Melatonina y luz

Hablar de la melatonina es referirse a una sustancia relacionada con el sueño, que a su vez representa en la esfera biológica un proceso verdaderamente fascinante. Una gran cantidad de investigaciones se llevan a cabo en la actualidad para descifrar los innumerables enigmas que rodean al proceso de dormir y sin embargo, como constante debemos aceptar que nuestros conocimientos son limitados, tanto en su origen como en sus funciones biológicas. No sabemos por qué dormimos y si bien hay innumerables teorías que tratan de explicar este delicioso proceso de la vida, existen más preguntas que respuestas ante estos misterios.

Indudablemente dormir representa un fenómeno que podemos describir como necesario, placentero, agradable y vital, aunque paradójicamente en la actualidad existe una franca tendencia orientada a la disminución del tiempo en el que dormimos, con un reflejo en la salud de un carácter insospechado, por las innumerables alteraciones que se pueden producir ante la escasez de descanso, principalmente nocturno. Desgraciadamente en la etapa de juventud es cuando estos trastornos tienen un mayor impacto y significativos efectos secundarios indeseables que dan como resultado una menor calidad de vida. Si a esto se le agregan hábitos como el consumo de café, alcohol, tabaco y sustancias psicotrópicas, es fácil deducir que hablando en términos de salud, enfrentamos un panorama muy complejo y sin una solución sencilla.

Por otro lado, al parecer las sociedades se han ido organizando para extender la duración de los días por medio de la luz artificial y si bien esto se puede relacionar directamente con el nivel de desarrollo, existe un fenómeno denominado contaminación lumínica que no sólo afecta desde el punto de vista social sino también tiene un impacto en factores biológicos, de los cuales apenas se van vislumbrando y desentrañando diversas patologías o enfermedades de un alcance insospechado.

La historia relacionada con el conocimiento actual del sueño se remonta a la primavera de 1915, cuando dos investigadores llamados Carey Pratt McCord y Floyd P. Allen hicieron un descubrimiento sorprendente. Cerca de la parte media del cerebro, se encuentra una pequeña estructura con la forma de una semilla de pino, de donde deriva el nombre de glándula Pineal. Imaginando que las hormonas producidas por este pequeño órgano tenían una influencia en el crecimiento y desarrollo, tuvieron la idea de aplicar extracto de esta glándula a renacuajos, descubriendo accidentalmente que el color oscuro que los caracterizaba, se perdía. Esta observación los llevó a concluir que existía un factor desconocido hasta ese momento, que inhibía la producción de pigmento en los animales.

Fueron necesarios más de 40 años para que el dermatólogo y bioquímico Aaron Bunsen Lerner (1920-2007), estudiando una enfermedad de la piel caracterizada por manchas blancas (Vitiligo), describió a la melatonina y propuso que se le adjudicara el nombre por su efecto sobre el pigmento melanina, palabra que proviene del griego melas que significa negro, e ina que quiere decir sustancia. De la misma etimología, propuso que las células que producen el pigmento se denominaran Melanocitos.

Posteriormente, en 1962 otro investigador llamado Richard Wurtman dedujo algo particularmente interesante: si extractos de glándula Pineal disminuían el peso de los ovarios y acortaban el estro (periodo de mayor fertilidad) en ratas; los Melanocitos al ser estimulados por la luz y producir una mayor cantidad de melanina, seguramente condicionarían que la exposición prolongada a rayos ultravioleta tendría un efecto sobre la melatonina. Expuso a roedores a una continua fuente de luz y encontró que en efecto, existe una relación directa entre el oscurecimiento y una mayor producción de Melatonina, con una vinculación especial en el proceso de inducción del sueño.

Muchas investigaciones han surgido desde entonces, demostrando una gran cantidad de repercusiones. La melatonina no solamente regula los ciclos biológicos de los días y las noches; también tiene efectos antioxidantes, brinda beneficios sobre el sistema inmunológico y en algunos tipos de cáncer, tiene efectos oncostáticos.

Una reflexión apenas superficial que evalúe las características de la sociedad que estamos formando, nos lleva a conclusiones terribles sobre nuestra naturaleza. Hemos violado los ciclos de luz y oscuridad con el abuso en la utilización de focos y luminarias durante la noche. La repercusión inmediata de estas acciones se refleja en una producción menor de melatonina y si pensamos en la gran cantidad de beneficios que tiene esta hormona, la inhibición en su elaboración debe tener un impacto en la salud. No dormir se asocia con malestar biológico y psicológico. Si somos producto de un proceso evolutivo de miles de años de evolución (los fósiles más antiguos de Homo sapiens tienen una antigüedad de casi 200 mil años), el alterar la duración de nuestros ciclos biológicos, alargando los días y acortando las noches, además de antinatural, rompe con nuestros más básicos instintos provocando cambios conductuales que pueden ir desde la depresión hasta la ansiedad.

Por eso, la cita del escritor británico William Shakespeare (1564-1616) adquiere, bajo esta óptica, un singular valor: “Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto”.

 

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