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Dependencia alimentaria

Actualmente México produce dos terceras partes de lo que consume, cuando hace apenas tres quinquenios eran tres cuartas partes: la tasa de crecimiento de la generación de bienes y productos (PIB) ha sido casi tres veces menor a la de las importaciones. Si lo importado fuese principalmente maquinaria y equipo o insumos y hubiera valor agregado añadido, integración de procesos productivos, incremento de productividad y de los salarios contractuales, habría notables incrementos en el consumo y en el PIB per cápita. No ha sido así, la tasa de crecimiento de la importación de bienes de consumo final fue de 6.5 por ciento en los años 2009-2025, en tanto que la de importación de maquinaria y equipo fue de 4.1 por ciento, y la del PIB de 1.8 por ciento (Inegi. Sistema de Cuentas Nacionales de México). Si el dinamismo de la oferta global lo generan las importaciones, la producción nativa se anquilosa, la oferta de trabajo disminuye, los precios son muy sensibles a la relación cambiaria y se profundizan las dependencias tecnológicas, financieras y alimentarias.

El crecimiento económico mundial se ha ralentizado: en el último cuarto del siglo anterior fue de 3.1 por ciento; en el primer cuarto de este siglo, de 2.9 por ciento.  Los países que registraron tasas de crecimiento anual del PIB superiores a 6 por ciento en el primer periodo citado fueron China, Corea del Sur, Tailandia y Hong Kong; situación diferente a la de México y Estados Unidos (EEUU), que tuvieron 3.6 y 3.3 por ciento respectivamente. En los primeros 25 años de este siglo, nuevamente países asiáticos liderearon el crecimiento con tasas superiores a 3 por ciento (China, Vietnam, Indonesia, Corea del Sur y Tailandia), en tanto que México y EEUU tuvieron tasas de 1.4 y 2.1 por ciento respectivamente.

Para venderle a EEUU cuatro quintas partes de las exportaciones de bienes a precios competitivos, importamos donde las productividades son más altas y los costos unitarios más bajos, y son los países asiáticos ya mencionados los que tienen esas características, y es con ellos con quienes tenemos enormes déficits comerciales; les compramos dos quintas partes de las importaciones y solo les exportamos la vigésima parte del total de bienes vendidos al exterior. Durante la vigencia de los tratados comerciales de México con EEUU, que en dos meses cumplirá 33 años, el déficit de la balanza comercial de México ha sido (hasta junio de este año), de194 mil 459.9 millones de dólares (md). En este siglo, el saldo promedio anual de la balanza comercial fue, en md, el siguiente: en la gestión de Vicente Fox, de -7 mil 639.7 ; en la de Felipe Calderón, -6 mil 429.8; en la de Enrique Peña Nieto, -9 mil 441.4; en la de Andrés Manuel López, de -5 mil 902.5 y en el primer año de Claudia Sheinbaum, de 988.8.

La libre y expansiva importación de bienes de consumo intermedio y final en los años 2000–2025 destruyó la planta industrial, principalmente la minería, la industria química y metálica, la producción de derivados del petróleo y equipo de cómputo y, recientemente (2019–2025), la fabricación de productos metálicos y no metálicos. La producción de alimentos también fue afectada por la irrestricta movilidad de los bienes y servicios: en los últimos siete años, las actividades primarias (agricultura, ganadería, productos forestales, caza y pesca) y la producción de alimentos, bebidas y tabaco crecieron a una tasa media anual de 1 por ciento, insuficiente para solventar el abatido consumo final, que creció 1.5 por ciento al año y, en lo particular, el consumo humano de alimentos, que creció a una tasa media anual de 1.6 por ciento. La insuficiente oferta de alimentos se compensó comprando en el extranjero y la importación de bienes agropecuarios y agroalimentarios creció a una tasa media anual de 9 por ciento, cuando en los años 2000–2018 fue de 3.5 por ciento.

El PIB agrícola tuvo una pronunciada contracción económica en los años 2019–2025; su tasa de crecimiento medio anual fue de 0.4 por ciento: registró decremento en la producción de granos básicos, oleaginosas, forrajes, horticultura, cultivos industriales (agave, café cereza, cacao, caña de azúcar, copra), cebada grano, garbanzo y sorgo grano; en cambio, en la producción de frutas (aguacate, limón, mango, manzana, piña, plátano, papaya, uva y naranja), plantas ornamentales(crisantemo, rosa y gladiola) y maguey pulquero tuvo tasas de crecimiento positivas. El decremento de la producción agrícola fue concomitante al aumento de las tasas de crecimiento de las importaciones agrícolas y de la dependencia alimentaria (relación de la importación vs la oferta global del mismo bien, multiplicada por 100): los ocho principales cultivos (arroz, frijol, maíz, trigo, algodón  semilla, soya, cebada y sorgo grano) registraron, en los años mencionados, las siguientes variaciones porcentuales anuales, en producción, -3.1; en superficie sembrada, -1.34; en importaciones, 5.1 y la dependencia alimentaria en promedio para ese periodo fue de 41por ciento. (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. SIAP)

Comparada la superficie sembrada con cultivos cíclicos en 2025 con la existente cuando inició el TLCAN, la pérdida ha sido de un millón 804 mil 701 ha; en cambio, los cultivos perennes se siembran 2 millones 733 mil 234 ha más. Esta situación era esperada, la mayor parte de los cultivos cíclicos mexicanos (granos básicos, oleaginosas, forrajeras, cultivos industriales) son competitivos con los de EEUU, que tienen mayores rendimientos, mayores subsidios por unidad producida, menores costos de producción y una política pública que favorece su producción, distribución y exportación; en cambio, las hortalizas, plantas ornamentales y frutas frescas son contracíclicas, complementan la oferta de EEUU y se esperaba una ampliación de sus sembradíos en territorio nacional y mayores volúmenes de exportación.

La producción pecuaria creció a una tasa media anual de 2.6 en los años 2019–2025, casi el doble de la tasa respectiva de los años 2000–2018. La producción anual de bovino, porcino y avícola creció a tasas de 2.2, 4.8 y 3.1 por ciento respectivamente; no obstante, el consumo aparente de esos productos creció a tasas superiores y las tasas anuales de crecimiento respectivas de las importaciones de esos productos fue de 11.6, 9.6 y 5.7 por ciento. La producción de leche, huevo y pescado crecieron a tasas más altas que las del consumo aparente. La producción pecuaria actual por persona es 31 por ciento más alta que el promedio anual de la gestión de Felipe Calderón Hinojosa y, salvo en la producción caprina, los promedios de la producción por persona de bovino, porcino, ovino, avícola, huevo y leche son más altos ahora.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO), hay una tendencia a suplir las proteínas de origen vegetal por las proteínas de origen animal: en 1980, las proteínas del huevo, pollo y leche representaban un sexto del total de proteínas consumidos por las personas en México; en 2023, era un tercio del total. Entre 2018 y 2023, el consumo humano de proteínas de origen animal aumentó 8.6 por ciento, en tanto que las de origen vegetal lo hicieron en 0.2 por ciento; en esos mismos años, las proteínas del consumo de cerdo crecieron 19.3 por ciento, las vísceras comestibles en 7.2 por ciento y las de bovino en 3.3 por ciento; comportamiento diferente tuvo el consumo de proteínas de maíz, que creció 3.6 por ciento, el del trigo en 3.9 por ciento y el del frijol, que decreció en 17.9 por ciento.

Las importaciones pecuarias y apícolas, así como las agroalimentarias, crecieron en 2019–2025 a tasas medias anuales muy superiores a las de 2010–2018; sin embargo, sus saldos comerciales son positivos. En el caso de las actividades agrícolas, el saldo de la balanza de granos básicos es negativa y fue de -104 mil 148 md entre 1994 y 2024; sin embargo, el saldo total de las actividades agropecuarias fue positivo y sumó 10.1 md en esos años.

La producción media anual por persona de granos básicos (maíz, frijol, trigo y arroz) entre los años 2018–2024, estimada por medias móviles trianuales, fue de -2.0 por ciento y la de oleaginosas (soya, ajonjolí, algodón hueso y cártamo) de -6.9 por ciento. Esa decreciente generación de alimentos intensificó su importación, aumento el déficit comercial y generó mayores dependencias alimentarias, que para el caso de los 10 principales cultivos fue de 51 por ciento en 2026.

Los granos básicos nos aportan 33.8 por ciento del consumo de proteínas; 41.5 por ciento de la energía, 9.3 por ciento del consumo de grasas y 22.6 por ciento del consumo de alimentos. Se ha promovido aumentar la superficie sembrada de estos granos, así como su producción; sin embargo, los esfuerzos no han sido suficientes, como tampoco lo han sido regular su importación y establecer aranceles fuera de cuotas de importación; la soberanía, además de energética, debe ser alimentaria.

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