La medicina y el cielo

En la actualidad es una lástima que casi nunca dirijamos la vista hacia el cielo. Independientemente de que las razones de esta conducta se pueden explicar por la gran cantidad de absurdos que marcan nuestra cotidianidad, no es difícil imaginar que la especie humana, en sus primigenios orígenes, miró al cielo para buscar comprender lo que sucedía en el entorno, en un estado de contemplación que relacionaba muchos fenómenos naturales con lo que se podía percibir a través de los sentidos.

p-3El universo es misterioso y genera siempre una admiración que puede ser verdaderamente sublime o paradójicamente despreciada, cuando muy pocos jóvenes pueden describir hasta la constelación más simple.

Mi retina solamente puede percibir la luz que emanó de un astro que se encuentra a miles de años luz, lo que me plantea serias dudas sobre su existencia actual y entonces me cuestiono las razones de mi propia presencia en este mundo, que es apenas una mota de polvo en la galaxia que nos alberga. Surge una angustia existencial y en lo indefinible del tiempo, hurgo en la historia tratando de comprender qué es lo que marca la hermandad de los astros y la fraternidad de los hombres que nos antecedieron y quienes también se preguntaron, como yo, independientemente del tiempo y el espacio, quiénes somos y a dónde vamos.

Muchos astrónomos fueron médicos. En una vinculación del cielo y la enfermedad; se recurrió a los horóscopos para tratar de establecer los tiempos mejores optimizando el efecto de sangrías, purgantes, agentes vomitivos y administración de innumerables remedios que dieron lugar a descubrimientos ciertamente empíricos, pero de un valor que no podemos despreciar.

La luna y sus fases fueron relacionadas con los ciclos menstruales, por la similitud de días en los que la mujer esperaba la “regla” y la manifestación de las distintas etapas en las que nuestro satélite natural pasaba del “menguante” al “plenilunio”. Desde este punto de vista, no es raro imaginar que pudiesen deducirse infinidad de conceptos vinculados con la potencia sexual, las probabilidades de lograr un embarazo y por supuesto, los accidentes naturales como malformaciones congénitas que se asociaron y se seguirán ligando con la ahora comprensible existencia de eclipses o los sorpresivos disparos celestes de un cometa, una lluvia de estrellas o un fugaz asteroide ardiente que se atreva a cruzar la atmósfera, en el previsible fallecimiento de la incandescencia por fricción de algo tan impalpable como los gases que cubren nuestro planeta.

Pitágoras (540-479 antes de nuestra era), además de matemático y filósofo, fue médico. Un logro sorprendente de su genio lo constituye haber deducido que la Tierra era esférica. Planteó que giraba alrededor del sol con los planetas como un colectivo hermanado con la entonces desconocida fuerza de gravedad. Pero también describió una enfermedad conocida como “favismo”, que consiste en la producción deficiente de una enzima genéticamente determinada (glucosa 6 fosfato deshidrogenasa), provocando dolor abdominal, oscurecimiento de la orina, malestar general y vómito que suele ceder al dejar de consumir el alimento implicado (habas en la mayoría de los casos).

Otro médico astrónomo fue Nicolás Copérnico (1473-1543). Se dice que durante el día se encargaba de curar enfermos y por las noches estudiaba el cielo. Llegó a ser conocido como el Esculapio de los Labriegos y Menesterosos por su bondad hacia la gente humilde, cualidad ocultada de la historia por su deducción de que la Tierra giraba sobre su propio eje y al mismo tiempo alrededor del sol.

Galileo Galilei (1564-1642) también fue astrónomo, matemático, inventor y médico. Construyó el primer termómetro, además del péndulo y el telescopio. Vio montañas en la Luna y acertó al afirmar que existían manchas en el sol. Acusado de herejía, fue sometido a un juicio en el que, ante la amenaza de sufrir tortura hasta morir, se retractó de las teorías que con tantos afanes habían logrado, para morir exiliado, rodeado por sus más fieles alumnos.

Desgraciadamente el análisis del zodiaco y su utilización en medicina marcó un retroceso en el estudio de las enfermedades. Se demostró una relación estrecha entre el cuerpo humano y las estrellas. Tauro marcaba las enfermedades del cuello y garganta; Escorpio con los genitales; Capricornio con las rodillas y Piscis con los pies. Libra estaba vinculada a los intestinos; Aries a la cabeza; Sagitario a los músculos, para finalizar con Leo a los pulmones y al corazón.

Lo más increíble de esto es que en la actualidad existen creencias fieles y a prueba de toda duda de que los signos del zodiaco marcan la vida de la gente, cuando ya no digamos el público en general, sino los mismos astrólogos del siglo XXI, no ven hacia el cielo e ignoran los más básicos conceptos de la cosmología vigente.

Ahora ya sabemos que el universo se encuentra dinámicamente en un proceso de expansión. Se ha deducido que nuestro origen surgió a través de una gran explosión conocida como Big Bang hace unos 18 mil millones de años. La teoría de la evolución se ha convertido en un hecho comprobado desde el punto de vista físico, bioquímico y social. Ya podemos viajar al espacio inmediato y tenemos un contacto con la realidad que coincide puntualmente en las ideas de Galileo, quien estuvo a punto de perder la vida en una lucha imposible de vencer contra la intolerancia, la ignorancia, el fanatismo y la superstición.

Pero duele mucho que a pesar de todos los avances científicos que hemos alcanzado, sigamos siendo seducidos por muchas falsas ciencias, supercherías, engaños y trampas artificiosas que aceptamos por ignorancia y confort.

Sin embargo, hay algo. Una sensación de intensa relajación me lleva a entender que la noche clara de fulgurantes estrellas puede tener efectos terapéuticos inimaginables; de modo que estos días, rompiendo con los malos hábitos que me impone la civilización de hoy, me volveré astrólogo de mi destino y en un acto irreverente de sueños inalcanzables, miraré al cielo pensando en Pitágoras, Copérnico y Galileo, como los médicos astrónomos que encontraron en el cielo, algo más allá de la vida misma y la incertidumbre de lo que pasó o pasará, a todo lo largo del tiempo y el espacio sideral.

 

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