Perder de vista cómo las estructuras sociales afectan la edad, la vejez y el envejecimiento

La vejez no es una etapa a la que se llega de pronto. Es resultado del curso de vida, que comienza con el nacimiento y concluye con la muerte. A lo largo del curso o ciclo de la vida se suceden una serie de etapas y experiencias. Todas relacionadas con la edad. La celebración del cumpleaños, la entrada o salida de la escuela, los 15 años, el noviazgo, el ingreso al trabajo, la boda, el nacimiento de los hijos, la jubilación, etcétera.

La edad no es una característica biológica, sino una construcción social. La que adquiere significado en una sociedad y circunstancia determinada. Por ejemplo, quién es reconocido como viejo en una sociedad cuya esperanza de vida al nacer es de 30 años.

La idea de que los tiachcas y huehues se crean a partir del curso de los años es cierto. Solo que la edad cambia con el tiempo. Hoy los viejos son aquellos que rebasan los 60 años, los mayores de 80 años son muy viejos y centenarios los mayores de 100 años. Pero, en 1930 era viejo quien alcanzaba los 40 años. La esperanza de vida al nacer era de 34 años.

Aunque muchos investigadores ponen énfasis en el curso de vida individual, es un proceso social, al que le impactan los cambios y transformaciones que se producen en la sociedad. Así por ejemplo quienes nacieron en 1960, y en 2020 entran a la etapa de la vejez, vivieron en un mundo de cambios radicales.

Son la generación que en parte conoce el desarrollo estabilizador. Pero, también son hijos de las crisis económicas de 1982, 1994, 2008 y la de la pandemia del coronavirus.

 

En 1960, cuántos son y dónde viven los tlaxcaltecas

 

Los resultados del censo de 1960 arrojan el dato de que la población de Tlaxcala es de 346 mil 699 personas. De las que 56 por ciento vive en localidades rurales y 44 por ciento en urbanas. En ese mismo año nacen 468 tlaxcaltecas —244 niños y 224 niñas. A los que se suman 4 mil 977 en el grupo de edad de uno a cuatro años.

Entre la población de 12 años y más, 17 mil 251 personas están casadas por lo civil, 7 mil 235 por la iglesia, 80 mil 156 por lo civil y religioso, en tanto que 14 mil 421 mantiene unión libre, 13 mil 857 viudos (as) y mil 108 divorciados legalmente.

Los 346 mil 699 tlaxcaltecas se integran en 64 mil 185 familias, de las que 48 por ciento tiene entre cinco y ocho miembros; 41 por ciento entre dos y cuatro miembros, 11 por ciento más de nueve miembros ¡seis de cada 10 familias tienen más de cuatro integrantes!

De las 65 mil 245 viviendas, 64 por ciento son de un solo cuarto, 24 por ciento dos cuartos y 7 por ciento tres cuartos. 28.73 por ciento con cuatro cuartos y más. 77 de las viviendas son de adobe. 86 por ciento de las viviendas carecen de agua dentro de la vivienda. 88 por ciento no cuenta con drenaje o albañal. 77 por ciento utiliza como combustible la leña o el carbón, 19 por ciento petróleo y 4 por ciento gas o electricidad.

De las 65 mil 245 viviendas, únicamente 4 mil 520 cuentan con radio y televisión, 101 sólo con televisión, 14 mil 107 con radio y 50 mil 269. ¡77 por ciento carecía de cualquiera de esos medios de comunicación!

 

En qué trabajan y cómo viven los tlaxcaltecas

 

De una población económicamente activa —12 años y más— de 109 mil 330 personas se encuentran ocupados 107 mil 600 y desocupados mil 730. En tanto que la población inactiva se ubica en los quehaceres domésticos el 68 por ciento y 15 son escolares, colegiales y estudiantes.

En qué se ocupa la PEA. 68 por ciento en la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca. Otro 17 por ciento en las industrias extractivas, de transformación, construcción y electricidad, 5 por ciento en el comercio, 2 por ciento en el transporte, 7 por ciento en servicios y el resto en actividades insuficientemente especificadas.

Por ocupación principal, 68 por ciento de las personas se ocupan en la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca. 18 por ciento se desempeña como obreros, artesanos y jornaleros en industrias extractivas u ocupados en el proceso de producción de bienes y servicio

De forma específica, 32 mil 615 son obreros, 27 mil 735 jornaleros de campo, 7 mil 069 empleados de cualquier categoría,. A los que se agregan que 21 mil 556 ejidatarios, 11 mil 169 agricultores, 7 mil 586 otros y mil 299 ayudan a la familia sin retribución.

 

La secular pobreza

 

Las características de alimentación y calzado muestran que 61 por ciento no come pan de trigo, mientras que 39 por ciento sí lo hacen. 58 por ciento no consumen carne, pescado, leche y huevo y 42 por ciento sí lo consumen.

36 por ciento de la población total andan descalza, 17 por ciento usa huaraches o sandalias y 42 por ciento usan zapatos. 42 por ciento de los niños mayores de seis años son analfabetos, destacándose que las mujeres representan el 57 por ciento.

La asistencia a instituciones de enseñanza profesional y subprofesional según grado de instrucción es de 495 personas —224 hombres/271 mujeres—; cinco en humanidades —3H/2M—; profesiones científicas —2H—; ingeniería civil, 34 —33H/1M—; agronomía 5 —4H/1M—; ingeniería, otras ramas 1H; química, 11 —8H/3M—; derecho, 33  —28H/5M—; economía, 2 —1H/1M—; profesiones sociales —4H—; profesiones administrativas 1H; medicina, 37 — 29H/8M—; profesiones asistenciales, 45 —1H, 44M—; enseñanza en general, 86 —39H/47M—; subprofesiones y trabajos especializados, 226 —70H/156M.

 

El curso de vida en la vejez

 

El mundo que conocieron quienes hoy son considerados como viejos o muy viejos cambió radicalmente. Porque las políticas de población de la década de los 70s, cuando ellos alcanzaron la edad fértil, los llevó a construir un imaginario de que la familia pequeña vive mejor.

Las familias se achicaron, pero también cambió la idea de que el matrimonio fuera una institución duradera. Hoy se registra un mayor número de divorcios, segundas y terceras uniones, lo que provoca un caos en la relación entre las generaciones.

El papel de la mujer se transformó drásticamente. Se incorporan masivamente a la educación y al trabajo. La mayor parte de estudiantes en la educación primaria, secundaria, media superior y superior son mujeres, incursionando en profesiones que hasta hace pocos años era territorio masculino.

Lo que tiene consecuencias en figuras tradicionales para el cuidado de los viejos: el Xocoyote, que es la responsabilidad otorgada al hijo menor o últimogenito, para que, a cambio de quedarse con la casa de los padres y recibirla como herencia, asuman la responsabilidad de cuidarlos hasta su fallecimiento.

La urbanización y sobre todo la transformación de los espacios de la vivienda hace que los multifamiliares y las casas del Infonavit no alcancen para mantener a los padres como parte del grupo doméstico.

El cambio de base económica, emprendida en la década de 1970, provoca muchos cambios en la ocupación y el empleo. El campo se redujo al distribuirlo como herencia entre los hijos y la industria de la transformación crece en la década de los 80 y 90, para que a fines del siglo XX y principios del XXI ceda su lugar a una economía de servicios.

 

Lo que no cambia

 

Lo que no cambia es la secular pobreza. Según datos del Coneval, para 2018, 48.3 por ciento de la población se encuentra en situación de pobreza; 45.3 por ciento, en pobreza moderada, y 3.1 por ciento, en pobreza extrema. Lo que significa que 627 mil personas son pobres y 75 pobres extremos. De ahí que no es gratuito que casi la totalidad de la generación reciba la pensión universal.

Esta generación llega a la vejez sin recursos porque no cuenta con seguridad social. Pero, también sin el cobijo de la familia extensa que ha reducido y modificado su composición. El curso de vida de una persona no es un proceso individual sino resultado de los contextos económicos, políticos, sociales y culturales contemporáneos.

Como apuntan Angel y Settersten (2014), el fuerte enfoque en los factores individuales asociados con el envejecimiento conlleva el riesgo de perder de vista cómo las estructuras sociales afectan y se ven afectadas por el envejecimiento.

 

 

Angel J. & Settersten, R. (2014) The New Realities of Aging: Social and Economic Contexts en: Waite L. & Plewes, T., Editors (2014) New directions in the sociology of aging, NRC, Wachington, D.C. pp. 95- 119

 

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