Reacciones en el cerebro

Hace ya un largo tiempo que no dedicábamos un número de SyC a la Química. Desde el número 2. Y aunque en varios números hemos incluido algunos textos sobre el tema, ya teníamos la presión de varios de nuestros colaboradores químicos  por sacar otro número dedicado a esta disciplina.

Y pretexto no hacía falta, la Química está en todos lados. En lo que respiramos, tocamos o ingerimos. El agua pura, el oxígeno o el plomo son sustancias químicas individuales, mientras que la sangre, la gasolina, la leche, los autos, el mismo aire que nos rodea, son mezclas de productos químicos, y así podríamos encontrar miles de ejemplos.

Los átomos individuales se combinan para producir los productos químicos. Todo aquello formado de átomos puede ser llamado un producto químico. Incluso el cuerpo humano tiene su fórmula química. El 99.99% está formado por 15 elementos (C, O, H, N, Ca, P, K, S, Na, Cl, Mg, Fe), mientras que el remanente está compuesto de otros 39 elementos químicos, desde el Au hasta el U. Sin embargo, es sorprendente que el costo de todos estos componentes en un individuo de 70 kg sea de aproximadamente 25 mil pesos.

Sin embargo, así como a los astrónomos no les cae muy bien que se les confunda con astrólogos, a los químicos les molesta y preocupa la manera incorrecta en que se usa el término “químicos” en todo tipo de productos, tanto en medios de comunicación como en el lenguaje cotidiano, ya que difunde la idea, también incorrecta, de que los productos químicos son dañinos, y degenera la imagen de la Química.

Muchos afirman que detrás de las enfermedades modernas están los productos químicos artificiales adicionados a la comida. Seguramente hemos escuchado que “antes” la comida era mejor, que no había tantas enfermedades: “seguro se debe a tanto químico que le ponen a todo”, dicen. Sin embargo, la creencia y el uso en este tono, de estos términos y otros tantos mencionados, es más general de lo que le gustaría a los químicos. Esta idea es tan absurda como pensar que el desarrollo científico y tecnológico es también responsable de calamidades como contaminación, sobrepoblación, cambio climático, pobreza y demás.

Es importante darse a la tarea de explicar que toda la materia está hecha de átomos y moléculas, es decir, de sustancias químicas, simples o complejas, de tal manera que cuando alguien nos mencione que antes los alimentos no contenían tantos “químicos” y que por lo tanto eran más saludables, podamos mostrarles que su afirmación no tiene mucho sentido, ya que incluso el agua, como ya mencionamos, es una sustancia química.

Las propiedades de un producto químico son independientes de la manera en que se produce. No todo producto natural es bueno, como las toxinas o venenos, mientras que los medicamentos sintetizados en un laboratorio no son malos.

Para terminar estaba tentado a repetir parte de la presentación de aquel ya famoso número 2 de SYC,  sobre la discusión permanente que tengo con mis amigos químicos sobre si la química o la física son mejores; luego de 50 números de SyC creo que es inútil, nunca entrarán en razón, y menos luego de ver el gran campo de acción de su disciplina, que tratamos de reflejar en los textos que componen este número.

Menos entrarán en razón cuando mencione que todos los autores involucrados en esta edición, y sus colaboradores, muestran un gran compromiso en investigación, docencia y divulgación, no solo de la Química, sino de la ciencia en general.

Lo cierto es que hay puntos comunes muy importantes entre la química y la astronomía, no solo debido a nuestros ancestros, astrólogos y los alquimistas, sino desde el origen del Universo, cuando se formaron los elementos más ligeros, y durante la evolución de las estrellas, dentro de las cuales se formaron todos los demás elementos.

Ahora, cuando mis amigos químicos me comentan que la sensación de enamoramiento es también, nada más y nada menos, que una cascada de reacciones químicas en nuestro cerebro, creo que no podré negar durante mucho más tiempo que la Química es una ciencia central. Esperamos que los textos generen este tipo de reacciones en el cerebro de nuestros lectores.

 

rmujica@inaoep.mx