· Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo” *
Existen besos amorosos, como los de mamá o papá, o como los de nuestros abuelos; esos besos tiernos que nos hacen recordar algunos de los momentos más hermosos de nuestra vida; besos efusivos como los de los tíos o tías que acompañan palabras maravillosas y llenas de amor que forman parte esencial del desarrollo integro de una persona; el amor es indispensable para nuestra formación a lo largo de nuestro desarrollo. Existen también los besos de esas personas que amamos y cuyos besos nos hacen estremecer de esa manera silenciosa que, en palabras de la gran Gabriela Mistral: “Hay besos que producen desvarío de amorosa pasión ardiente y loca…” En otra parte de ese maravilloso poema, titulado Besos, nos dice: “Hay besos problemáticos que encierran una clave que nadie ha descifrado, hay besos que engendran la tragedia…”
Por otro lado, si nos enfocamos en la naturaleza, nos encontramos con algunos organismos que de manera coloquial conocemos como chinches, maravillosos insectos que nos han hecho sufrir con sus besos, pero también nos han alentado a plantearnos preguntas, que desde la ciencia poco a poco van teniendo luz con respuestas que muchas veces nos hacen temblar. Las chinches besuconas, a las que la ciencia ha clasificado dentro de la subfamilia Triatominae en la que se incluyen al menos 14 géneros de importancia médica y destacan Triatoma, Rhodnius, Pastrongylus y Hospesneotomae; cabe mencionar que los científicos continúan con las investigaciones y clasificación de estos hermosos insectos, por lo que al momento de la redacción de esta columna, querido lector, podemos destacar los géneros antes mencionados. Estas chinches son hematófagas, lo que quiere decir que se alimentan de sangre y en algunos casos, solo si la chinche está infectada, puede transmitir un parásito del género Trypano-soma, el cual causa una enfermedad llamada Mal de Chagas. Existen muchas preguntas en torno a esta enfermedad y a los vectores biológicos, por eso nos acercamos a una científica experta para que nos compartiera información y nos ayudara a responder algunas de las dudas sobre tan importante tema. Ella es nuestra carnalita Karina Diaz Marin, bióloga y maestra en Ciencias por parte de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y que ha dedicado su vida académica al estudio de estos vectores biológicos; nos contó que pueden existir diferentes formas de transmisión, una que puede ser directamente en contacto con el vector; es decir, la chinche. Una picadura de la chinche y a su vez el contacto con las excretas de esta, ya que cuando la chinche termina de alimentarse defeca cerca de la picadura y cuando nos rascamos las heces pueden entrar en contacto con la herida y el parásito puede ingresar de esta manera a nuestro cuerpo. Por otro lado, también existe una forma de transmisión por consumo del excremento en los alimentos, también puede haber contagio de madre a hijo o por transfusión sanguínea o trasplante de órganos. Como nota importante diremos que hay personas infectadas que presentan síntomas de la enfermedad y otras, no. Muchas veces y cuando vemos en un mapa los lugares en donde se presenta el mayor número de casos de personas infectadas (se calcula que en el mundo hay de 7 a 8 millones de personas infectadas), en Puebla se estiman más de 983 casos, y un dato interesante es que de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública, 88 por ciento de la población en México hemos estado expuestos al vector, pero aun así pensamos: ¡estamos lejos!, ¡es una enfermedad de personas en pobreza extrema o simplemente de comunidades rurales!; sin embargo, podemos estar más cerca de lo que podemos creer y por ello es importante siempre estar informados para saber qué hacer y cómo evitar infectarnos. Es importante saber que en México se distribuyen 35 especies de las cuales cinco habitan en el estado de Puebla.
Podemos concluir que, en este como en muchos casos, al ser una enfermedad asociada a la pobreza y estigmatizada en la falta de salubridad del espacio habitacional, muchas veces las personas ocultan haber visto a una chinche, situación que limita el reconocimiento de las posibles zonas de distribución de los vectores y de los protocolos de acción. En palabras de nuestra entrevistada, “El conocimiento es el mejor aliado para tejer redes dentro de la comunidad…” Por lo anterior, te invitamos a fortalecer las redes y a conocer más sobre las chinches besuconas (triatominos), y a formar parte de programas de conservación; pensemos en esto, ecosistemas sanos albergan especies de peces, insectos, anfibios, aves y mamíferos que no solo nos ayuda a controlar plagas sino que hay que recordar que estos son importantes polinizadores, dispersores de semillas y parte de la cadena alimenticia, y si esto no es suficiente, la enfermedad de Chagas (descubierta en 1909 por el investigador brasileño Carlos Chagas, quien describió y dio a conocer al parásito Trypanosoma cruzy, dedicando la especie a su mentor Oswaldo Cruz), es exclusiva de mamíferos; por lo tanto, podríamos decir que ecosistemas sanos igual a poblaciones humanas sanas, y las poblaciones humanas sanas van a presentar mayores oportunidades de desarrollo y crecimiento. No cabe duda de que este es un ejemplo más y un nuevo llamado a la conservación de nuestros ecosistemas y a conocer más sobre la maravillosa naturaleza que nos rodea. Dejemos que la naturaleza nos sorprenda con un beso, de esos de madre sabía.
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