Lago sí; aeropuerto no

Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”

Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”

Con bombos y platillos en 2014 se anunció la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en ese momento se dijo que sería el primer aeropuerto totalmente verde y sustentable de México y América Latina, pero, qué tan cierto es todo esto y por qué ha generado tanta controversia su construcción, no sólo por lo costoso que resulta la obra, sino también por el impacto ambiental que pueda generar dicha obra.

Como ya se ha mencionado en diversas ocasiones, el problema de desabasto del agua es algo preocupante para el centro del país, principalmente para la CDMX, y es que, desde hace algunos años se ha planteado a los gobiernos de esta ciudad el rescate y conservación de algunos cuerpos de agua, como el lago de Texcoco, de hacerlo, lograrían un equilibrio hídrico de la cuenca; sin embargo, la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México traería el desabasto de este vital líquido para las casi 180 mil personas que viven cerca del lugar, por la desecación del lago, provocando, por otro lado, el hundimiento a un ritmo acelerado de dicha obra.

A lo largo de la historia de este lago se ha registrado la presencia de una gran cantidad de especies tanto de plantas como de animales que viven en esta zona, sin contar a las miles de especies de aves migratorias que año con año llegan a este lugar, la construcción del aeropuerto pondría en riesgo la vida de todas las especies.

El lago, según los reportes presentados por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), es un cuerpo de agua permanente y que presenta una buena calidad el agua. Dentro de la construcción del NAIM, se pretende que el lago además de ser desecado, se convierta en un sistema de regulación, es decir, que sean vertidas aguas residuales, esto se les ha ocurrido a los involucrados en la construcción, ya que se requieren de ciertas medidas de seguridad en la construcción, en pocas palabras, pretenden secar un lago natural para crear uno artificial con las aguas residuales, son de las cosas más absurdas que se les pudieron haber ocurrido.

En las últimas semanas la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a nivel mundial ha pedido cambios rápidos contra el calentamiento global para evitar que la temperatura del planeta siga en aumento, y esto, querido lector, seguramente se estará preguntando, ¿qué tiene que ver con el nuevo aeropuerto?, pues resulta que los aeropuertos son fuentes de emisión de CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero, en donde la atmósfera de la tierra se calienta, permitiendo que la temperatura del planeta aumente.

Para contrarrestar un poco este problema, es necesario hacer una serie de estudios que determine la cantidad de CO2 que será emitido por los aviones y así poder generar estrategias que mitiguen un poco el problema. Una de las estrategias o soluciones que se proponen en la mayoría de los casos es una reforestación en las inmediaciones del aeropuerto, para que funcione como amortiguador y capture la mayor cantidad de carbono; sin embargo, para el caso del NAIM, el estudio de cuánto CO2 será emitido por el aeropuerto y así poder calcular la cantidad de árboles que se tendrían que plantar, no existe, sin contar que no existe sitio o espacio para hacerlo.

No obstante, dentro del proyecto se tiene considerada la reforestación con dos especies de árboles, una del género Tamarix y la otra del género Casuarina, ambas son especies exóticas para nuestro país. Tamarix es originaria de Asia y África, comúnmente se le conoce como Pino salado, los especialistas han descrito que sus raíces logran extenderse hasta llegar a los niveles freáticos, mientras que sus hojas almacenan el exceso de sales hasta que se caen al suelo, la acumulación de las hojas en el suelo impide la germinación y crecimiento de plantas nativas. Por otro lado, Casuarina es originaria de Australia y del sureste de Asia; los expertos la han clasificado como una plaga, compite por recursos (suelo, agua y sol) desplazando a las especies nativas. La siembra de estos de árboles provocaría la pérdida de biodiversidad que se encuentra en ese lugar.

Y si esto no es suficiente, la construcción del NAIM provocaría la acumulación de calor, debido a la absorción por los materiales de construcción, generando futuras contingencias ambientales.

Con todo esto, querido lector, no nos queda más que hacerle una pequeña pregunta: ¿lago o aeropuerto?

 

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