquellas que derivan del movimiento No Global. Otras más han encontrado eco en los gobiernos progresistas de América Latina y los movimientos sociales populares que les acompañaron en su llegada al poder a inicios del presente siglo.

De manera más reciente, los gobiernos de derecha en el mundo pugnan por un nacionalismo plagado de discursos racistas y xenófobos como el de Donald Trump en EEUU, Boris Jhonson en el Reino Unido, Viktor Orbán en Hungría, Jair Bolsonaro en Brasil, y Matteo Salvini en Italia. Cada uno de ellos, en al menos una ocasión, ha manifestado un claro rechazo a la mundialización económica.

A lo anterior, se suma lo que Ramonet (2020) observa en la búsqueda de protección que la población busca y demanda del Estado y que podría mermar el poderío del mercado al finalizar el actual contexto de pandemia.

Como puede observarse, existen diversas críticas que cuestionan si el proceso de globalización neoliberal tendrá o no continuidad en el futuro inmediato.

Por su parte, el otro debate al que hacemos referencia es el de la “Globalización con características chinas”. Se denomina así a la estrategia de una globalización que el gigante asiático está impulsando en un momento en el que en muchos países aparecen gobiernos con carácter antiglobalización y en un contexto que otros califican como de desglobalización (Du-ssel-Petters, 2018).

El proyecto central de este proyecto es la Iniciativa “Franja económica de la Ruta de la Seda y la Ruta de la Seda marítima de Siglo XXI” conocida como Belt & Road Initiative o BRI, cuyo objetivo es, en primer lugar, conectar por diversas rutas terrestres a China con Europa y, en segunda instancia, re-organizar la conexión con el sudeste asiático, el sur de Asia y el este de África para conectarse con el mar Mediterráneo.

Desde China también se ha impulsado la construcción de instituciones que se presentan como fuentes de financiamiento alternativo a las que tradicionalmente existen en occidente. De acuerdo con Gallagher (2018) “China”, como fuente de financiamiento, ha tomado el rol de ser el Banco de Desarrollo más grande del mundo. Esto, a través de organizaciones internacionales financieras y políticas, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y la Agencia Estatal de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Otro elemento es el programa piloto que de manera reciente China lanzó para contar con una versión digital oficial de su moneda, con la probabilidad de una prueba más grande en los Olímpicos de Invierno de Beijing en 2022.

Es importante recalcar que consideramos que los dos debates expuestos son expresión de un momento de la economía mundial en el que se hace aún más evidente la crisis de hegemonía de los EEUU, que existe desde la crisis de la década de los 70 del siglo XX. En este contexto, el nuevo coronavirus se convirtió en el “último campo de batalla entre Estados Unidos y China” (Gil, 18 marzo 2020).

Ejemplo de ello fueron los cambios en el financiamiento a la OMS que se dieron el pasado mes de abril. China anunció la donación de 30 millones de dólares a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la lucha contra Covid-19, para intentar paliar la retirada de Estados Unidos, que decidió unos días antes suspender su aporte financiero a dicho organismo argumentando que el organismo ha tomado posiciones demasiado favorables a Pekín.

Vuelve la amenaza de una guerra comercial basada en la imposición de aranceles a partir de las acusaciones mutuas de EEUU y China sobre el supuesto origen del virus. La investigación para encontrar la vacuna contra el coronavirus SARS-COV-2 también se ha convertido en un terreno de disputa entre ambas potencias.

Por su parte, Latinoamérica también mira a China, desde donde han llegado múltiples donaciones y la venta de equipos médicos, expertos y consejos para combatir la Covid-19. Algunos analistas ya han bautizado a este proceso como la nueva “diplomacia de las mascarillas” de China (Gil, 14 abril 2020).

En conclusión, podemos decir que la pandemia ha acelerado el papel de China en los esquemas de la globalización neoliberal al mantener su contacto con las instituciones de ese proyecto político-económico, sin que por ello estas últimas se vean fortalecidas. Al mismo tiempo, ha mostrado el fortalecimiento del entramado institucional chino en su construcción de una globalización con carácteristicas chinas en la cual la BRI representa la estrategia principal.

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Referencias

 

Dussel-Petters, E. (2018). Una globalización con características chinas. Nueva Sociedad, 1-10

 

Gallagher, K. (2018). China’s Role As The World’s Development Bank Cannot Be Ignored, NPR.

 

Gil, T. (18 marzo 2020). Coronavirus: cómo el virus se volvió parte de la “guerra” política entre EE.UU. y China, BBC News Mundo.

-(14 abril 2020). Coronavirus: cómo China gana presencia en Latinoamérica en medio de la pandemia (y qué implica para la región y el mundo), BBC News Mundo.

 

Monereo, M. (26 de febrero de 2020). Se terminó la globalización: ¿qué hacemos ahora? Cuarto poder.

 

Olivié, I. y Gracia, M. (2020). Is this the end of globalization (as we know it)?, Globalizations, 1-18.

 

Ramonet, I. (25 de abril de 2020). La pandemia y el sistema-mundo, La Jornada.