Galle, Le Verrier, Lassell, Arago y Adams son, desde la parte más interna a la más externa, los nombres de los anillos de Neptuno. Son, también, los apellidos de los principales astrónomos y matemáticos involucrados en el descubrimiento de Neptuno. Y aunque Georges Airy también fue un personaje crucial, no hay un anillo nombrado en su honor, ya que podría ser el culpable de una disputa científica entre dos países, y tan solo por el desinterés mostrado en información crucial que le llegó desde dos de los científicos mencionados al inicio, quienes le pidieron buscar al objeto que perturbaba la órbita de Urano.
Y es que el descubrimiento de Neptuno se debe al extraño comportamiento que mostraba la órbita de Urano. Aunque varios afirman que Galileo ya lo había observado en 1613, pero debido a malas condiciones climáticas que le impidieron observar durante noches continuas, no pudo darse cuenta de que se trataba de un planeta y no de otra estrella.
Resulta que desde el siglo XVII ya era sabido entre astrónomos y matemáticos que la órbita de Urano no se comportaba como debía, es decir siguiendo las leyes de Newton. Quien primero recolectó información de la órbita de Urano y notó esta discrepancia fue Alexis Bouvard, un astrónomo francés de Chamonix, con lo cual sacudió a la comunidad científica, ya que era impensable que la teoría newtoniana no funcionara, dado el éxito que había tenido para explicar claramente el movimiento de otros cuerpos celestes
Por esta razón, se dedujo que el “mal” comportamiento de Urano debía ser provocado por otro planeta sin descubrir. Así que varios científicos le dedicaron tiempo a explicar este comportamiento. Uno de ellos, un notable matemático británico, John Couch Adams, luego de varios años de trabajo, estimó la masa y la posición que debía tener el planeta invisible para causar tales alteraciones en Urano. Llevó sus resultados a Georges Airy, y le pidió que, en determinada fecha, escudriñara una región específica del cielo para buscar al objeto causante de las perturbaciones. Sin embargo, Airy no le hizo caso.
Mientras tanto, al otro lado de la Mancha, en Francia, otro de los también ahora “propietarios” de un anillo, François Arago, estaba igualmente intrigado con el comportamiento de Urano, así que impulsó a su discípulo, Urbain Le Verrier, a dedicarle tiempo al problema. Se dice que sin la presión de Arago, Le Verrier no habría dedicado tiempo en buscar teóricamente al planeta y Arago no hubiese formulado su famosa frase «con la punta de su pluma, antes que con un ocular», al referirse al descubrimiento. Luego de todos los cálculos, Le Verrier buscó a un astrónomo para que buscara al planeta en el cielo y le comunicó sus resultados a ¿quién creen? Pues a Airy ¡Y tampoco le hizo caso!
A diferencia de Adams, que como buen matemático ya estaría probablemente sumergido en resolver otro problema, Le Verrier no se quedó sentado esperando la indefinidamente la respuesta de Airy y decidió contactar a otro astrónomo, Johann Gottfried Galle (sí, también tiene anillo con su nombre), del observatorio de Berlín. Dice la leyenda que, en una hora, encontró al objeto culpable de los bamboleos de Urano. Fue la noche del 23 al 24 de septiembre de 1846, hace 180 años.
El desinterés de Airy tuvo complicaciones entre los científicos de Inglaterra y los de Francia, como si no tuviesen ya muchas, pero ahora por el derecho al descubrimiento. Aunque Adams resolvió primero el problema, no publicó sus resultados y Airy tampoco los comunico; bueno, tampoco comunicó los de Le Verrier. Al final cedió, dicen que como todo un caballero, y se zanjó el problema.
Quien salió bien librado fue Airy, que pasó de ser de la Real Astrónomo del Observatorio de Greenwich a presidente de la Royal Astronomical Society, desde donde esquivo las consecuencias.
Iniciamos con los nombres de los anillos y para cerrar el círculo terminemos hablando de ellos. Es claro que no son tan evidentes como los de Saturno; al contrario, fueron muy difíciles de detectar. Se descubrieron los primeros indicios mediante una ocultación estelar; sin embargo, no se pudo confirmar este hallazgo sino hasta que la misión Voyager II se aproximó al planeta al final de la década de 1980. Posteriormente el Hubble y más reciente el James Webb han obtenido imágenes claras de estos sistemas.
Para cerrar, ahora sí, vale la pena mencionar que en el anillo más exterior, el denominado Adams, se localizaron cinco arcos, secciones más brillantes que el resto del anillo. Se ha explicado que se trata de una mayor acumulación de material, pero se desconoce su origen y el por qué de su estabilidad. Los arcos tienen nombre: Fraternidad, Igualdad 1, Igualdad 2, Libertad y Coraje, y su brillo ha ido disminuyendo desde 1986. A 180 años del asombroso descubrimiento de este gigante gaseoso, aún nos falta mucho por estudiar de él.