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El fotógrafo del Sol*

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–Mamá. ¿Allá atrás se acaba el mundo?

–No, no se acaba.

–Demuéstramelo.

–Te voy a llevar más lejos de lo que se ve a simple vista.[…]

[…] “Ahí viene el barranco; ahí se acaba todo”. En los ojos del niño, Florencia leyó el horror al vacío.

–No, Lorenzo, vas a ver que todo recomienza. Vas a encontrarte con un valle y a continuación otro valle. Después del Popo y del Izta hay otras montañas, otro horizonte, la Tierra es redonda y gira, no tiene fin, sigue, sigue y sigue, las puestas de sol dan la vuelta y van a otros países. Nunca se acaban. […]

–Dentro de poco ya no tendré respuestas, las encontrarás en la escuela.”

Muchos años después Lorenzo estudia leyes pero “odiaba ir a los juzgados de la calle de Donceles y le repugnaban los lanzamientos. Nada peor que recibir en la acera muebles… ¡qué desgracia la suya exhibir la miseria humana!”

Después de su decepcionante experiencia como abogado, Lorenzo se une (por invitación de José Revueltas) a  la Liga de Acción Política para repartir, por muchas partes de México, la revista Combate… “un tabloide de 45 cm de alto y apenas ocho páginas entintadas con letritas que el gobierno consideraba subversivas”.

Luis Enrique Erro, un astrónomo aficionado y también político, lo invita a su casa,… y a eso de las nueve de la noche, Erro preguntó con la particular mirada inquisitiva de los sordos: “Tengo un telescopio instalado en la azotea, ¿le gustaría verlo?”

Lorenzo iniciaba su vida de astrónomo, “Lorenzo abría los ojos y se repetía: Eso sí es vida. Corría enfebrecido a la colonia del Valle a revelar las placas (fotográficas tomadas la noche anterior). Después de examinarlas en el microscopio, a las once de la mañana cerraba con religiosidad la puerta de ese templo que le proporcionaba tanta riqueza y se iba a la primera fonda a almorzar y luego a la Liga de Acción Política.”

Por fin llegó el día de la inauguración del telescopio, 17 de febrero de 1942. Se dieron cita astrónomos de la estatura de Harlow Shapley y Bart Jan Bok, encargado de la cámara Schmidt de Harvard. Como resultado Lorenzo es invitado a Harvard donde inicia su internacionalmente reconocida carrera científica. Ahí Lorenzo se pregunta: “¿Cuándo sería posible postular si el Universo era finito o infinito? ¿Cómo se inició el Universo?” Lorenzo, humillado, sólo podía responder como ya lo había hecho Galileo: no sé.

“Al estar los astrónomos norteamericanos en el frente [durante la Segunda Guerra Mundial], Harvard necesitaba un joven de carácter tenaz como Lorenzo. Harlow Shapley le ofreció el puesto como si él, Lorenzo, les fuera a hacer el favor. Esperaba que no se negara”, pero Luis Enrique Erro preguntaba con insistencia cuándo regresaría Haro a Tonantzintla.

Lorenzo se reincorpora al observatorio de Tonantzintla, echa a andar la Cámara Schmidt y poco después es despedido. ¿La razón? Erro declara a Excélsior que en el telescopio del observatorio habían detectado “objetos extraños en el cielo de México”. Sin embargo Haro le mostró que los “ovnis” eran leves movimientos de la Schmidt.

Inmediatamente es invitado por los estadunidenses a dirigir el Observatorio de Bloemfontein, en África del Sur. Afortunadamente Alejandra reflexiona: Lorenzo hace “falta en México, no puede irse. ¿Cómo lo vamos a dejar ir, ni que tuviéramos tantos como él? Manoteaba: ¡Pobre de nuestro país , de veras pobre! Cuando alguien puede contribuir a sacarlo adelante ni cuenta nos damos.” Y Lorenzo es designado nuevo director del Observatorio de Tacubaya.

Guillermo Haro fue admirado por “su descubrimiento de las novas y supernovas. Las estrellas azules en la dirección del Polo Sur Galáctico ya tenían las siglas de su apellido, así como otros objetos estelares, un cometa y galaxias…”

* Trozos tomados de La piel del cielo, de Elena Poniatowska, 2001. Premio Alfaguara de novela.

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