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Plan México

La apertura comercial de México a partir del acuerdo comercial convenido en 1994 con los gobiernos de Estados Unidos (EE. UU.) y Canadá fue total: ahora importamos 47 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y exportamos 42 por ciento (solo a EE. UU. se le vende 36 por ciento del PIB). Nuestras capacidades productivas se destruyeron y la relocalizada industria, asociada a empresas transnacionales, tuvo escasos efectos detonantes para proveedores y desarrollos locales, la creación de empleos o la innovación tecnológica.

Con la globalización emergió un nuevo hegemón que desplazaría industrial, tecnológica y comercialmente al vecino del norte: en 1994, de China procedió 0.8 por ciento de nuestras importaciones y en 2025 fue 20 por ciento; considerando a todos los países asiáticos, los porcentajes respectivos fueron de 11.9 y 43.7. El aumento de la presencia de los países de oriente en el comercio internacional fue proporcional a la declinación de EE. UU: hoy, el valor importado de Asia supera al estadounidense. La importación de pieles, calzado y textiles procede principalmente de Asia, lo mismo la importación de máquinas y aparatos, de maquinaria y material electrónico y del mobiliario médico-quirúrgico. Tal situación fue posible por las productividades más elevadas y menores precios unitarios; esas importaciones solventaron nuestras exportaciones, cuyo destino (85 por ciento) fue EE. UU.

Incapaz de sobresalir en un régimen global de libre comercio, EE. UU. nos impone condiciones para limitar las importaciones asiáticas: gravarlas y limitar su acceso al mercado nacional. Con tal propósito, el gobierno de México diseñó una estrategia para sustituir las importaciones asiáticas y promover el crecimiento económico a través de corredores industriales ubicados en distintas regiones con variadas vocaciones productivas; se trata de fortalecer el mercado interno (vía de mayores empleos y mejores salarios); elevar el valor agregado de las exportaciones de los sectores estratégicos (automotriz, aeroespacial, energía, electrónico, semiconductores, farmacéutico y químico) y que 50 por ciento del valor agregado de los sectores del vestido y calzado, mobiliario y juguetes, sea producido en el país; elevar la inversión productiva (28 por ciento del PIB en 2030); lograr encadenamientos entre las pequeñas, medianas y grandes empresas transnacionales y una mayor integración económica con EE. UU.

El gobierno de México, con el Plan México, ofrece simplificación administrativa; coordinación institucional; incentivos fiscales; fuerza laboral capacitada y en formación permanente; banca de fomento industrial; generación suficiente y oportuna de luz, gas, agua; saneamiento de ríos contaminados; proyectos diversos de infraestructura; extensos servicios de educación y salud y una consolidada política social.

Gestionar crecimientos endógenos y concatenados, vinculados a la ampliación del mercado interno y a los polos de bienestar es encomiable, sobre todo, cuando incorpora innovación tecnológica y un porcentaje significativo de valor agregado en el producto. Visibilizar y atender los problemas implícitos en el Plan México es necesario para su buen aterrizaje, algunos de estos han sido expuestos en este suplemento: la inversión bruta fija requiere crecer 8 puntos del PIB en cinco años y hay dilemas no resueltos (altas tasas de interés, bajas expectativas de ganancia, fondeo de la inversión púbica, tipo de asociación pública-privada); la sobrevaloración del peso abarata importaciones y encarece las exportaciones; las desiguales productividades entre China y México podrán encarecer el valor agregado nacional y el valor de reproducción de la fuerza de trabajo, lo que podrá reducir los salarios reales, aumentar la inflación y contraer y no aumentar el mercado nacional; la sustitución de maquinaria pesada y máquinas eléctricas requerirá plazos mayores al quinquenio y de inversionistas asiáticos, los que hasta el momento no han sido considerados; los sectores estratégicos de tecnología de punta son altamente densos en capital y no generan empleos con la misma intensidad que consumen capital; la concatenación entre las empresas según tamaño, sector y región no se define aún y las acciones por un medio ambiente sano aún no se bosquejan.

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