Esta discusión viene desde los mercantilistas en el siglo XVI y XVII en Europa, que estaban por políticas proteccionistas frente a importaciones para proteger la producción y el empleo nacional y en consecuencia impulsar su crecimiento económico. Ello fue cuestionado en el siglo XIX, entre otros por Adam Smith y David Ricardo, que estaban a favor del libre comercio para reducir costos a través de importaciones y así dinamizar las economías. David Ricardo planteaba que si cada país se especializaba en aquellos productos donde tuviera ventajas comparativas frente a los otros países, podría incrementar exportaciones e importar de los demás países los bienes donde no tuviera ventajas comparativas, y adquiriría dichos bienes a bajo costo, dada la ventaja comparativa de los demás y así todos saldrían beneficiados. El libre cambio fue dejado a fines del siglo XVIII en Estados Unidos por Alexander Hamiton, que fue el primer secretario del Tesoro en dicho país, bajo el mandato de George Washington, e instrumentó políticas proteccionistas para el desarrollo industrial. De hecho, la industrialización, tanto de EUA como de Europa, se logró gracias a políticas proteccionistas. Y han sido las políticas de libre comercio, que eliminan los aranceles a las importaciones, lo que ha llevado a la desindustrialización de los países. La industria manufacturera en Estados Unidos (EUA) en la década de los años ochenta del siglo pasado era 20 por ciento del Producto Interno Bruto y hoy en día es 10 por ciento; de ahí que Donald Trump, en su primer período de gobierno, en 2017, instrumentó políticas arancelarias a las importaciones para favorecer a la industria de su país para retomar el crecimiento económico y la generación de empleo. En su segundo mandato ha acentuado la política proteccionista arancelaria y sin embargo no ha logrado reducir el déficit de comercio exterior ni dinamizar su industria manufacturera y su economía, debido a que se requiere de política industrial que acompañe a los aranceles para promover la inversión en el sector manufacturero y avanzar en la sustitución de importaciones. Es decir, se requiere de bajas tasas de interés para abaratar el crédito y la inversión, así como subsidios a la inversión productiva, como expansión del gasto público y del empleo para aumentar demanda y así generar condiciones de rentabilidad que estimule el crecimiento de la inversión en la sustitución de importaciones. Ello debe ir acompañado de un tipo de cambio competitivo que encarezca importaciones, para así configurar ganancias en la producción nacional para que se incremente la inversión y nada de ello se ha instrumentado en EUA. De ahí que siguen creciendo más las importaciones y el déficit de comercio exterior y su bajo crecimiento económico, no logrando los objetivos buscados. El gobierno de EUA usa los aranceles a las importaciones no solo como herramienta económica, sino también geopolítica. Les pone aranceles a los países que compren petróleo de Rusia y de Irán, así como a los que no utilicen el dólar en sus transacciones comerciales y financieras; a los países que no imponen aranceles a las importaciones provenientes de China, como a los que no lo apoyen a EUA en su afán expansionista. El problema es que no hay países que cuestionen al gobierno estadounidense más allá de China, Rusia e Irán.
China defiende el libre comercio y el multilateralismo debido a que ha ganado con ello, dados sus altos niveles de productividad y competitividad.
En el libre comercio ganan los países y empresas que tienen una productividad por arriba de la media internacional, lo que ha favorecido a China; de ahí el gran crecimiento de sus exportaciones, de su industria y de su economía. Se ha convertido en el principal socio comercial o segundo de todos los países, lo que le ha permitido tener superávit de comercio exterior y el resto de los países tienen déficit de comercio exterior y han enfrentado procesos de desindustrialización, menos empleo formal, bajos salarios, menor crecimiento económico y altos niveles de endeudamiento para poder financiar su déficit externo, lo que los ha colocado en una situación de alta fragilidad y vulnerabilidad. A pesar de ello, no hay cuestionamiento de muchos países a las políticas de libre comercio.
Si la principal economía del mundo, que es EUA, ha venido instrumentando políticas proteccionistas para retomar su desarrollo industrial y reducir el déficit de comercio exterior, es para que el resto de los países que enfrentan déficit de comercio exterior y menor crecimiento económico y alto desempleo y subempleo instrumenten políticas que estimulen la inversión productiva a través de aranceles a las importaciones, bajas tasas de interés, subsidios, incremento del gasto público y tipo de cambio competitivo. De no proceder así, seguirán desindustrializándose, afectando también a su sector agrícola, como la generación de empleo, viendo incrementado su déficit de comercio exterior, como sus niveles de endeudamiento, menor crecimiento económico, perdiendo en el libre comercio.
Las políticas proteccionistas se van a generalizar en los países que enfrentan bajo crecimiento, alto desempleo, altos niveles de endeudamiento y problemas de pago de la deuda. Al no seguir recibiendo flujos de capital para financiar el déficit externo, estarán obligados a tener que reducir el déficit de comercio exterior, para lo cual tendrán que impulsar la sustitución de importaciones, lo que requiere de política proteccionista, como condiciones financieras y de rentabilidad en el sector productivo para que la inversión crezca.
México sigue defendiendo el T–MEC, lo que se inserta en el libre comercio, y si bien tiene superávit de comercio exterior con EUA, este es más que contrarrestado con el déficit de comercio que México tiene con China, con los países del Sudeste de Asia, como con Europa. Las empresas trasnacionales ubicadas en México que exportan a EUA se abastecen de insumos provenientes de China y Asia, aprovechan la baratura de mano de obra de México y la ventaja de localización, de ser vecinos del principal mercado del mundo. Ellas ganan, pero no el país, dado que lo que exportan tiene un bajo valor agregado nacional, por lo que no se genera efecto multiplicador interno a favor de la producción nacional y del empleo formal.
En consecuencia, el T–MEC no se ha traducido en mayor desarrollo industrial. Hemos perdido la autosuficiencia alimentaria en granos básicos, lo que refleja que no tenemos competitividad para hacer frente a importaciones. El libre comercio ha ido acompañado por la apreciación de la moneda nacional, el llamado peso fuerte y dólar barato, lo que ha permitido a los gobiernos bajar la inflación con importaciones baratas, a costa de desplazar a la producción nacional, de aumentar el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales para financiarlo. La economía ha caído en un círculo vicioso, debido a que para promover entrada de capitales para mantener el libre comercio y el déficit de comercio exterior que ello genera, se tienen que establecer altas tasas de interés, austeridad fiscal y tipo de cambio apreciado, todo lo cual actúa en detrimento de la producción nacional y continúa el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales.
A México le ha resultado muy caro mantener el libre comercio, como la entrada de capitales para apreciar el tipo de cambio, debido a que se ha dejado de tener políticas económicas a favor del crecimiento. No se presentan perspectivas de que ello vaya a cambiar. Siguen las negociaciones del T–MEC, donde ahora son bilaterales y seguirán anuales, entre EUA y México, donde el país poderoso impone las reglas de juego a su favor y México se subordina a ello, por lo que la economía nacional seguirá de mal en peor. Además, el libre comercio y la libre movilidad de capitales impiden instrumentar política económica a favor del desarrollo productivo para avanzar en la sustitución de importaciones para reducir el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales. Solo a través de políticas proteccionistas y regulación del capital, se podrá instrumentar políticas a favor del crecimiento productivo y del empleo.