La ciencia como un detonante de la competitividad a través del patentamiento

Acorde con el reporte global de competitividad 2014-2015, México descendió al lugar 61 en la clasificación. Según el mismo reporte, la innovación, el desarrollo de capital humano y el fortalecimiento institucional desempeñan un papel decisivo en las economías nacionales.

Imagen tomada de http://platinumrepairs.co.za/tag/apple-vs-samsung/

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Es en consideración de lo anterior, que una de las estrategias articuladas que México ha impulsado en los últimos años, se refiere a la innovación. Se le está promoviendo cada vez más, con mayores políticas, programas y recursos, en cualquiera de sus ámbitos o alcances, como lo son: de producción, producto o de servicio. Sin embargo, es la innovación tecnológica una de las que mayor impacto representa, sobre todo aquella que llega a ser disruptiva, ya que trasciende y permea en varias capas del tejido económico-social.

Ahora bien, uno se pregunta qué es o en qué consiste esa innovación, tan últimamente mencionada en foros y discursos de toda índole, nivel y alcance. Sin ánimo de entrar a teorizar al respecto, a atender a tal o cual definición, lo más importante que nos ocupa es a partir de dónde se verifica ésta, cómo se articula o cómo se lleva a cabo. Lo cierto es que no es una ciencia por cuanto a su condición exacta que ella representa, es decir, no es una fórmula o procedimiento, ya que aún dadas las mejores condiciones primigenias, no siempre éstas aseguran el éxito y por ende, la innovación no se verifica per se, no existiendo beneficio real o retribución en cualquier ámbito tangible.

Una de las condiciones primigenias a las que hacemos referencia, y que es la materia prima de toda innovación, es la invención. Estos términos, innovación e invención, muchas veces son usados indistintamente, pero en realidad juegan papeles complementarios y, dependiendo de su resultado o consecuencia son algunas veces incluyentes y, por desgracia, en muchas otras no.

La invención es el componente primordial de la cual abrevan y se nutren todas las posibles innovaciones, las invenciones, en muchos casos, tiene un origen común, éste es primordial por su carácter y formalidad, el origen al que nos referimos es el basado en la ciencia, desde la ciencia básica, la ciencia aplicada y en su expresión más pragmática e importante para el tema que nos ocupa que es el de desarrollo tecnológico o más sucinto y específicamente lo que solemos llamar “tecnología”.

Podemos decir que México es un gran “productor” de capital intelectual en su acepción sobre investigadores, su calidad, alcance y nivel de investigación y logros alcanzados por ellos, sin embargo, como ya mencionamos anteriormente, ésta no es una condición sine qua non una invención es exitosa, para llevarla al estado de innovación. Para lograr esto, es necesario un gran número de condiciones y pasos a seguir.

Sin entrar en un análisis más profundo de las condiciones, situaciones o circunstancias que inciden en este tema, nos avocaremos a tratar de ilustrar o responder cuál es el primer paso en la búsqueda de capitalizar, a través de la innovación, las invenciones emanadas de los desarrollos tecnológicos, en específico las provenientes de los organismos públicos de investigación.

Imagen tomada de http://www.testtm.com/propiedad-intelectual/

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Desde nuestra perspectiva, existen tres ámbitos primordiales a considerar para que una invención transcienda y pueda llegar a innovar. Estos ámbitos son, en orden no necesariamente secuencial, el ámbito científico-tecnológico, el ámbito jurídico-legal y el ámbito del mercado y comercialización. Tomando en consideración lo anterior, y dando por sentado que una vez que la tecnología tiene la suficiencia o madurez de desarrollo, lo conducente y que agrega valor a la invención es dotarla de una figura jurídica. ¿Cómo se logra esto? Bueno, es en este punto donde entramos en lo que se denomina, de la forma más general, Propiedad Intelectual. En específico y en lo que reviste más atractivo para el tema en cuestión, nos referiremos a la propiedad industrial a través de lo referente a Patentes; y ¿por qué decimos más atractivo?, si bien es cierto que no es una condición indispensable para tener una innovación, sí lo es en el sentido de dar la seguridad, desde la perspectiva de la posesión, exclusividad, poder de dominio y usufructo del bien, ya que a través de la patente el estado le concede al poseedor el derecho de hacerlo, recalcando que es de forma exclusiva.

He ahí la relevancia y valor de las patentes, tan importantes que las mismas son contempladas como una de las consideraciones del grado de competitividad de cada país y contrastadas a nivel mundial como el referido al inicio del presente artículo. Y esto es así ya que ese derecho se ve capitalizado en recurso económico, a través de la comercialización dentro del mercado.

Las patentes son muy importantes, ya que como mencionamos, dan el derecho sobre su uso y explotación, de forma exclusiva. Quién no ha escuchado los litigios millonarios de grandes compañías transnacionales como Apple vs Samsung por, en forma coloquial de decirlo, “copiarse” la tecnología. No es otra cosa más que un litigio sobre el infligir sus derechos de patentes o sus reivindicaciones.

En nuestro sistema o ámbito nacional, en los últimos años, se ha venido impulsando o fomentando la cultura del patentamiento que, aunque incipiente en centros públicos de investigación, marca un firme inicio de tendencia. Esto es así dado al cambio de paradigma que se debe operar en los usos y costumbres de nuestros investigadores, es decir, antes de publicar los artículos, producto de sus investigaciones y trabajo, se debe evaluar el potencial de éste o sus posibles implicaciones o, como lo que hemos escuchado en algunos otros sitios, la “fecundación cruzada”, que no es más que el aprovechamiento del resultado de la investigación en otro campo distinto al de su gestación. Tratando de resumir lo anterior, en palabras de Pablo Picasso “…la inspiración te encuentre trabajando”.

Volviendo al tema principal, como podemos deducir de lo antes descrito, la oportunidad, hablando en términos positivos, para capitalizar el conocimiento depende en gran medida del conocimiento en este tema, la disponibilidad y sobre todo de la intención de investigadores e inventores de sumarse activamente a esta sinergia, ya que como expusimos al inicio, en México se cuenta con gran potencial en capital intelectual y recurso humano generador de bienes intangibles, que se pueden plasmar o llevar a un posible patentamiento, y a través de este como bien, se ha acuñado el concepto ciencia con retribución social.

Cierto es que aun hay trabajo por hacer en todos y cada uno de las distintas esferas que se conjuntan en este tema, y que de hecho se han venido dando con las nuevas reformas a la ley de ciencia y tecnología, en particular a lo referente a las participaciones de los investigadores en el aprovechamiento de sus invenciones o desarrollos, sin embargo, falta en detalle la definición de los posibles conflictos de intereses a los que hace mención dicha enmienda; es decir, en este como en otros muchos ejemplos falta cerrar el círculo en y para beneficio del objetivo o bien común.

Si bien el camino es largo, el horizonte está claro en cuanto a la dirección y rumbo que es necesario tomar desde cualquiera que sea nuestra trinchera en este llamado ecosistema de innovación. Como todo cambio, representa desde el rechazo, la incomprensión basada principalmente en el desconocimiento, o la apatía. Es altamente motivante y esperanzador ver que cada día hay más y mayores foros y personas que se ocupan desde difundir, impulsar y trabajar a favor de esta “filosofía” que indudablemente e independientemente de los índices de competitividad y desarrollo serán en beneficio de todos los directa e indirectamente involucrados.

 

cdario@inaoep.mx