Ejidos: el éxito potencial de la política agropecuaria en Puebla

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI, 2024) el estado de Puebla registró un Producto Interno Bruto (PIB), a precios reales, de 820 mil 789.745 millones de pesos en 2022, con una producción del sector agropecuario de 29 mil 556 millones de pesos. La tendencia de crecimiento del PIB de Puebla entre 2003 y 2022 fue de 2 por ciento, de manera sincrónica, la tasa de crecimiento promedio del sector agropecuario fue de 1.5 por ciento. Es importante señalar que, durante la pandemia, el sector agropecuario fue el único que registró crecimiento.

A nivel nacional la pobreza ha disminuido: entre 2018 y 2022 cayó en 16 por ciento. Lo mismo sucedió en la entidad poblana en esos años, según el INEGI, las personas en situación de pobreza disminuyeron 12 por ciento; en 13 por ciento la pobreza moderada y en 9 por ciento de la pobreza extrema; el total de pobres extremos en Puebla en 2022 fueron 765 mil 500 cuando en 2020 eran 844 mil 300.

Es interesante observar que el sector agropecuario reportó una importante recuperación durante la pandemia. Se infiere que, ante la situación de paro, un número considerable de personas se refugiaron en las actividades agropecuarias.

Esta dinámica es sincrónica con la implementación del programa “Sembrando Vida” que consiste en otorgar un ingreso de 6 mil pesos mensuales a las personas que siembren sus parcelas de hasta 2.5 hectáreas con árboles que reporten un beneficio económico y ambiental en el mediano y largo plazo. Las tierras incorporadas al programa han sido principalmente ejidales y comunales, la pequeña propiedad ha quedado en tercer lugar.

En Puebla hemos experimentado una disminución en la superficie de tierras ejidales atribuida a varios factores, entre los más importantes, el crecimiento de la urbanización. En coincidencia con el inicio de la operación del programa “Sembrando Vida”, se experimentó un incremento en la superficie ejidal, esto implica que tierras en régimen común fueron destinadas al régimen de propiedad ejidal para favorecer su tránsito por el programa. La tendencia se mantuvo durante la pandemia, derivado del regreso de una parte de la población al campo en ausencia de empleo en el sector secundario y de servicios. Sin embargo, a partir de 2022 la tendencia retomó su ritmo anterior.

Con la evidencia disponible, podemos decir que en Puebla el sector agropecuario ha mostrado ser un bastión para la autosuficiencia y que, en los momentos más críticos de la economía, se ha convertido en la única opción de supervivencia de numerosas familias en pobreza. Sin embargo, también nos muestra que en condiciones normales, es un sector castigado por la redistribución del ingreso y que una política de fortalecimiento al campo tiene un impacto benéfico para la sociedad. Al incidir positivamente al campo, se genera soberanía alimentaria y se impacta directamente en la calidad de vida de un amplio sector de la población que ha sido históricamente olvidado.

Los retos que enfrenta en la actualidad el campo poblano están principalmente relacionados con la generación de cadenas de valor que fortalezcan los ingresos de los productores locales, agilicen los canales de distribución y permitan que la producción del campo se transforme en bienes finales que puedan ser comerciados con un mayor beneficio económico para las unidades productivas.

Las condiciones del mercado actual imponen restricciones relacionadas principalmente con los volúmenes y continuidad del abastecimiento, estandarización de los productos y abatimiento de costos. Por ello se han colocado a las economías de escala como un eje central para la estrategia agropecuaria. En este sentido, la inercia del pensamiento neoliberal ha promovido una cruzada en contra del régimen de propiedad comunal y ejidal, al mismo tiempo que se critica la baja productividad de la pequeña propiedad, apuntalando de manera indirecta pero efectiva, la creación de latifundios basados en el régimen de monocultivo destinado a los grandes mercados, principalmente nacionales e internacionales. Esta dinámica resulta contraria a los intereses del grueso de los productores agropecuarios y carece de opciones para ellos.

La tendencia a dejar de lado el potencial organizativo de las unidades ejidales ha dado como resultado la pérdida de productividad, el empobrecimiento de los campesinos y la pérdida de soberanía alimentaria.

Consideramos que el impulso a la producción agropecuaria a partir de las unidades ejidales debe ser prioritario, considerando como fuente de su efectividad, el potencial de generación de economías de escala a través de:

  • Capacitación productiva: asignando un equipo de técnicos para la mejora de procesos productivos, técnicas de cultivo y transformación de bienes y servicios rurales; acompañados de instituciones de educación superior.
  • Capacitación organizativa: asignando un equipo de asesores en materia organizativa, económica y de mercado para los productores, con una perspectiva de la economía social y solidaria; en concordancia con instituciones de educación superior.
  • Planeación estratégica participativa de los cultivos: confluencia de instituciones públicas de educación superior, sector salud, economía y autoridades ejidales para el fomento de la producción de bienes estratégicos para fortalecer la soberanía alimentaria.
  • Dotación de medios colectivos para la producción, almacenamiento, transformación, transporte y venta de los productos agropecuarios: tecnificación del campo, otorgamiento de fertilizantes, unidades de almacenamiento agrícola, maquinaria para la transformación de productos primarios en productos finales e intermedios de alto valor agregado, creación de una red de transporte de productos agropecuarios y creación de mercados regionales.
  • Ampliación de las capacidades organizativas de los ejidatarios y comuneros en articulación con cooperativistas en régimen de pequeña propiedad, con quienes puedan consolidar redes de producción, capacitación, transformación, abasto y venta de sus productos.

Las condiciones generadas por el fortalecimiento de las unidades colectivas de gestión de la producción agropecuaria impactarán de manera inmediata en los mercados, mejorando las capacidades de negociación de precios, acceso al mercado de seguros agrícolas y acceso al mercado de bienes finales e intermedios.

 

 

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Referencias

 

INEGI (2024). Producto Interno Bruto por Entidad Federativa (PIBE). Año base 2018, Disponible en: https://www.inegi.org.mx/programas/pibent/2018/#tabulados

 

INEGI (2024). Población en situación de pobreza por entidad federativa según grado, 2018, 2020 y 2022. Disponible en: https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interactivos/?pxq=Hogares_Hogares_15_9954f9c6-9512-40c5-9cbf-1b2ce96283e4&idrt=54&opc=t

 

RAN (2024). Indicadores Básicos de la Propiedad Social. Series Estadísticas. Superficie Ejidal Registrada. Disponible en: http://www.ran.gob.mx/ran/indic_bps/2_SER.pdf