La soledad de los números primos

Como quiérase que la ocupación extraliteraria de un autor sigue siendo dato primordial para muchos medios, un físico está vendiendo cientos de miles de libros en Italia. Si se añade que el título de su obra inicial es “La soledad de los números primos”, enseguida se piensa en una disquisición científica más o menos ingeniosa partiendo de postulados aritméticos. No hay nada de eso. Al margen de a qué se dedique el señor Giordano cuando no escribe y de sus méritos en la física teórica, La soledad… es una novela excelente con fundamentos casi exclusivos en la propia literatura y en la inteligente percepción de la realidad. Bastantes de sus páginas podrían haber sido escritas por Paul Auster en los tiempos en los que objetaba su propia obra más que ahora; lo que no significa que Giordano, contra lo que se lleva en los actuales, haya tenido ningún propósito de emulación.

 

Simplificando mucho la trama, digamos que acompaña mediante saltos en el tiempo la peripecia vital de un chico y una chica, ambos dotados de un abultado equipaje de traumas. Ella quedó coja como consecuencia directa de un accidente en la nieve, indirectamente derivada de la incomprensión familiar; a él le domina un sentimiento de culpa bastante justificada por la muerte de su hermana gemela. Sus historias y ellos mismos se aproximan, se vuelven tangentes y en algún momento secantes, pero, como los números primos gemelos —los que sólo van separados por un número par—, nunca terminan por converger.

 

Además del premio Strega, con el que arrancó su recorrido, La soledad… va acumulando reconocimientos y facturación. Tampoco deben crear una expectativa exagerada —para

entendernos, en cuestión de revelaciones no estamos ante Muriel Barbery y La elegancia del erizo—; pero sí que corresponden a una obra estimabilísima.

 

Los números primos sólo son exactamente divisibles por uno y por sí mismos (…) Son números solitarios y sospechosos. Ciertos números primos son más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide estar realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Son números primos aislados, como perdidos y aislados en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras.

 

Mattia y Alice, los protagonistas de este libro, son como esos números primos gemelos: siempre juntos pero distantes, sin llegar a tocarse nunca entre un mar de gente que los rodea. Y como esos números primos, saben que lo único que necesitan es saltar esa barrera; un gesto, una palabra será suficiente para que ese número par que los separa se desvanezca, pero las cosas nunca son tan fáciles como aparentan serlo.

 

La lectura de “La soledad de los números primos” me ha recordado mucho el estilo de Haruki Murakami y su “Tokio Blues”, aunque Giordano imprime a esta su primera obra un halo de tragedia que lo hace mucho más triste. Sorprende sobre todo el gran dominio del lenguaje que demuestra Paolo Giordano, (físico y por ello habituado a los números), la forma en que la historia se desliza a través de las páginas obligando al lector a devorar más y más letras sin darse cuenta.

 

Nunca, en toda mi vida había sentido tanta atracción por las matemáticas como leyendo “La soledad de los números primos”.

 

¿Quién es  Paolo Giordano?

Paolo Giordano nació en Turín hace veintisiete años; es licenciado en Física Teórica. Ha debutado en el mundo literario con la novela “La soledad de los números primos” y le han sido otorgados los premios Campiello a la mejor Ópera Prima y Strega, uno de los más prestigiosos premios italianos.

 

Este joven autor ha conseguido con su primera obra sorprender y emocionar tanto a los lectores de todo el mundo, como a la crítica internacional.

 

 

 

* acordero@fcfm.buap.mx

 

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