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Lectura y salud mental

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Una de las preocupaciones más elementales, hablando de la salud, constituye el hecho de conservar, el mayor tiempo posible, las funciones cognitivas en una forma íntegra. Habrá quienes no lo consideren como algo determinante. Se habla mucho sobre el efecto benéfico que tiene la lectura en la salud mental, pero a final de cuentas, analizando los fenómenos que rodean nuestra existencia, esto podría entrecomillarse, por una serie de factores que no son difíciles de descubrir visualizando superficialmente lo que sucede en nuestro entorno.

Hace algunos años tuve la oportunidad de conocer a un alfabetizador extraordinario (cuyo nombre omito por discreción, pero a quien felicito anónimamente por su extraordinaria labor) y le pregunté si con base en su experiencia podría afirmar que el analfabetismo pudiese considerarse una enfermedad. Sorprendentemente, en una forma categórica y rápida me respondió que no. Considerando su práctica y después de haber conocido a muchos individuos que no sabían leer ni escribir, también había percibido que podían vivir y desenvolverse en el mundo en una forma realmente satisfactoria independientemente de la condición de analfabetismo que tenían.

Efectivamente, cada persona va acumulando a lo largo de su vida una sabiduría empírica que además de valiosa, puede ser más clara, original, lúcida y evidente, que aquel conocimiento que nosotros, individuos urbanos y contaminados, buscamos insaciablemente descubrir a través de la lectura.

Pero la conclusión de la plática dio un giro cuando me hizo comprender que el verdadero peligro y la verdadera enfermedad estaban constituidos por el “analfabetismo funcional”, es decir, aquel que hace referencia a individuos que, a pesar de tener estudios, no leen. Entonces, como un relámpago, nos vino a la mente la imagen del señor Vicente Fox y su esposa Marta, quienes en innumerables ocasiones nos han demostrado que, en su vida, no han leído un libro completo y, sin embargo, estuvieron en la cúspide del poder de nuestro país, ocupando la presidencia de la República.

Fue risible y vergonzoso, en su momento, el día en el que este sujeto confundió a Jorge Luis Borges (1899-1986), denominándolo como Borgues, nada más y nada menos que en la inauguración del II Congreso Internacional de la Lengua Española en Valladolid, el 16 de octubre de 2001; y su esposa Martha Sahagún, a Rabindranath Tagore (1861-1941), cuando el 25 de agosto de 2005, entregando el premio a La Mujer del Año, no solamente le cambió el nombre sino también el sexo a este extraordinario poeta hindú, llamándolo Rabinagrand Tagora (sic).

Ahora bien, constituye un motivo de análisis si estos aspectos podrían hablarnos de un proceso patológico y fácilmente nos podremos dar cuenta de que la ignorancia vinculada al poder genera invariablemente ambiciones materiales, insensibilizando y deshumanizando, formando una deplorable concepción de la igualdad biológica y social.

Un buen número de empresarios y políticos son así. Ignorantes, insensibles, arrogantes, soberbios e inhumanos. Lejos de buscar el bienestar de sus empleados o subordinados, en una perversa y cruel visión de lo que es un negocio, se dedican a la explotación en una dinámica absurda que busca riqueza en el mínimo tiempo, a un costo social de consecuencias inimaginables. Entonces, lo que pudo en su momento ser gracioso por la pareja presidencial, se torna preocupante, sobre todo en un país como el nuestro, donde el bajo índice de lectura provoca que se acepte la condición de ignorancia en función de la imagen política enmascarada por un supuesto equilibrio económico que nosotros, los de abajo, no percibimos en lo absoluto.

Felipe Calderón Hinojosa no podría encuadrarse en este modelo de analfabetismo funcional, aunque habría que preguntarle cuántos libros han marcado un hito en su historia de vida; pero en su autodenominación de “candidato del empleo” se expresó en su búsqueda por generar trabajo para las mayorías, manejando un doble lenguaje perverso y malicioso; en primer lugar, porque representó un nepotismo acendrado y poco divulgado. Su esposa Margarita Zavala tuvo una diputación plurinominal, lo que implicó estar en un cargo político sin el voto popular. No es necesario describir lo que sucedió después cuando buscó la presidencia de México. Su cuñado, Juan Ignacio Zavala fue director de información de la presidencia y vocero del partido Acción Nacional (PAN). Su hermana Luisa María de Guadalupe fue senadora, también plurinominal y fue diputada en Michoacán. Su hermano Juan Luis también ha sido diputado y cuando Felipe Calderón fue secretario de energía, trabajó en la Comisión Nacional del Agua, dejando el cargo para, inmediatamente ser reubicado en el ayuntamiento de Morelia como responsable del Organismo Operador del Agua Potable y Saneamiento.

Los poblanos conocemos bien el papel de su primo Gabriel Hinojosa, que no deja de ser cuestionado por su actuación como ex alcalde y su hermana, Guadalupe Hinojosa, quien, como funcionaria del Instituto Nacional de Migración en Puebla, condicionó que se convirtieran en individuos inmensamente ricos.

En estos momentos, si bien pensamos que no hubiese sido posible que México estuviese gobernado por un sujeto tan malo como Vicente Fox, jamás pudimos ni siquiera soñar en su momento a Enrique Peña Nieto, quien es otro analfabeta funcional y quien también llegó a la presidencia de la República, como haya sido.

El verdadero problema de nuestros tiempos se basa en la gente que apoya a estos individuos. Empresarios iletrados y sin escrúpulos que efectivamente buscarán la generación de empleos, pero bajo un régimen de abuso y bajos sueldos que ya podemos percibir con claridad. He aquí por qué sería extremadamente delicado votar por esta opción, pues argumentan que habría trabajo, pero esconden que sería muy mal pagado.

Se habla en el ámbito del conocimiento neurológico de la “reserva cognitiva”, que es la calidad y cantidad de, nuestro digamos, mobiliario intelectual; sin embargo, conservar una adecuada persistencia de la memoria y la capacidad de análisis cognitivo, va mucho más allá de la lectura; aunque definitivamente como ha sido demostrado a través de innumerables estudios sobre la función del cerebro, el ejercicio cotidiano de activar nuestras interconexiones neuronales por actividades como leer, puede tener efectos sorprendentes en la medida en la que el tiempo transcurre.

Hay muchos factores que determinarán la salud de nuestra mente y nuestro cerebro. Evidentemente las enfermedades crónicas y degenerativas marcarán factores de riesgo determinantes que contribuirán a nuestras condiciones neurológicas futuras; pero es innegable que al margen de los buenos hábitos como comer bien y hacer ejercicio, deben de acompañarse de actividades que impulsen pensamientos de alta calidad humana. Muchas cosas pueden ser útiles, como escuchar música, adentrarse en el perfil inmaterial del arte literario como en la poesía, la pintura, la escultura o cualquier manifestación de orden estético; la admiración detenida de la naturaleza o incluso, la meditación.

Sorprendentemente, todo es válido. Tal vez, lo único criticable sería dejarse llevar por las rutinas y repeticiones de actividades cotidianas que hacen de la vida algo aburrido y monótono. Si la naturaleza nos dotó de un cerebro evolutivamente distinto al de otras especies, simplemente hay que usarlo durante toda la vida. Esto va a generar efectos sorprendentes que, a la larga, no tendrán un precio ni una valoración que se ajuste a la realidad.

 

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