Morir y resucitar en el reino animal

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Imagen tomada de Ashes and Snow, de Gregory Colbert

Desde que aparecieron las primeras formas de vida en la tierra, el término “muerte” siempre ha estado ligado a la disminución o término de procesos fisiológicos que permiten a los organismos interactuar con el medio que les rodea, en diferentes situaciones, sin embargo, sabemos que ese momento llegará se quiera o no, es por eso que a raíz de ese final los seres humanos hemos creado infinidad de rituales y de historias donde se explica qué será de nosotros cuando, dependiendo las creencias, pasemos a otro plano astral o al nivel supremo como muchos lo nombran: cielo, mejor vida, etc. En el antiguo Egipto a los gobernantes se les momificaba y se les enterraba junto a sus pertenencias más valiosas e incluso con sus mascotas, ya que creían que el fallecido debería de navegar por varios niveles y pasar diferentes pruebas para por fin llegar al paraíso, en donde seguiría gozando de los placeres mundanos por toda la eternidad. Algo muy parecido creían nuestros antepasados dentro de la mitología mexicana, sólo que aquí lo llamaron Mictlán o lugar de los muertos, hogar de Mictlantecuhtli, el dios de la muerte, representado muchas veces con cara de murciélago; a este lugar nobles y plebeyos llegarían por igual, un perro lampiño sería su guía durante un viaje de cuatro años lleno de pruebas y quien lograra superarlas podría por fin liberar su alma, otonalli, logrando así, el descanso anhelado.

A su llegada de los españoles intentaron cambiar nuestra cosmovisión de la muerte; sin embargo, lo único que lograron fue mezclarla con sus rituales católicos y de ahí que surgiera una de las más importantes y coloridas tradiciones mexicanas, la cual es reconocida a nivel mundial, como “El día de los santos y fieles difuntos”, que se celebra los días 1 y 2 de noviembre, a comparación de otros rituales el de la muerte se caracteriza por festejar la llegada de las almas de los familiares realizándoles una ofrenda. En dichas ofrendas se puede ver principalmente como decoración, entre muchos otros elementos, a la flor de cempasúchil (Tagetes erecta), endémica de México, cuyo brote coincide principalmente a finales del otoño cuando los campos se tiñen de su característico color naranja intenso. Nuestro territorio es tan rico tanto en recursos naturales como culturales, por lo que podemos encontrar que en cada estado o región se utilizan diferentes elementos decorativos tomados de la naturaleza al igual que, actividades en torno a esta fiesta.

Pero la especie humana no es la única que tiene rituales referidos a la muerte. En el reino animal también suceden; uno de los casos más estudiados ha sido el comportamiento de los elefantes ante la muerte. La sociedad de matriarcado en la que viven estos paquidermos está regida por estrictas normas y está dividida en jerarquías; las hembras más viejas son las que guían a la manada de hasta 20 individuos, todos ellos emparentados y principalmente conformada de hembras y machos jóvenes. Cuando un individuo presiente que su hora final ha llegado se aparta de la manada, buscando un lugar alejado; se piensa que todo esto es para evitar el dolor que esto causaría al grupo. A dónde se van y de dónde surge ese instinto para alejarse es todo un misterio, ya que ni los más expertos cazadores y comerciantes de marfil saben exactamente dónde se encuentran estos cementerios de elefantes. Pero cuando un miembro del grupo muere cerca de la manada, se tienen registros de reuniones alrededor del organismo finado a manera de velorio.

Hablando de menor tonelaje, existen muchos otros animales, principalmente insectos y anfibios, que son capaces de morir y resucitar a voluntad propia. Sí, aunque se escuche de película, algunas especies de ranas de zonas frías, pertenecientes a la familia Hylidae, utilizan un complejo mecanismo de congelación. Cuando el invierno llega y no pueden desplazarse a lugares más cálidos, utilizan esta estrategia que consiste en bajar su metabolismo hasta quedar en un estado casi vegetativo; sus fluidos se congelan y no responde a ningún estímulo exteriorhasta llegada la primavera, cuando el clima se torna más favorable. Estudios recientes señalan que la clave para que este batracio (anfibio) logre semejante hazaña se basa en una extraña relación con la glucosa que se forma en su sangre y actúa como un anticongelante. Existen muchos laboratorios que están estudiando este tipo de comportamiento animal para aplicarlo en la medicina y en un futuro lograr nuevas criotecnologías.

Por lo mientras, la muerte nos seguirá sorprendiendo con sus misterios, ya sea con guadaña, de catrina o simplemente como una emanación de energía que regresa al universo.

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