El entorno político y social en el momento de la fundación de la Escuela de Economía de la BUAP

A Joel Arriaga y Enrique Cabrera

 

El 30 de noviembre de 1964, el Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) aprobó una propuesta presentada por 17 consejeros, entre los cuales se incluían el ingeniero Luis Rivera Terrazas y el doctor Julio Glockner, lo cual dio lugar a la creación de la Escuela de Economía, que inició sus actividades académicas el 5 de abril del año siguiente. Las siguientes líneas tienen el propósito de recordar el entorno político y social en el cual surgieron los estudios de economía en Puebla.

La década de 1960

 

Foto Abraham Paredes

Foto Abraham Paredes

La década de 1960 en Latinoamérica es una de las más convulsas e intensas de su historia política. Esos años estuvieron marcados por el triunfo, en 1959, de la revolución cubana. Su defensa ante la agresión estadounidense alentó grandes movilizaciones de una sociedad que vislumbraba un futuro donde se erradicaran los ancestrales problemas de la región: la dependencia, la violación constante de nuestra soberanía, la explotación de nuestros recursos naturales en beneficio de los intereses del capital imperialista, la superexplotación, la desigualdad y la pobreza.

Como respuesta al avance y los logros de la revolución cubana, impulsada por John F. Kennedy surgió la llamada “Alianza para el Progreso” (ALPRO), que insistió en el desarrollo de América Latina dentro de los marcos de un capitalismo reformado.

El transcurso del tiempo hizo inminente el fracaso de la ALPRO, pues los gobiernos locales y sus burguesías no estaban dispuestos a realizar las reformas sugeridas por la Alianza, como una reforma fiscal progresiva o la reforma agraria que afectara tierras baldías, y aquellos gobiernos que lo intentaron fueron arrojados del gobierno por golpes militares, como fue el caso de Brasil, donde en 1964 Joao Goulart sufre el embate castrense, que así inicia el ciclo de las dictaduras militares que luego se extenderían por todo el Cono Sur. Al golpe de estado en Brasil siguió el del general Juan Carlos Onganía contra Arturo Illia en Argentina (1966); en la siguiente década, los golpes militares proliferaron hasta comprender a la mayor parte de la región.

Pero la resistencia no cesó, y ante la cancelación de las posibilidades democráticas, surgió la guerrilla rural y urbana, siguiendo la teoría del “foco” expuesta por el Che Guevara como resultado de su propia experiencia guerrillera. En México, el 23 de septiembre de 1965, surge la lucha guerrillera; ese día, combatientes guerrilleros asaltaron el cuartel Madera, en Chihuahua. El ataque quedó registrado como la primera acción guerrillera revolucionaria en México, a la que seguirían otras, tanto rurales como urbanas, que fueron reprimidas con fuerza excesiva utilizada contra de jóvenes que creyeron posible seguir el camino abierto por la revolución cubana.

Los vientos de renovación y cambio alcanzaron, incluso, a instituciones tan conservadoras como la Iglesia Católica. La opción por los pobres y la teología de la liberación fueron movimientos surgidos en esa convulsionada etapa histórica y contemplaron entregas como la del sacerdote colombiano Camilo Torres, quien reconociendo el agotamiento de la vía pacífica para luchar contra la desigualdad y la pobreza e instaurar un gobierno democrático, se incorporó a la lucha guerrillera en el Ejército de Liberación Nacional de Colombia.

Década dolorosa al recordar la intervención en 1965 de 40 mil marines norteamericanos en República Dominicana, para “evitar que siguiera el camino de Cuba”, aunque estimula la aparición de diversas corrientes de pensamiento liberador como la teoría de la dependencia o la educación popular y la “pedagogía del oprimido” de Paulo Freire.

 

El movimiento estudiantil

 

En esa década, los estudiantes en México mostraban una creciente capacidad organizativa y de movilización, que no habían mostrado antes. En 1963, en la ciudad de Morelia, Michoacán, se reunieron 250 dirigentes estudiantiles de diversas instituciones de educación pública del país, con el propósito de formar una organización nacional. A esa reunión acudieron dirigentes de la Federación Estudiantil Poblana y de la Normal Superior de Puebla, quienes firmaron la “Declaración de Morelia”, donde se pueden leer cosas de tanta vigencia como la siguiente:

Estamos en contra de una educación que se sitúa en abierta contradicción con los intereses populares, que nos trata de inculcar un “humanismo” que desprecia al obrero, al campesino, que discrimina al indio; el “humanismo” que pregona el desprecio al trabajo y predica la holganza y el parasitismo, el ascender en la “jerarquía social” y el “prestigio”, como objetivos vitales de la juventud; el “humanismo” que enseña a los estudiantes a ser enemigos mortales del hombre, a arruinar al competidor por cualquier medio, a no tener escrúpulos, a ser mezquinos y mercantilistas; al “humanismo” que con frases trata de encubrir los intereses de los explotadores del trabajo del hombre, los estudiantes lo despreciamos porque es sólo la expresión de una sociedad moribunda, en descomposición, en la cual, los que trabajan viven en la miseria y los parásitos son respetados y estimados en las “altas esferas” y en el mundo oficial.

Con esta idea precisa del carácter de la educación clasista y enajenante, los jóvenes reunidos en Morelia reconocían la necesidad de tener un instrumento de lucha que garantizara la defensa de sus derechos y la consecución de sus objetivos.

Dos años después con el mismo propósito de formar la organización nacional estudiantil, en 1965 se reúne la III Conferencia Nacional de Estudiantes Democráticos, a la que asistió una delegación del Directorio Estudiantil Poblano, que en 1964 había reemplazado a la Federación Estudiantil en el marco de la pugna interuniversitaria.

Finalmente, entre el 26 y el 29 de abril de 1966, en la Ciudad de México se realizó el congreso constituyente de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), con fuerte influencia comunista. Al congreso asisten 800 delegados representantes de 160 mil estudiantes de 28 entidades federativas.

Nadie conociendo estos antecedentes, podría decir que el “Movimiento del 68” fue algo inesperado e inexplicable, surgido al margen de las luchas estudiantiles previas, en las cuales se formaron muchos de los aquellos que a lo largo de 1968 sostuvieron, frente a la represión y las bayonetas, las banderas de la democracia y la aspiración de construir una sociedad distinta a la capitalista.

 

La situación en Puebla

 

En esos años, el movimiento estudiantil en Puebla tampoco era indiferente ni despolitizado, sino comprometido y definido ideológicamente. Ciertamente, había entre algunos dirigentes estudiantiles actos de corrupción que provocaban constantes enfrentamientos entre quienes eran instrumento de la autoridades para mantener la “estabilidad de la Universidad” y aquellos que sostenían una lucha, si bien desigual, llena de convicción democratizadora y certezas sobre el potencial liberador del pensamiento crítico.

En 1961, el conflicto entre las fuerzas que rechazaban los cambios en la universidad y quienes promovían la transformación de la sociedad y de la propia Universidad Autónoma de Puebla, fue un momento de enorme trascendencia en la definición ideológica de ambas partes. Así, en torno a la reforma de la universidad se enfrentaron los jóvenes más conservadores, agrupados en el Frente Universitario Anticomunista (FÚA) y su contraparte: los estudiantes progresistas, liberales, socialistas, comunistas y masones, conocidos como carolinos, que no solamente demandaban la transformación de su institución, sino también la de la levítica sociedad poblana, cuya élite se mostraba arrogante, altanera, excluyente y reaccionaria.

La derecha militante y anticomunista se había hecho del control de la UAP desde 1956, cuando el gobierno de la entidad le concedió a la institución la autonomía académica y de gestión. Los dos primeros rectores de la flamante Universidad Autónoma (Manuel Santillana y Armando Guerra Fernández), favorecieron abiertamente a la derecha. Sin embargo, la rígida estructura administrativa y disciplinaria de la UAP impuesta por el Consejo de Honor, máxima autoridad universitaria, así como el asfixiante y opresivo clima intelectual, nada propicio para el quehacer científico y el pensamiento crítico reclamado por estudiantes y algunos sectores de académicos, hacían crecer la inconformidad en la institución, disidencia continuamente reprimida pero creciente.

Por esa razón, habría de ser un detonante externo a la universidad el que finalmente provocaría cambios en la correlación de fuerzas en su interior. En efecto, el 16 de abril de 1961 se produce la invasión a Cuba de un ejército de mercenarios armados y patrocinados por el gobierno estadounidense; al día siguiente, los estudiantes democráticos realizaron una sorprendente manifestación, por su número y combatividad, en apoyo al gobierno cubano. El mitin fue duramente reprimido por las “fuerzas del orden”, no sin encontrar una dura resistencia de los jóvenes universitarios.

Más tarde, y ya derrotada la invasión a Cuba, el FUA y sus organizaciones afines, organizaron un mitin en el atrio de la catedral contra los estudiantes de la UAP que “conspiran contra la civilización cristiana”. Un pequeño grupo de carolinos se acercó a la concentración y fue recibido violentamente. Los fuas ganaron su primera batalla en la calle; no volverían a tener otra victoria igual. Al día siguiente, los carolinos irían a apedrear el Colegio Benavente, cuyos alumnos habían participado en la agresión del día anterior y era uno de los semilleros del FUA.

Estos dos acontecimientos dieron inicio al conflicto político e ideológico entre estas dos fuerzas, conflicto que se prolongó a largo de toda esa década, hasta que, por fin, los fuas decidieron separarse de la UAP y crear, el siete de mayo de 1973, la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), que desde entonces ha contado con el apoyo político, ideológico y económico de los empresarios y el clero poblano.

Los carolinos —estudiantes y maestros liberales, progresistas y comunistas— formaron un Comité de Protesta Estudiantil que el 25 de abril presentó un pliego de demandas al rector Guerra Fernández exigiendo se diera de baja de sus cátedras a José Antonio Arrubarena (fundador del FUA), Eligio Sánchez Larios y José Antonio Pérez Rivero (secretario del Consejo de Honor) y la expulsión de los dirigentes del FUA.

El conflicto rebasó los límites de la universidad y la sociedad se dividió en apoyo de unos y otros. Los fuas formaron el Comité Coordinador de la Ciudadanía Poblana y los carolinos recibieron el apoyo de los estudiantes de la educación pública para formar el Comité Estudiantil en Defensa de la Constitución, que proclamaba el respeto al artículo tercero constitucional que establece la educación universal, laica y gratuita, postura que los ubicaba frente a los fuas que demandaban una educación libre y acorde con la “civilización cristiana.”

El ambiente se tensó, los estudiantes de la UAP desconocieron a Guerra Fernández y nombraron nuevo rector al doctor Jorge Ávila Parra y demandaron la desaparición del Consejo de Honor. En tanto, Ávila Parra pidió al gobernador Fausto M. Ortega lo reconociera como rector, a lo que el gobernador se negó. Ante la negativa, Ávila Parra renunció, lo que permitió a los universitarios designar rector al doctor Julio Glockner, quien rindió protesta ante el Comité Estudiantil Poblano. En ese momento, la UAP tenía dos rectores: Armando Guerra y Julio Glockner y dos sedes, Guerra en un edificio fuera de la universidad y Glockner en el Carolino.

Pero faltaba un protagonista no invitado: la Iglesia Católica. Y no tardó mucho en mostrar su lugar. El 15 de mayo de 1961, el arzobispo Octaviano Márquez y Toriz, publicó una Carta Pastoral donde habla del enfrentamiento de los fuas, apoyados por la propia iglesia y los empresarios, con los estudiantes carolinos, que no eran sino instrumentos de una conjura internacional para imponer en México el comunismo.

Con la intervención del clero político, se inició una extensa y tenaz propaganda anticomunista, bajo la consigna de “¡Cristianismo, sí! ¡Comunismo, no!” La campaña culminó el 4 de junio de 1961 con una gran concentración en la Catedral poblana, donde se dio rienda suelta a la histeria anticomunista.

A pesar de todo, la correlación de fuerzas al interior de la UAP no cambió, y en la segunda quincena de junio el gobernador llamó a las partes a negociar. El resultado fue la formación de una Comisión de Gobierno integrada por magistrados del Tribunal Superior de Justicia, dos diputados y un representante del Ejecutivo. El 23 de junio, los carolinos decidieron entregar la rectoría a esa Comisión y el 24 de ese mismo mes, el Congreso del Estado derogó la Ley Orgánica y aprobó otra que suprimía el Consejo de Honor y dejaba la conducción de la universidad a un Consejo de Gobierno, cuyo presidente sería el representante legal de la institución. Al frente del Consejo, y por única vez nombrado por el Ejecutivo estatal, quedó el licenciado Arturo Fernández Aguirre.

Las cosas parecían normalizarse, se reanudaron las clases, se logró una nueva Ley Orgánica, despareció en Consejo de Honor y en el nuevo Consejo de Gobierno habían quedado incluidos Julio Glockner, José María Cajica y Jorge Ávila Parra, todos partidarios de los carolinos, pero sobre todo se logró una estrecha vinculación de la UAP con amplios sectores populares que apoyaron la lucha universitaria contra la derecha.

Sin embargo, los fuas no cejaban en su empeño de recobrar la dirección de la universidad y las presiones de la derecha empresarial tuvieron resultado: se derogó la Ley Orgánica recientemente aprobada y la UAP se quedó sin marco jurídico durante más de un año. En marzo de 1962 renunció a la Rectoría Fernández Aguirre y en su lugar se nombró al licenciado Amado Camarillo.

 

1964

 

El general Antonio Nava Castillo fue electo gobernador del estado para el periodo 1963-1969. Y de inmediato se entrometió en la UAP, haciendo que renunciara Amado Camarillo para nombrar una especie de Junta de Gobierno que convocaría a un Consejo Universitario Constituyente para elaborar una nueva Ley Orgánica, misma que se aprobó por parte del Congreso el 21 de febrero de 1963. En ella se volvía a la figura de rector, que sería nombrado previa auscultación a la comunidad, por el Consejo Universitario, máxima autoridad de la institución integrada por una representación paritaria de académicos y estudiantes, más algunos trabajadores administrativos.

Aprobada la Ley en el Congreso, de inmediato se convocó al Consejo Constituyente, que aprobó la Ley y nombró rector para el periodo 1963–1967 al doctor Manuel Lara y Parra, de quien dice, Nicolás Dávila: “era liberal por convicción, defensor del carácter laico de la educación y comprometido con la sociedad de su tiempo.” Con Lara y Parra la UAP encontró claridad de propósitos y un camino claro por recorrer.

En agosto de 1964, para favorecer a los empresarios que pretendían el monopolio de la distribución de la leche, el gobernador Nava Castillo envió al Congreso la “Ley sobre producción, introducción, transporte, pasteurización y comercio de la leche”, que lesionaba severamente a los pequeños productores e introductores de la “leche bronca”.

Las protestas no se hicieron esperar y menos se hizo esperar la represión. Como resultado, los productores e introductores de leche buscaron el apoyo de los universitarios que pronto se volvieron protagonistas del las movilizaciones en las que participaban amplios sectores de la población.

Las cosas se agudizaron, cuando el 17 de septiembre se autorizó el alza del pasaje urbano. En ese momento, el levantamiento popular se generalizó, ya no sólo eran los pequeños productores de leche ni los universitarios, eran los trabajadores, las amas de casa, los comerciantes, los taxistas y muchos otros sectores populares los que enfrentaban los riesgos de la acción violenta de la policía. El 13 de octubre se realizó una manifestación que encontró como respuesta del general Nava una nueva y mayor represión. Además, se detuvo a varias decenas de personas, entre ellas a Ramón Danzós Palomino, líder de la Central Campesina Independiente y a muchos estudiantes.

Esto enardeció a la población que elevó el nivel de su protesta y se estrechó la relación de los universitarios y la universidad con el movimiento popular, relación intensa constituida en la fortaleza que permitió llevar a cabo las grandes realizaciones logradas por la Universidad Crítica, Democrática y Popular, una de las etapas más luminosas de la historia de la hoy Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; sin olvidar, por su importancia, la aportación de los universitarios a la democratización y transformación de Puebla, aunque después se haya perdido el rumbo.

Finalmente, el 30 de octubre de 1964, el movimiento popular echó de Puebla al general Antonio Nava Castillo. Un mes después, el 30 de noviembre el Consejo Universitario surgido de las luchas emprendidas por los universitarios contra la derecha encabezada por el FUA, aprobó la creación de la Escuela de Economía.

 

Fuentes

Dávila Peralta, Nicolás. Las santas batallas. El anticomunismo en Puebla, México, BUAP, Cuadernos del Archivo Histórico, 2001.

Quiroz Palacios, Abraham. Las luchas políticas en Puebla 1961-1981, Puebla, Dirección de Fomento Editorial de la BUAP, 2006.

Yáñez Delgado, Alfonso. La manipulación de la fe, Puebla, UAP–Imagen Corporativa, 1999.

 

ornelasdelgadojaime@hotmail.com