Wirikuta

¿Cuántas veces has escuchado o leído sobre drogas, traficantes o inseguridad? Seguramente un número incontable; lo cierto es que en ocasiones se habla de ellas y de todo lo que su uso excesivo puede ocasionar, pocas veces nos hablan de sus usos dentro de las actividades culturales, médicas y religiosas en algunas sociedades, incluyendo la mexicana.

Recientemente hemos visto publicado sobre todo en redes sociales y en algunos noticieros el caso de Wirikuta, santuario natural y sagrado para la cultura de los wixárikas (huicholes) ubicado en San Luis Potosí. Este lugar representa para ellos el centro del universo. ¿Qué hay ahí, que tanto defienden estos señores? Acompañados por los peyoteros, el pueblo huichol emprende un largo viaje en busca de “tatei hikuri” y del dios venado-peyote, en donde encontrarán el tan apreciado peyótl (por su nombre en náhuatl).

Oculto bajo su nodriza y entre el suelo, parece como si se negara al mundo este cactus, perteneciente a la familia de las Mamillarias de la especie Lophophorawilliamsii, carente de espinas con flores de color rosa,  tarda aproximadamente 10 años en alcanzar su tamaño máximo. Durante ese tiempo su corona toma diferentes formas dependiendo de la edad, y forman colonias de varias decenas de ellos. Contiene alrededor de 60 alcaloides, la mayoría están clasificados como β- fenetilaminas como la mescalina y tetrahidroisoquinolinas; estos alcaloides producen embriaguez, alucinaciones coloridas, un conjunto de sensaciones que para los huicholes son dones de seres sobrenaturales que les permite entre otras cosas llevar a cabo su ritual de sanación y conseguir el tan esperado sueño mezcaliano.

Para los wixárikas no existe la soberbia, la avaricia, la gula, la ira, la envidia o la pereza como lo menciona Fernando Benítez en su libro Los indios de México. En este ritual de sanación los peregrinos confiesan sus pecados, principalmente carnales, confiándolos ciegamente a Tatevari, el abuelo fuego. Al peyote, los huicholes  también le dan otros atributos, entre los que destacan su uso en tratamientos para la infertilidad o ayuda durante el parto. Los estudios médicos han revelado su efecto antibiótico en bacterias resistentes a la penicilina, actualmente en algunos casos se ha usado para tratar artritis, parálisis y ceguera. Este cactus sagrado puede ser ingerido crudo, seco o en té.

Actualmente el cambio de uso de suelo, la deforestación, el cambio climático y la contaminación en las zonas de distribución de este cactus, sin olvidar la extracción de manera incontrolada e ilegal, han causado su disminución considerablemente. Un claro ejemplo es la especie Lophophoradiffusa (peyote queretano), la cual es endémica para el país, especie que se encuentra dentro de la NOM-059-SEMARNAT-2010 como especie amenazada (A), por lo que los trabajos para su conservación se hacen cada vez más necesarios.

Como podemos observar, la conservación de la cultura wixárika dará como consecuencia la continuidad de sus actividades sin duda ancestrales, debido al gran conocimiento que tienen sobre este cactus sagrado, el peyote, y no sólo de éste, sino de todas las especies que interactúan en este ecosistema. La preservación y defensa de esta cultura permitirá que una especie ícono para nuestro país no desaparezca. La gran biodiversidad de México se ha visto amenazada continuamente, es por ello que recientemente los pueblos huicholes han decidido defender su santuario natural-cultural ante las amenazas de empresas mineras canadienses como FirstMajesticsilver.

Esto nos hace reflexionar que no nos podemos quedar con los brazos cruzados, viendo cómo se pierde una parte importante de la cultura mexicana y su biodiversidad. Es por eso que apoyamos este movimiento en pro de la conservación de este sitio. Con la mano levantada y el puño cerrado, gritamos  al igual que nuestros hermanos huicholes: “Wirikuta no se vende, Wirikuta se defiende”.

Bibliografía

Batis, A., y M. Rojas. 2002. El peyote y otros cactos alucinógenos de México. CONABIO. Biodiversitas 40:12-17

Fernando B. 1989. Los indios de México. Antología. 423 Pp.

 

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