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Y nos dieron las diez

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Dice la letra de un tango que 20 años no es nada, y así iba a titular esta presentación, usando la mitad del valor del número, desde luego, ya que no solo menciona el “mirar de las estrellas”, con lo que tendría material para hablar del Oanton, sino que también dice que “siempre se vuelve al primer amor”, y en la primera edición de la FILEC tuvimos la “presencia” de Argentina, así que ya tenía hilo.

p-03Sin embargo, como siempre sucede cuando platico con los promotores de lectura, se les ocurren otros textos mejores, así que hablando con Érika Burgos surgió la canción de Sabina, y creo que es más adecuado como título para hablar sobre los aniversarios a los que estamos dedicando este número de Saberes y Ciencias.

Por un lado, a los astrónomos les dan las diez y las 11, las 12 y la una, las dos y la tres, pero observando el cielo, como lo han hecho desde hace 75 años los astrónomos del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (Oanton), antecesor del INAOE, inaugurado en febrero de 1942, y que con sus descubrimientos pusieron la vara muy alta en la investigación científica mexicana.

Por otro lado, nos dieron las diez ediciones de la Feria Internacional de Lectura, la ahora, no puedo resistir decirlo, famosa y muy esperada FILEC. Una gran fiesta en la que, aunque solo nos desvelamos el sábado de la Noche Astronómica, sufrimos muchas desveladas previas al evento y no sólo por la preparación del programa, sino porque la falta de presupuesto anual, más los brutales recortes de este año, nos han quitado “un poco” el sueño.

Lo cierto es que tanto el Oanton como la FILEC han sido sueños. El Oanton fue un sueño de Luis Enrique Erro que quiso sumergir a México en la astrofísica moderna y la FILEC es el sueño de los organizadores por sumergir a nuestro país en los libros y la lectura. El sueño de Erro se ha cumplido, y sigue dando frutos, y la FILEC sigue intentando, aunque no sabemos hasta cuándo. Ambos proyectos sueñan con lo mismo, generar individuos críticos, pensantes, que tomen sus propias decisiones.

Aunque el pretexto que utilizamos para organizar la primera FILEC fue el aniversario del Oanton, inaugurado un 17 de febrero, ahora ambos eventos son bastante bien identificados por los asistentes. Estas personas que han ido creciendo con FILEC: niños que ahora son adolescentes, y adolescentes que ya son adultos, y adultos que son, bueno, más adultos, pero lo más importante es que todos ellos son más lectores y más cercanos a las estrellas, a la literatura y a la ciencia.

Esto se debe, quizá, a que la relación ciencia y literatura no podría estar mejor promovida sino por la organización de una feria de lectura en un observatorio astronómico. Aunque esta relación ya se había cultivado antes, es conocida la presencia en Tonantzintla, durante muchos meses y muchas veces, de escritores como Carlos Fuentes, Fernando Benítez y desde luego Elena Poniatowska, ahora la presencia anual de 20 mil personas en busca de historias y estrellas ya no pasa desapercibida.

Seguramente Erro sí sabía en 1942 en qué se convertiría el Oanton, pero en 2007, cuando la primera FILEC, no sabíamos qué resultaría de esta cosa que estábamos organizando. Si el sueño de Luis Enrique Erro se ha cumplido, el sueño de FILEC sigue en proceso, aunque a veces se quiere volver pesadilla, cuando parece que el presupuesto no va a ser suficiente.

Para continuar con el proceso, lo que nos gustaría es que, con la décima FILEC que estará celebrando el aniversario 75 del Oanton, se sigan generando sueños y, aunque ya es mucho pedir, quisiéramos que lo mismo suceda con los textos incluidos en este número. Que los esfuerzos y logros en materia de astronomía y lectura en nuestra región, que se muestran aquí, les quiten el sueño, aunque sea por leerlos en la noche o porque salieron a mirar las estrellas.

 

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