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Oprobiosa violación

Venezuela, al igual que otros países que han osado no alinearse a la hegemonía de Estados Unidos (EE. UU.), han sido vejados por el gobierno del imperio con el beneplácito y/o complicidad de los organismos internacionales que deberían promover la concordia y entendimiento con base en el derecho internacional. Procesos y protocolos legalmente constituidos y autoridades legítimamente electas han sido violentados por el hegemón para preservar su decadente supremacía militar, económica, ideológica y financiera en el mundo globalizado: Irán, Irak, Libia, Nigeria, Somalia, Siria, Yemen, Ucrania, Guatemala, Cuba, Honduras, Chile y Venezuela.

La revolución bolivariana, encabezada por Hugo Chávez en sus inicios y Nicolás Maduro posteriormente, fue secularmente asediada por el imperio (golpes de estado, sanciones petroleras, congelamiento de activos, incautación de buques petroleros) hasta que finalmente EE. UU. violó militarmente el espacio aéreo y territorial de Venezuela, mató a 80 personas y secuestró al presidente legal y legítimamente electo. Este acto de barbarie tuvo como propósito explícito apoderarse del petróleo venezolano y remover regímenes antagónicos al mismo.

En los próximos 25 años la demanda de petróleo seguirá creciendo, las energías llamadas limpias no han logrado disminuir sus requerimientos. Venezuela posee 17 por ciento de las reservas probadas del mundo, lo que equivale a siete veces las reservas probadas de petróleo de EE. UU. y a 8.2 veces el consumo mundial de petróleo; sumadas la producción de petróleo de Venezuela con la de EE. UU.  equivalen al 20 por ciento de la producción mundial, con lo cual EE. UU. será fijador del precio internacional del mismo y podrá condicionar su suministro a estrategias y políticas públicas favorables a su hegemonía y a la prevalencia del dólar como divisa internacional. Cabe recordar que el déficit y la deuda pública del hegemón es en dólares, y la emisión de esta moneda y su baja tasa de interés le permite financiar el gasto público.

La apropiación del petróleo venezolano y su virtual adjudicación a empresas norteamericanas subieron el valor de las acciones de dichos consorcios, así como el de los bonos y el precio del oro y la plata. Consagrado el ultraje y sin más límite auto asumido que el de su moral, el presidente de EE. UU. amaga con invadir México para combatir a los grupos criminales que trasiegan drogas. La invasión a Venezuela perpetrada por Donald Tump fue con el pretexto de detener al que, según su dicho, era jefe del cártel de las drogas, acusación que nunca fue fundamentada, pero sirvió de excusa para abogarse derechos sobre petróleo, oro y plata.

Trump dice que combatirá al narcotráfico fuera de su país por vía terrestre, pero no hay acción programada para disminuir el consumo de drogas en EE. UU. o confiscar el dinero del narcotráfico. La droga se consume en su territorio, es ahí el punto final de la distribución, donde los estupefacientes se transforman en dólares y estos no son retenidos; tampoco se combate su distribución ni hay acciones específicas para desalentar su consumo; es más rentable confiscar el oro o petróleo de Venezuela que las divisas del narco. Terrorismo y drogas son estrategias discursivas para invadir militarmente a gobiernos incómodos, apropiarse sus recursos naturales, deponer gobiernos legítimos e imponer regímenes autoritarios, antidemocráticos y proimperialistas; lo cual no siempre es factible si los gobiernos acechados disponen del apoyo mayoritario y consciente de la mayoría de la población, por lo que criminalizarlos, desprestigiarlos, calumniarlos y asociarlos al crimen y a la corrupción son estrategias mediáticas de confrontación previas a la invasión.

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