Un canto en la sierra

El sol cae sobre los imponentes cerros; las aves regresan a sus hogares que están en las copas de los árboles o en alguna de las tantas barrancas que forman la geografía de este sitio tan maravilloso; se empiezan a escuchar los aleteos de algunos murciélagos que salen a buscar alimento, tal vez algún insecto o los frutos maduros de alguna planta suculenta; es un sitio muy diverso, una selva mediana o mejor llamada bosque tropical subcaducifolio. La oscuridad empieza a invadir cada rincón, grieta y ojo de agua que encuentra; el lugar está cobrando vida nuevamente, se escucha todo tipo de sonidos; la mayoría son insectos, miles de insectos, pero en ese concierto tan variado hay algo que no encaja con los decibeles de aquellas criaturas, son otros cantos, cantos melodiosos pero potentes, chiflidos muy agudos, notas repitiéndose con singular ritmo, algunos son muy fuertes, otros no tanto pero provienen del mismo grupo faunístico; son cantos de ranas, anfibios pertenecientes al orden anura, piel babosa, ojos saltones, cuatro patas, saltarines y muy cantadores; sí, ellos son los causantes de semejante serenata nocturna en los cuerpos de agua de San Sebastián Tlacotepec, una localidad ubicada en el corazón de la sierra negra, al sureste del estado de Puebla. Debido a su ubicación, este lugar posee un clima muy húmedo, con lluvias en verano y por lo tanto una vegetación exuberante que lo cubre por completo.

p-12Adentrándonos a seguir hablando de estos fascinantes residentes de piel resbalosa, cada noche y principalmente en los meses de lluvia (junio-octubre), emergen para congregarse en las pozas, ojos de agua y riachuelos, con el solo objetivo de reproducirse, conseguir pareja y continuar con su linaje. Las primeras lluvias desatan esta explosión de hormonas y cantos, pero a pesar de aquel alboroto, todo tiene un orden, ¿que cómo se consigue esto? Pues con un tipo de “jerarquías ecológicas”. Tal vez suene raro, pero este sistema les ha funcionado muy bien a las ranas durante todos los años que han estado asentadas en estos lugares. A pesar de encontrarse en el mismo estanque las distintas especies que cohabitan tienen un código genético que las diferencia, incluso entre sus congéneres; cada especie cuenta con un canto diferente, esto se mide por decibeles; esta es la unidad principal para medir el nivel de sonido y la acústica, provocada en este caso por dichos anfibios. Algunos poseen una relación negativa entre el canto y su tamaño; esto quiere decir que entre más grandes sean los organismos tendrán frecuencias de sonido más bajas, tendrán un sonido más grave; esta relación se logra entender mejor cuando escuchamos cantar a la mayoría de los sapos o a las ranas pertenecientes al género Lithobates.

Las especies de ranas más pequeñas poseen cantos más agudos por lo que puede llegar a escucharse como un silbido, un ejemplo son algunas especies de la familia Eleutherodactylidae, que se distribuyen en esta zona al igual que otra ranita única representante en México de la familia Centrolenidae con un nombre científico muy rebuscado, la Hyalinobatrachium fleischmanni, también llamada “rana de cristal” por la transparencia de su piel. En las pozas de este sitio tan particular convergen más de cinco especies a la vez y todas juegan un rol jerárquico diferente, en los pastos acuáticos y cerca de la vegetación riparia encontramos especies que no veríamos posadas un metro más arriba, como el caso de la especie Scinax staufferi, una pequeña rana de la familia Hylidae cuyo canto nos recuerda al graznido de un pato repetido muy rápidamente. A una altura más alta aproximadamente metro y medio del estanque, en la parte media de los árboles, unos ojos enormes y rojos contrastando con su cuerpo verde limón azules ultramarinos en su costado encontramos a Agalychnis callidryas la famosa rana de ojos rojos, especialista en dar un canto muy característico que se compone de una sola nota.

La vida nocturna continua en esas pozas de aguas cristalinas, ya comienza a amanecer y los coristas regresan exhaustos a lo alto de los árboles o a su refugio; algunas ranas lograron encontrar pareja y en un abrazo nupcial se unieron para dejar descendencia justo en alguna cara de las hojas de la basta vegetación que los rodea, pero ¿cuánto tiempo seguirá esta armonía? Detrás de ellos se extienden muchas hectáreas de terrenos despalmados, terrenos para ganado, sembradíos de café y de caña, la necesidad y el “progreso” están acabando con estas hermosas tierras con abundante diversidad de flora y fauna. Compartimos al lector esta gran experiencia, ya que nos llena de alegría y admiración a la vez que nos embarga la nostalgia saber que este lugar lleno de misterio y maravilla podría al día llegar a desaparecer. Esperamos el tiempo en que que volvamos a esas tierras y poder admirar otra vez esa puesta de sol entre los cerros o empaparnos con esas lluvias refrescantes y escuchar nuevamente un canto en la sierra.

 

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