Los desafíos de la agricultura familiar en el estado de Puebla

La producción agrícola, la posesión de la tierra a pequeña escala y el trabajo familiar son elementos que caracterizan a la agricultura familiar, cuyo antecedente conceptual se vincula al de unidad económica familiar o campesina, generalmente utilizada como sinónimo, pero que adquiere un nuevo significado contemporáneo, como una construcción social y política con una fuerte connotación identitaria, motivado entre otros aspectos por las movimientos sociales que la reivindican frente a los problemas vigentes de pobreza rural, seguridad alimentaria y deterioro ambiental. Una aproximación a su definición a partir de Carmagnani (2008) es considerar que la “agricultura familiar encuentra su fundamento en los activos tangibles e intangibles de que disponen en forma diferenciada los miembros del núcleo familiar” a partir de la cual organizan su reproducción social. Sin embargo, los activos en manos de la agricultura familiar presentan una gran heterogeneidad, con lo cual se reconoce la necesidad de clasificarla a través de tipologías.

La agricultura familiar en el estado de Puebla ha sido construida y moldeada por relaciones de poder entre los campesinos y el Estado durante la revolución y la reforma agraria, así como por las pautas de desarrollo agrario y económico que ha seguido el país. En 1929 inició la reforma agraria en Puebla y con sucesivos repartos se fracturó en lo fundamental la gran propiedad agraria, dotando a los campesinos de un millón 630 mil 741.40 hectáreas, 47.6 por ciento de la superficie total del estado, en mil 194 ejidos y comunidades y 216 mil 675 sujetos agrarios (INEGI, 2010a). De los sujetos agrarios con parcela el 22.5 por ciento  son mujeres, lo que representa una clara tendencia hacia la feminización de la tenencia de la tierra y de la agricultura.

La pequeña unidad productiva familiar es la forma dominante de explotación agraria en el estado de Puebla. En 1991 se reportaron 337 mil 495 unidades de producción rural (UPR), con actividad agropecuaria y una superficie de labor de 1 millón 119 mil 055.98 hectáreas (INEGI, 1994). 83.8 por ciento de las UPR tenían hasta cinco hectáreas y concentraban 45.2 por ciento de la superficie de labor, mientras 17.2 por ciento de las UPR mantenían el restante 44.8 por ciento. El VIII Censo Agrícola, Ganadero y Forestal de 2007 reportó 376 mil 860 UPR con actividad agropecuaria o forestal y una superficie de 1 millón 193 mil 306.07 hectáreas. Estas cifras representan un incremento de 11.7 por ciento de las UPR y de 6.6 por ciento en la superficie de labor respecto a 1991, con lo cual muy probablemente se está profundizando el fraccionamiento de la tierra social como privada.

Las UPR con superficie agrícola son 359 mil 563 y tienen una superficie de 1 millón 11 mil 643.03 hectáreas, de las cuales 11.8 por ciento son de riego y 88.2 por ciento de temporal (INEGI, 2010b). Las áreas de riego se distribuyen heterogéneamente, generalmente sobre la base de unidades de riego con la perforación de pozos, a excepción del Distrito de Riego 030, creado en 1944 con una capacidad de riego de 32 mil 827 hectáreas (en la actualidad es de alrededor de 20 mil hectáreas). El riego es un recurso estratégico para una agricultura intensiva y de mayor productividad, ubicado principalmente en los ejidos que poseen 96 mil 864.54 hectáreas (INEGI, 2010b).

En las últimas décadas la estructura de producción agrícola de Puebla se ha modificado, orientándose hacia cultivos de mayor rentabilidad como son hortalizas, flores, forrajes y frutales, desplazando en importancia económica a los cultivos tradicionales como el maíz, el café y la caña de azúcar. Para 2009 se sembraron 994 mil 398.78 hectáreas, las hortalizas aportan al valor total de la producción agrícola del estado el 22.7 por ciento, los forrajes 7.5 por ciento, las flores 11.5 por ciento, los frutales 9 por ciento, maíz 22.1 por ciento, café 10.3 por ciento y caña de azúcar 7.6 por ciento (Sagarpa, 2010). Los cultivos en riego aportaron cerca de 50 por ciento del valor de la producción, con 20 por ciento de la superficie sembrada total en 2009.

La inclusión de nuevos cultivos coincide y se profundiza en el periodo de aplicación de las políticas de ajuste estructural, es plausible que estas se convirtieran en un poderoso factor que obligó a la agricultura familiar a la transformación y ajuste de la estructura de cultivos en la búsqueda de mejores ingresos. Esta forma de producción representa un modelo de pequeñas unidades productivas de cambio productivo y tecnológico, favorecidas por el acceso al riego y su posicionamiento geográfico de acceso a mercados.

Estos sistemas productivos están generalmente asociados a la ganadería a pequeña escala, que se alimenta de los residuos de cosecha, pero también de forrajes, los cuales han incrementado la superficie sembrada en las últimas décadas, fortaleciendo la integración horizontal de la producción.

 

Los desafíos de la agricultura familiar

Con la reforma agraria el campesinado desempeñó un papel importante en la industrialización del país, aportando alimentos, materias primas y fuerza de trabajo, así como estabilidad política. En este marco, el Estado mexicano asumió un papel activo, convirtiéndose en la fuerza más poderosa, sin ser la única, de la economía rural, un entramando de dependencias gubernamentales que financiaba, distribuía y comercializaba la producción agropecuaria.

A finales de la década de los 1980, con la redefinición del modelo de desarrollo “neoliberal” y la instrumentación de políticas de ajuste estructural se reformaron las instituciones del sector agropecuario, con privatizaciones y desregulaciones económicas que ocasionaron la disminución y/o eliminación de servicios, subsidios y de los precios agrícolas, especialmente de los cereales y oleaginosas. Las consecuencias para la agricultura familiar han sido el abandono de las actividades agropecuarias, la profundización de la migración y una mayor pobreza rural, obligando a los hogares campesinos a una mayor pluriactividad económica, pero también a la diversificación agrícola con la inclusión de nuevos cultivos, favorecido por el acceso al riego.

La heterogeneidad social de la agricultura familiar vinculada a su condición agroecológica y relaciones con el mercado da pauta a diversos procesos, reacomodos e inserciones productivas. Esta heterogeneidad se expresa en los tipos de agricultura familiar en Puebla.  De acuerdo con la Sagarpa y FAO (2012), en México existen entre 5.3 y 5.4 millones de unidades económicas rurales (UER); un millón 192 mil 29 UER corresponden al estrato familiar de subsistencia sin vinculación al mercado, dirigiendo la producción al autoconsumo;  2.7 millones de UER corresponden al estrato familiar de subsistencia con vinculación al mercado, que  representa 50.6 por ciento del total de las UER. El estrato en transición representa 8.3 por ciento  del total de las UER del país. Puebla concentra 9.2 por ciento de las UER de subsistencia sin vinculación al mercado; 9 por ciento de la agricultura familiar con vinculación al mercado y 4.1 por ciento  en transición.

La anterior tipología indica que en Puebla amplios sectores de la agricultura familiar se encuentran en condiciones de marginación productiva y pobreza, solo un sector correspondiente a los estratos de subsistencia vinculado al mercado y en transición tienen un mayor dinamismo productivo, orientado a las hortalizas, forrajes, frutales y flores, ubicadas principalmente en los valles altos de Puebla, mientras en la Sierra Norte, la Mixteca y la Sierra Negra predomina la pobreza rural. No es gratuito que como expresión de lo anterior Puebla se ubique dentro de las cinco entidades con mayor pobreza en el país, ocupó el lugar cuatro en porcentaje de población en pobreza a nivel nacional y el cinco en porcentaje de población en pobreza extrema (Coneval, 2012).

La respuesta y estrategia de la agricultura familiar frente al desafío de su reproducción económica es el mantenimiento de las actividades agrarias, funcionando con severas restricciones económicas y de bajos o nulos apoyos gubernamentales, aprovechando las condiciones que le ofrece el entorno para diversificar las actividades económicas y la obtención de rentas complementarias, pues el abandono de las actividades agropecuarias profundiza la emigración y la pobreza.

Evidentemente la agricultura no es suficiente para lograr el desarrollo rural pero sin la agricultura, en las actuales condiciones de la economía y el comercio agroalimentario, no es posible el desarrollo rural. La agricultura familiar representa una opción importante para aumentar el ingreso de un gran número de pequeños productores y emplear a una parte considerable de la población del campo. Sus estrategias de reproducción y medios de vida pueden ser potencializada a través de políticas públicas y estrategias de desarrollo rural de largo aliento.

 

Bibliografía

 

Carmagnani, Marcello, 2008. “La agricultura familiar en América Latina”, Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía Vol. 39, núm. 153, abril-junio.

 

CONEVAL, 2012. Informe de pobreza y evaluación en el estado de Puebla 2012.

 

INEGI, 1994. VII Censo Agropecuario 1991. México

 

INEGI, 2010b. VIII Censo Agrícola, Ganadero y Forestal 2007. México.

 

INEGI, 2010a. IX Censo Ejidal 2007. México.

 

SAGARPA, 2010. Anuario Estadístico de la Producción Agrícola 2009.

 

SAGARPA/FAO, 2012. Diagnóstico del sector rural y pesquero: Identificación de la problemática del sector agropecuario y pesquero de México 2012.

 

*rjavier@colpos.mx