Anfibios vemos, extinciones no sabemos

El variado mosaico de ecosistemas que existe en nuestro país ha permitido que a lo largo de los años se genere una gran diversidad de especies, desde los microscópicos hongos hasta los grandes animales como los mamíferos. Esta variedad de especies ha colocado a México dentro de los países que albergan un gran porcentaje de la diversidad biológica existente en el planeta. Sin embargo, no todo es color de rosa, ya que en los últimos años el color ha cambiado, tornándose de rosa a gris y en algunos casos hasta negro y es que, gobiernos locales, nacionales e internacionales, asociaciones civiles, universidades e institutos de investigación han hecho un llamado de alerta ante las amenazas que hoy en día afectan a la biodiversidad. Fragmentación del hábitat, venta ilegal de las especies, introducción de especies exóticas, contaminación, cambio climático y enfermedades han puesto en riesgo a muchas de las especies. Un caso especial son los anfibios.

Ilustración: Diego Tomasini / Dibrujo

Ilustración: Diego Tomasini / Dibrujo

Las ranas, sapos y salamandras presentan ciclos de vida muy complejos, los cuales incluyen, en algunos casos, etapas larvarias dentro del agua y otras sobre la tierra; aunado a esto, su tipo de respiración a través de la piel o branquias los convierte en organismos altamente sensibles a los cambios en el ecosistema en donde habitan.

En la década de 1980 especialistas de diferentes partes del mundo comenzaron a notar variaciones en el tamaño de las poblaciones de anfibios. Costa Rica y Australia fueron los primeros en hacer notar estas variaciones, ya que en algunas poblaciones de anfibios de estos países se encontraron centenares de individuos muertos durante la época reproductiva y al año siguiente, estas especies estaban prácticamente extintas. Al principio, los investigadores argumentaron que probablemente este suceso se debía al cambio climático, el aumento de la temperatura en el planeta estaba poniendo en jaque a estos organismos. Sin embargo, esto no paró ahí, ya que se seguían registrando muertes de especies de anfibios en diferentes partes del mundo. Fue entonces que hasta finales del siglo pasado se propuso que el declive podía deberse a una enfermedad infecciosa causada por un tipo de hongo llamado zoosporangio, de la clase Chytridiomicota, encontrada en la piel de individuos muertos de dos especies de anfibios originarios de Centroamérica y Australia. Los descubridores de esto, describieron al hongo patógeno, al cual llamaron Batrachochytrium dendrobatidis. Una vez identificada una de las causas del declive de las poblaciones de anfibios, se realizaron muestreos exhaustivos para detectar en dónde se encontraba esta enfermedad, su presencia fue registrada en Australia, África, Norteamérica, Centroamérica y el Caribe. Lamentablemente, hoy en día, se tiene registrada la enfermedad en casi todo el mundo, en anfibios que habitan desde los desiertos hasta los bosques de alta de montaña.

El ciclo de infección inicia con la llegada de las zoosporas móviles que se alojan en la piel de los anfibios adultos y en las partes bucales de las larvas, ambas partes del cuerpo del anfibio contiene queratina, la cual es degradada por el hongo para obtener nutrientes. La enfermedad provocada por este hongo se conoce como quitridiomicosis y sus síntomas visibles son la hiperqueratinización, decoloración, ulceración y erosión del estrato córneo de la piel, inapetencia, posturas anormales y ausencia de comportamiento de escape, provocando la muerte de los organismos infectados.

Los primeros registros de quitridiomicosis en México datan de la década de 1980, cuando se observó una alta mortalidad de individuos de una especie de rana distribuidos desde Arizona hasta Sonora. Desde entonces diversas investigaciones con diferentes especies de anfibios de nuestro país han permitido registrar la presencia de la enfermedad en 13 de los 32 estados de la República Mexicana y que de las 376 especies de anfibios que tenemos, 50 se encuentran infectadas.

A pesar de los esfuerzos realizados, no solo en México, sino en todo el mundo, no se sabe con exactitud cuál será el rumbo de esta enfermedad; ante esto, en diversos momentos los especialistas se han preguntado: ¿Estaremos a tiempo para detener una extinción masiva de anfibios? Esperemos que sí, todo dependerá del esfuerzo e interés por conservarlos y de la generación de verdaderas estrategias que aseguren la permanencia de estas y muchas especies más.

 

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