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Eclipses en México

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La visión prehispánica de los eclipses en México estaba fuertemente influenciada por las creencias y mitologías de las distintas culturas indígenas que habitaban la región. Algunas de las civilizaciones más destacadas en este contexto son los mexicas, los mayas y los olmecas.

En la cultura prehispánica, por ejemplo, los eclipses eran interpretados como eventos de gran significado simbólico y religioso. Creían en la existencia de dioses que controlaban los fenómenos naturales y consideraban que los eclipses eran señales de la ira de los dioses o augurios de sucesos importantes. Uno de los mitos más conocidos es el de la diosa Coatlicue, madre de los dioses, quien supuestamente fue fecundada por una bola de plumas que cayó del cielo durante un eclipse.

En la civilización maya, que floreció en la región sur de México y en América Central, los eclipses también tenían una connotación religiosa y astrológica. Los mayas desarrollaron complejos calendarios y sistemas de observación astronómica y al parecer eran capaces de prever la ocurrencia de eclipses. Consideraban que eran eventos cósmicos que tenían implicaciones para la sociedad y el gobierno y a menudo asociaban estos fenómenos con cambios en la administración política.

En general, las culturas prehispánicas en México veían los eclipses como eventos significativos que trascendían lo puramente astronómico, interpretándolos en el contexto de sus creencias mitológicas y religiosas. Estos fenómenos eran vistos como mensajes de los dioses, y su explicación variaba según la cosmogonía de cada cultura.

La visión actual de los eclipses en México, al igual que en muchas partes del mundo, se basa en el conocimiento científico y astronómico. La sociedad mexicana, en general, comprende que los eclipses son fenómenos naturales causados por la alineación de la Tierra, la Luna y el Sol. Esta perspectiva se ha desarrollado gracias a la educación científica y a la difusión de información sobre astronomía; sin embargo, por increíble que parezca, persisten en la sociedad una cantidad indefinida de mitos que rigen creencias en todos los niveles de cualquier grupo, imposibles de erradicar.

Las instituciones científicas, observatorios y divulgadores científicos en México proporcionan información detallada sobre los eclipses, incluyendo sus fechas y horas de ocurrencia, así como explicaciones sobre el proceso astronómico que los genera. La gente tiene acceso a esta información a través de medios de comunicación, internet y eventos de divulgación científica; sin embargo, es posible que algunas comunidades conserven aspectos de las antiguas creencias y mitologías en torno a los eclipses como parte de su herencia cultural; sin embargo, en términos generales, la sociedad mexicana tiende a abordar los eclipses desde una perspectiva científica y educativa, apreciando la oportunidad de observar estos eventos astronómicos como maravillas naturales.

Es importante señalar que la mitología es parte de la cultura y puede variar a nivel individual o comunitario. Las creencias y mitologías personales pueden estar presentes en ciertos grupos, pero no se han generalizado a nivel nacional. En términos de educación y divulgación científica, las explicaciones astronómicas son dominantes y se enseña ampliamente en las escuelas. La comprensión de los eclipses como eventos astronómicos se ha vuelto más accesible a través de los actuales medios de comunicación. Si bien las culturas indígenas han influido históricamente en la comprensión de fenómenos naturales, lo que incluye por supuesto a los eclipses, la transición hacia explicaciones más científicas ha sido una tendencia general. Sin embargo, las tradiciones culturales pueden variar en diferentes regiones y comunidades y algunas personas pueden integrar elementos de la mitología antigua en su comprensión personal de los eventos astronómicos, relacionándolos con lo actual. Esto no descalifica a las personas pues todos sin excepción cargamos a cuestas una gran cantidad de creencias que nos abordan ante los fenómenos que no podemos explicar.

Tenemos como herramienta de comprensión al método científico que constituye el principal mecanismo que nos permite entender lo que sucede en nuestro entorno; pero no es perfecto y siempre estamos sujetos al error inducido por el azar. Tratamos de encapsular la interacción de factores que conocemos para poder reflejar nuestras expectativas de predecir fenómenos de toda índole, pero nunca podremos decir que tenemos a nuestro alcance la verdad absoluta. Esto nos puede conducir por una serie de conductas tan opuestas como sentir que somos autosuficientes en los conocimientos o acarrear la frustración de tener que subordinarnos a la ignorancia de no saber qué hacer.

Como conclusión, se puede afirmar que los fenómenos astronómicos y en particular los eclipses son manifestaciones celestes fascinantes y aunque no tienen un impacto directo en la vida cotidiana de las personas, a lo largo de la historia, diversas culturas han atribuido significados simbólicos, mitológicos o espirituales a estos eventos. Aunque han sido interpretados como acontecimientos divinos, augurios o mensajes de los dioses, esto es falso. Deben de despertar un sentido de asombro y maravilla.

La experiencia de presenciar un eclipse total es emocionalmente impactante, generando un sentido de conexión con el universo. Ofrecen oportunidades educativas significativas para explicar conceptos de astronomía y física y si bien pueden tener un significado simbólico personal, como oportunidades para generar momentos de cambio, renovación o reflexión, no deben de alterar directamente la vida diaria. Pueden tener un impacto en la forma en que percibimos nuestra relación con el cosmos, generando un sentido de conexión con el universo y ofreciendo oportunidades para explorar la ciencia, el saber, la cultura y la espiritualidad.

 

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