Los enemigos de la ciencia

El cuerpo de conocimientos sobre el mundo físico, denominado ciencia, es un producto social resultante del razonamiento humano. Dicho conocimiento se ha ido desarrollando y clasificando durante miles de años, gracias al esfuerzo, al trabajo y a la inteligencia de nuestros ancestros y de nosotros mismos.

Mucha gente hace referencia a la ciencia como si fuese un ser vivo, y en contraste considera a los científicos como seres irreales y superdotados, que se encuentran siempre metidos en sus laboratorios, enfundados en sus batas blancas, casi sin comer, sin dormir y sin hacer vida social. Pero la ciencia la hacemos o la podemos hacer todos diariamente, participando incluso sin querer, como un simple número en sus estadísticas de personas blancas o negras, sanas o enfermas, etcétera.

La ciencia ha ido elaborando —y con estas palabras automáticamente nos incluimos entre la gente arriba mencionada— sus propios métodos de crecer y reproducirse. ¡Y ya no tiene marcha atrás!, convivirá junto con el ser humano mientras éste exista y tenga la capacidad de pensar…, y en el futuro también convivirá (¿por qué no?) con inteligencia extraterrestre si es que algún día llegásemos a conectarnos y entendernos con ella, suponiendo en todo caso que nuestros conocimientos les sirvieran.

La ciencia también ha ido construyendo su propia filosofía, su propia psicología y su propia sociología, y hasta se ha adueñado de nuestras vidas, pues somos la llamada “sociedad del conocimiento”, como si nosotros fuésemos del conocimiento y no como si el conocimiento fuera nuestro. Así pues, varios pensadores han propuesto las ideas y los principios mediante los cuales deberían guiarse los científicos al hacer ciencia. Principios que, bien llevados, propiciaran avances y no retrocesos; principios que, bien aplicados, motivaran a los niños y jóvenes a seleccionar una disciplina científica como modo de vida y no a ver a la química, a la física y/o a las matemáticas como algo muy difícil de entender o como algo que sería mejor mantener alejado para siempre de sus vidas.

El amor, la pasión y el entusiasmo que los científicos sentimos por nuestra disciplina deberíamos trasmitirlos a las nuevas generaciones, ¿o es que quizá no tenemos esos sentimientos hacia ella? ¿O tan solo es que quizá ignoramos cuáles son esos principios básicos de la ciencia? Por si acaso, a continuación cito algunos de esos principios:

 

Las características de la ciencia

La ciencia (del latín scientia, que significa conocimiento) posee características o valores, entre los cuales se pueden mencionar (Bunge, 1999; Bunge, 2007; Díaz, 2006):

  1. La ciencia es fáctica: describe los hechos tal y como son.
  2. La ciencia trasciende los hechos: descarta hechos, produce nuevos hechos y los explica.
  3. La ciencia es analítica: intenta descubrir los elementos que componen cada totalidad, así como las interconexiones que explican su integración.
  4. La ciencia es especializada: es una consecuencia del enfoque analítico.
  5. La ciencia es clara y precisa: torna preciso lo que el sentido común conoce de manera confusa.
  6. La ciencia es empírica: la comprobación de las hipótesis implica la experiencia.
  7. La ciencia es metódica: la ciencia es planeada; los científicos saben lo que buscan y cómo encontrarlo.
  8. La ciencia es sistemática: el conocimiento científico es un sistema de ideas conectadas lógicamente entre sí.
  9. La ciencia es general: el científico intenta exponer los universales que se esconden en el seno de los propios singulares. Utiliza la generalización como medio para adentrarse en lo concreto.
  10. La ciencia es legal: busca leyes de la naturaleza o de la cultura y las aplica.
  11. La ciencia es explicativa: los científicos procuran responder por qué ocurren los hechos y cómo ocurren.
  12. La ciencia es predictiva: trasciende los hechos de experiencia imaginando cómo pudo haber sido el pasado y cómo podrá ser el futuro.
  13. La ciencia es abierta: no reconoce barreras que limiten el conocimiento.
  14. La ciencia es útil: busca la verdad y su utilidad es una consecuencia de su objetividad. En todo caso la utilidad del conocimiento sólo es una cuestión de tiempo, está en espera de que alguien lo utilice para desarrollar nuevos conocimientos y/o aplicaciones prácticas.
  15. La ciencia es comunicable: el conocimiento es expresable y por su carácter social… ¡la ciencia es de todos!

 

¿Quiénes son enemigos de la ciencia?

Aunque el origen del término no es nuestro (Ardila, 2005; Bruner y Acuña, 2004; Bruner y Acuña, 2006; Documentales Online, 2014), con base en los postulados anteriores definimos a un enemigo de la ciencia como aquella persona que voluntaria o involuntariamente se opone a su desarrollo.

Con tan basta definición podríamos incluir a muchos científicos, maestros, estudiantes, políticos y a nosotros mismos. Así que, para precisar un poco —y para que cada quien se anoté en el punto que le corresponda—, hacemos las siguientes reflexiones:

  1. Puesto que la ciencia es abierta, toda persona que dificulte, retrase o impida su difusión es un enemigo de la ciencia: aquí se podrían incluir investigadores que prohíben a sus estudiantes hablar de los temas de investigación que se encuentran desarrollando y también aquellos que prohíben a los graduados continuar con lo ahí aprendido.
  2. También lo es quien disfrace, acomode o invente sus resultados; aquellos que en el argot popular cucharean sus resultados. Aunque parezca increíble hay verdaderos fraudes científicos bien documentados, perpetrados por científicos altamente reconocidos.
  3. Es enemigo de la ciencia quien conscientemente desprecia información fiable, tan solo por el hecho de estar en tal o cual revista, porque la ciencia no es clasista, no discrimina y no es pedante.
  4. Pueden anotarse en este punto quienes no atiendan o no motiven a sus estudiantes y quienes no siembren en ellos el amor y la pasión por su tema de investigación y por la ciencia en general.
  5. No enriquece a la ciencia (y por tanto es su enemigo) quien voluntariamente o forzado por los mecanismos de evaluación del “sistema de recompensas al trabajo de investigación”, menosprecia a la divulgación de la ciencia, a la enseñanza de pregrado, a las revistas locales y a las no-indexadas. Con este hecho da la espalda a la sociedad, a quien en primera y última instancia, mantiene sus investigaciones y su salario, de la misma forma que financió su formación.
  6. Anótense aquí maestros e investigadores quienes en posición de jurado hayan evaluado parcialmente a un alumno, a un proyecto o un artículo que les haya sido encargado.
  7. Los alumnos tampoco están exentos de ser enemigos de la ciencia. Anótense aquí los que hacen sus trabajos con poco rigor y poco esmero, a última hora. Y los que prefieran memorizar sin comprender y copiar sin aprender.
  8. Si un alumno “cucharero” es nefasto para el desarrollo de la ciencia, lo es más un asesor que le corta las alas a su estudiante, que picado por el gusanillo de la curiosidad pretende hacer variaciones a las condiciones experimentales: “Moderar o balancear lo que se tiene y lo que se debe hacer es la solución entre el gusto y la necesidad al hacer investigación”.
  9. Es también enemigo de la ciencia el jefe inmediato superior que niega, retrasa o “pichicatea” los recursos, insumos o servicios para hacer investigación.

 

Conclusión

Debido a la naturaleza intrínseca del ser humano, la ciencia tiene amigos y enemigos; los hay de adentro y también de afuera; los hay cerca y de lejos, pobres y ricos, sabios e ignorantes. Los hay de dicho y los hay de hecho. La ciencia tiene verdaderos amigos entre los investigadores que financian su propia investigación y entre los estudiantes que sacrifican parte de su juventud al hacerla. ¿Y tú, investigador, estudiante, jefe, gobernante o ciudadano común, te quieres anotar entre los primeros o entre los segundos?

*aaron.perez@correo.buap.mx

 

Para saber más:

Ardila A. R. y Posada F. E.2005, La ciencia y los científicos: Una perspectiva psicológica. Medellín: Universidad de Antioquia, p. 5.

 

Bruner C. A. y Acuña L. 2004, The infuence of the enemies of sciences on the undergraduate students of UNAM. Revista Mexicana de psicología, 21(2), 143.

 

Bruner C. A. y Acuña L.2006, La influencia de los enemigos de la ciencia en la preparatoria. Revista Mexicana de psicología, 23(1), 27, Consultado en línea el 28 de agosto de 2014 en: <http://www.redalyc.org/pdf/2430/243020646004.pdf>

 

Bunge M.,1999, en Molina A. & Instituto Tecnológico de Santo Domingo. Ciencia, tecnología y sociedad: Selección de textos de quehacer científico I. Santo Domingo: INTEC, p. 17.

 

Bunge M. y Sacristán M.2007, La investigación científica: Su estrategia y su filosofía. México: Siglo XXI.

 

Documentales Online, 2014, Los enemigos de la Ciencia (Libertad Digital). Consultado en línea el 29 de agosto en: <http://www.documentales-online.com/los-enemigos-de-la-ciencia-libertad-digital/>

 

Díaz N. V. P. 2006, Metodología de la investigación científica y bioestadística para mé́dicos, odontólogos y estudiantes de ciencias de la salud. Santiago de Chile: Ril.