Ámbar: límites y perspectivas de su estudio

Reconstrucción paleobiológica. Autor: José Antonio Peñas Artero

Reconstrucción paleobiológica. Autor: José Antonio Peñas Artero

Lo más fascinante de observar una pieza de ámbar es imaginarse cómo vivió el insecto, la araña, o algún otro tipo de organismo fosilizado en el interior, y cómo llegó a quedar atrapado por la resina hace millones de años.

En pocas palabras se puede decir que el ámbar es la resina producida por un árbol que atrapó organismos mientras fluía y que posteriormente fosilizó. Su estudio se encuadra en una amplia disciplina que abarca grandes campos de la ciencia dependiendo del tipo de organismo conservado o del enfoque que se adopte. Además, el ámbar es uno de los pocos recursos fósiles adecuados para el estudio de relaciones ecológicas y biológicas del pasado, principalmente de los artrópodos, pero también de aves, mamíferos, moluscos, etcétera. (por ejemplo1, 2, 3). Pocos tipos de fosilización pueden reunir tantas características de preservación excepcional como el ámbar, proporcionando además datos únicos sobre la edad de los diferentes linajes de organismos3, 4, sobre su radiación y su extinción5, o sobre su morfología, ya que los organismos se preservan en tres dimensiones e incluso su extracción ha sido posible en algunos casos 6, 7. Esto hace que la metodología de estudio no difiera mucho de la forma de trabajo de un neontólogo, es decir de los científicos que estudian los organismos actuales. Sin embargo, en ocasiones es necesario el uso de nuevas tecnologías como la tomografía o el uso de luz infrarroja.

El uso de la tomografía en paleontología se ha intensificado en los últimos años y en el caso del estudio de insectos en ámbar ha sido especialmente acusado. Esta tecnología nos permite ver a través de piezas opacas o incluso ver a través de la cutícula del organismo fosilizado y descubrir caracteres internos cuando estos están bien preservados.

Aunque las inclusiones en la resina fosilizada generalmente están exquisitamente preservadas y los depósitos están distribuidos por todos los continentes, con excepción de la Antártica, el estudio de la paleobiodiversidad, a partir de la biota preservada en ámbar, tiene limitaciones muy importantes a tener en cuenta. Los depósitos de ámbar no se formaron de manera constante en el tiempo. Los primeros registros de fósiles en ámbar datan del Triásico Superior (230 millones de años)8, sin embargo, únicamente se han encontrado los restos de una especie de mosquito (Diptera: Nematocera) y dos especies de ácaros. Los depósitos de ámbar más numerosos en el planeta datan de Cretácico Superior e Inferior (~130-99 millones de años), principalmente de EEUU, España, Francia, Líbano y Myanmar, con una gran cantidad de bioinclusiones descritas. El siguiente gran salto en el tiempo es hasta el Eoceno (~45 millones de años) con el depósito de ámbar mejor estudiado, correspondiente al ámbar del Báltico, y con nuevos depósitos hallados en la India (52 millones de años) y en China, en el área de Fushun (50-53 millones de años). Por último, otro salto nos lleva hasta el Mioceno inferior y medio con los depósitos de ámbar de la República Dominicana, México, Perú y Etiopía (~22-16 millones de años). Todos ellos tienen poco en común, ya que no solo se originaron en épocas y regiones diferentes, sino también por especies diversas de árboles, ya fuesen angiospermas (plantas con flores) o gimnospermas (plantas sin fruto). Sin embargo, comparten algo en común, la fauna registrada en la resina fósil en ningún caso representa bien la fauna de los diferentes ambientes del bosque resinífero, sino que de forma claramente preferente atrapó la fauna que vivía en el árbol productor de la resina y otros organismos relacionados9.

Algunos ejemplos muy ilustrativos de lo indicado anteriormente se hacen evidentes cuando se estudia más en detalle a un grupo de organismos en particular. Los fóridos, por ejemplo, son un grupo de mosquitas megadiversas en la actualidad que, además, se desarrollan en muchos hábitats diferentes. Los fóridos son depredadores, carroñeros, parásitos, polinizadores o se pueden alimentar de materia orgánica en descomposición. Los géneros más comunes y abundantes en ámbar son los depredadores y los carroñeros que vuelan en enjambre en busca de alimento10 (Ver figura). Su abundancia se debe a la relación que tenían, como en la actualidad, con los insectos que habitaban el árbol productor de resina, y no precisamente a que hayan sido extremadamente abundantes en los bosques resiníferos. De esta manera se puede explicar que ciertos grupos de insectos aparezcan sobrerrepresentados en las resinas fósiles. Algunas de las causas para la abundancia de ciertos grupos de artrópodos en el ámbar pueden ser también una oviposición directa en el tronco, la recolección de resina para la elaboración de los nidos (ya que la resina cumple diversas funciones beneficiosas para tal fin, como su capacidad antibiótica y fungicida), el parasitismo sobre insectos arbóreos, etcétera. En consecuencia, gracias al ámbar podemos conocer con detalle algunos aspectos de la evolución de los fóridos, por poner sólo un ejemplo, mientras que otros muchos grupos de artrópodos se muestran más esquivos a la investigación paleoentomológica.

 

Referencias

  1. Peñalver E et al. 2017. Ticks parasitised feathered dinosaurs as revealed by Cretaceous amber assemblages. Nature communications, 8(1), 1924, DOI: 10.1038/s41467-017-01550-z
  2. Pérez-de la Fuente R, Delclòs X, Peñalver E, Engel MS. 2016. A defensive behavior and plant-insect interaction in Early Cretaceous amber–The case of the immature lacewing Hallucinochrysa diogenesi. Arthropod Structure & Development, 45(2), 133-139.
  3. del Carmen Perrilliat M, Vega FJ, Coutiño MA. 2010. Miocene mollusks from the Simojovel area in Chiapas, southwestern Mexico. Journal of South American Earth Sciences, 30(2), 111-119.
  4. Peris D, Solórzano Kraemer MM, Smith SM, Cognato AI. 2017. Eoplatypus jordali gen. n. et sp. n., the first described Platypodinae (Coleoptera: Curculionidae) from Baltic amber. Arthropod Systematics & Phylogeny, 75(2), 185-194.
  5. Schultz TR, Engel MS, Aschier JS. 2001. Evidence for the origin of eusociality in the corbiculate bees (Hymenoptera: Apidae). Journal of the Kansas Entomological Society, 74(1), 10-16.
  6. Azar D. 1997. A new method for extracting plant and insect fossils from Lebanese amber. Palaeontology, 40(4), 1027-1060.
  7. Mazur N, Nagel M, Leppin U, Bierbaum G, Rust J. 2014. The extraction of fossil arthropods from Lower Eocene Cambay amber. Acta Palaeontologica Polonica, 59(2), 455-459.
  8. Schmidt AR et al. 2012. Arthropods in amber from the Triassic Period. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109(37), 14796-14801.
  9. Solórzano Kraemer MM, Kraemer AS, Stebner F, Bickel DJ, Rust J. 2015. Entrapment bias of arthropods in Miocene amber revealed by trapping experiments in a tropical forest in Chiapas, Mexico. PloS one, 10(3), e0118820.
  10. Solórzano Kraemer MM, Brown BV. 2017. Dohrniphora (Diptera: Phoridae) from the Miocene Mexican and Dominican ambers with a paleobiological reconstruction. Insect Sytematics and Evolution, DOI 10.1163/1876312X-00002174

 

 

monica.solorzano-kraemer@senckenberg.de