El reto de participar en la planeación de la ciudad

p-05Durante las últimas décadas hemos observado grandes obras de infraestructura y transformación urbana que se han generado en la ciudad de Puebla; quizás en algunos casos las aprobamos y en otros no, otras tantas las cuestionamos e incluso las reinventamos en nuestro imaginario particular, lo que conlleva a criticar el actuar de los gobernantes y nos alienta a participar en la planeación urbana de la ciudad. En seguida intentaré ofrecer un panorama general respecto a lo que debe enfrentar la voluntad ciudadana cuando se decide a participar.

Se parte de la premisa de que todo lo que ocurre en la ciudad impacta de manera directa e indirecta en todos los que habitan en ella, ¿o acaso no han sentido molestia cuando de camino al trabajo se encuentran con una vialidad cerrada y tienen que modificar su trayecto; o cuando por la determinación de un cambio de uso de suelo se construye un “antro” junto a su casa, robando la tranquilidad al barrio; o cuando observa las calles de la colonia sin pavimentación y servicios públicos mientras persiste la decisión de dirigir las inversiones de la ciudad hacia las mismas zonas, o cuando se construyen obras nuevas sobre obras recién terminadas?

Últimamente se oye hablar con mayor frecuencia sobre la participación ciudadana. No se trata de un tema nuevo, toda vez que existen antecedentes de organización y participación ciudadana, como el plebiscito de 1824, el cual dio como resultado la incorporación de Chiapas a la nación mexicana. Sin embargo, para poder ejercer esta participación en una democracia representativa es necesario contar con una definición jurídica que permita a las instituciones y a los ciudadanos ejercerla libremente y con plena delimitación de sus alcances.

A nivel constitucional, nuestra Carta Magna no establece una definición concreta de la participación ciudadana; si bien hace mención de conceptos como participación de la ciudadanía, participación de los sectores social y privado, participación de grupos sociales y participación vecinal, no define qué se entiende por ello, lo cual resulta fundamental para poder incorporarlo al marco legislativo de los tres órdenes de gobierno.

Otro elemento a considerar es la generalidad de nuestro marco jurídico, el cual pretende impulsar la participación ciudadana mediante conceptos como el fortalecimiento y acceso, a través de diversos procedimientos y mecanismos establecidos con poca precisión, lo que otorga a cada autoridad la posibilidad de interpretarlos y aplicarlos de manera distinta.

La Ley de Desarrollo Urbano del Estado de Puebla establece un procedimiento para la elaboración de programas de desarrollo urbano (instrumentos normativos encargados de ordenar en los ámbitos urbano y territorial a los centros de población), los cuales deberán considerar la participación ciudadana mediante tres elementos fundamentales. El primero de ellos es la conformación de un órgano auxiliar de análisis y opinión denominado Consejo Municipal de Desarrollo Urbano; el segundo, la publicación y difusión del anteproyecto del instrumento de planeación en el periódico local, así como su publicación en el sitio web del Ayuntamiento, con el objetivo de recibir opiniones de la ciudadanía; y el tercero, la realización de audiencias públicas en donde el consejo y los particulares presenten por escrito al Ayuntamiento sus comentarios al anteproyecto.

En el caso del municipio de Puebla, posterior a la publicación de la Ley General de Asentamientos Humanos de 1976, se han actualizado estos instrumentos de planeación urbana en los años 1980, 1991, 1994, 2001, 2006 y recientemente en 2016. ¿Recuerda haber participado en alguno de ellos?, y más importante aún, ¿ha notado que la participación ciudadana se limita a emitir opinión, lo cual no modifica las decisiones de gobierno plasmadas en el anteproyecto del instrumento de planeación emitido por parte de las autoridades?

Cabe señalar que el ayuntamiento de Puebla reconoció en 1985 la necesidad de la participación de la comunidad en la vida institucional del municipio, mediante la creación del Consejo Consultivo del Municipio de Puebla, el cual brindaría opinión y asesoría siempre y cuando el Ayuntamiento lo requiriera, lo que lleva a preguntarnos si las autoridades del gobierno municipal realmente pretendían abrir el debate público respecto al curso institucional de la ciudad o sobre las decisiones de la agenda política.

A treinta y tres años de haber sido reconocida la necesidad de la participación de la comunidad en la vida institucional, se ha creado en el municipio de Puebla una diversidad de espacios de representación y participación ciudadana, entre los que destacan los consejos de participación ciudadana creados en el año 2012 y que a la fecha suman 19; se han creado mesas directivas de colonia, consejos ciudadanos de seguridad, se ha instalado el presupuesto participativo o la iniciativa “proyecta tu ciudad”, por citar solo algunos ejemplos. Sin embargo, todos ellos tienen en común las mismas atribuciones y limitaciones de opinión y consulta.

Esta situación muestra un panorama desalentador; empero, es necesario no claudicar en esta exigencia ante las autoridades. Es verdad que ellas tienen una gran responsabilidad al respecto, sin embargo, al día de hoy se necesita mayor activismo y organización de la sociedad y sus ciudadanos, que permita cambiar la percepción de la participación en una sociedad tan desigual. Basta recordar los datos de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2012 (ENCUP), la cual señala que 50.75 por ciento de los encuestados piensa que los problemas de la sociedad deben ser resueltos por el gobierno, 79.45 por ciento nunca ha participado a favor o en contra del gobierno o de alguna causa y apenas el 12 por ciento de los encuestados participa o forma parte de alguna organización de ciudadanos.

En palabras de Noam Chomsky, algunos de los principios de la concentración de la riqueza y el poder son reducir la democracia, modelar la ideología y atacar la solidaridad; esto último representa el triunfo el individualismo, en donde no importan los demás, sino solo velar por el interés de uno mismo, situación que pudiera explicar por qué existe un bajo nivel de participación ciudadana, sumado a la falta de interés del gobierno para impulsarla.

El reto es enorme y tal vez tendríamos que preguntarnos a dónde vamos a partir de aquí, tal como lo hiciera Martin Luther King al cuestionar la existencia de 40 millones de pobres en los Estados Unidos. El panorama pudiera resultar adverso, pero no tanto como lo que sucede en otros territorios de nuestro país; recordemos la situación que se vive en los estados de Chihuahua, Guerrero y Oaxaca, por citar solo algunos, en donde la impunidad y la falta de voluntad política han dejado a los luchadores sociales en estado de abandono.

Participar implica la construcción de ciudadanía y la búsqueda del bien común; los espacios existentes, aun con limitaciones, esperan ser ocupados por ciudadanos activos y comprometidos, con voluntad a prueba de obstáculos institucionales, por lo que podríamos iniciar el camino al menos conociendo o conformando nuestra mesa vecinal para transformar nuestro entorno inmediato.

 

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