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Automatismo democrático

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Nunca podré olvidar lo sucedido en Puebla el 1 de julio del año 2018. Documentos aislados que se pueden encontrar en internet relatan los sucesos. Uno de tantos, es el siguiente que transcribo literalmente: En los disturbios que siguieron al asalto armado a la Sección 1534 el 1 de julio por la tarde, y tras el choque del vehículo en el que los criminales escapaban, dos de ellos fueron detenidos por los ciudadanos que se encontraban en la avenida 24 Sur, en Xilotzingo. El 5 de julio, en el comunicado 719/18, la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (FEPADE), hizo oficial la detención por la probable posesión ilícita de 8 mil 800 boletas y cuatro urnas electorales; confirmó la detención legal de uno de ellos y su vinculación a proceso y determinó la suspensión del proceso al otro por encontrarse bajo resguardo en el hospital.

Este no fue el único caso. De hecho, fue un proceso con muchas anomalías que fueron documentadas con videos y fotografías. La lógica era la anulación de esa elección; sin embargo, un nombre resaltó al validar lo sucedido. La magistrada presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) Janine Madeline Otálora Malassis, declaró infundada la impugnación de las elecciones de Puebla y aprobó el triunfo de Martha Erika Alonso de Moreno Valle, ahogando los gritos desesperados de innumerables poblanos. Lo que pasó después, si bien generó una cantidad innumerable de sospechas, dudas, desconfianzas y presunciones, simplemente se reflejó en la total falta de credibilidad en el TEPJF y todo lo que tuviese que ver con elecciones.

Andrés Manuel López Obrador, el 1 de diciembre de ese año, iniciaba su mandato como presidente de los Estados Unidos Mexicanos, después de una campaña que no tiene paralelo en el mundo, en primer lugar, por haber recorrido todos y cada uno de los municipios del país. Millones de manos estrechó a lo largo de los años y cada saludo directamente, fue un voto que se cristalizó en una preferencia del 53.19 por ciento a diferencia de su más cercano opositor, con 22.27 por ciento.

A esto se le sumó una estrategia en la que no se invirtió una cantidad de dinero exagerada, que en los demás candidatos se calculó en más o menos 106 millones de pesos. El éxito del actual presidente de México fue divulgar en redes sociales contenidos creativos e información muy fácil de digerir. El haber considerado a López Obrador como “un peligro para México”, fue transformado por “Ya sabes quién”, bajo la tutela de Tatiana Clouthier, como coordinadora de campaña. La gente, harta de mensajes en los medios tradicionales de comunicación, con un contenido repetitivo e insulso, recibió algo novedoso, por plataformas en internet que informaron con claridad las propuestas de campaña que se fueron divulgando mientras motivaban discusiones que involucraron un proceso de interacción, apoyándose con manuales físicos y digitales de los cuales, estos últimos, alcanzaron más de 150 mil descargas. El Movimiento de Regeneración Nacional no se vio como un partido político más, sino precisamente como un “Movimiento” que invitaba a un cambio catalizado por Andrés Manuel López Obrador. Así, actividades como rodadas de bicicleta, tuvieron un impacto decisivo que no pudo ser contrarrestado por la “guerra sucia” que lejos de descalificar, fueron permeando a la población, convenciendo a un número muy importante de personas indecisas.

La población, ya harta de estar viendo las caras de los candidatos con falsas sonrisas, tuvieron a la mano (literalmente por medio de teléfonos celulares), un contenido dirigido a todo tipo de público. Con twitter y facebook, sin robots o “bots”, se difundieron cantidades impresionantes de gráficos, imágenes, videos y documentos que gradualmente posicionaron al futuro presidente con un nivel de aceptación que risiblemente, sus opositores no pueden comprender.

Es digno de reconocer que AMLO, por sus siglas, en estos momentos es reconocido como uno de los líderes más populares del mundo y esto no es gratuito. En una forma particularmente original y con una capacidad de trabajo impresionante, ha construido una imagen que tiene seguidores de todas las clases sociales que, ya cansados de las políticas tradicionales, lo ven como una figura que iguala a los distintos sectores de la sociedad mexicana en “el pueblo bueno” y los opositores a quienes ha calificado como “fifís”, tomando como modelo el cuento de René Albert Guy de Maupassant (1850 – 1893) que tiene como título “Madmoiselle fifi”. Este calificativo que se ha popularizado en México, es utilizado en una forma común, sin que se haya leído ni siquiera un fragmento de la obra del escritor francés.

Frases como “me canso ganso”, “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”, “no le vamos a fallar al pueblo de México”, “no es un cambio de gobierno, es un cambio de régimen”, “antes no había Estado de derecho, era un estado de chueco”, “no lo tiene ni Obama”, “mi pecho no es bodega” y hasta “primero los pobres”, enmarcan un lenguaje simple y directo que llega a la mayor parte de la población y que sin palabras rimbombantes, tiene un impacto decisivo en las clases trabajadoras, con un buen número que lo siguen en una forma hasta devota.

Hablar mal de él, en muchos de los casos es equivalente a recibir un escarnio y descalificación social. Pone el dedo en la llaga del pueblo que siempre ha sufrido el embate de la pobreza y la desigualdad con falta de oportunidades, señalando que sus orígenes humildes y su austera forma de gobernar, homogeniza muchos sentimientos encontrados de esas clases desfavorecidas que los políticos hasta antes que él, siempre menospreciaron. Tiene una especie de acceso privilegiado hacia verdaderas masas de gente con las que se entremezcla sin temor, con un poder de convocatoria inédito en México.

A cuatro años de su gestión, podrán expresarse un indeterminado número de éxitos o fracasos, pero es indudable que su mayor conquista está sustentada en la forma en la que es querido. Apodado cariñosamente como “el cabecita de algodón”, “el peje”, “el presidente legítimo” o “mi presi”, entre la gente logra que se albergue el deseo de que se reparen los agravios de gobiernos del pasado.

Así, sus propuestas serán aceptadas y aplaudidas como el reciente plan de reforma electoral, que casi ninguno de quienes lo critican, han leído, basando las descalificaciones en los medios de comunicación tradicionales que brindan opiniones que, en una ferocidad dolorosa, reafirman su popularidad. Nada más hay que recordar los sucesos del primero de julio de 2018 en Puebla, mostrando a un Instituto Nacional Electoral que tiene como siglas “INE”, de ineficiente.

Por eso visualizo que Andrés Manuel López Obrador se mueve políticamente en un automatismo democrático, que sus opositores nunca podrán contrarrestar, a menos que en un proceso imposible de lograr, estrechen millones de manos en un recorrido por todos los municipios del país, igualándose con esa población mayoritariamente pobre que anhela, al menos, un poco de justicia social e igualdad.

 

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