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Ensayo sobre dos ruedas

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· Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”
· Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”

El despertador se activa. Como cada mañana el reloj marca las 7:45 y abro los ojos, salgo de la cama y como cada día me alisto para ir al trabajo, casco, guantes y una bicicleta son mis compañeros en mi trayecto. El pie derecho en el pedal está listo para iniciar el viaje que como en cada pedaleo se siente a libertad. Iniciamos. En esta ocasión es largo el recorrido, tiempo suficiente para dar un paseo mental, los pensamientos libres y desatinados llegan a mi mente al ver distintas bicicletas, modelos, componentes, tamaños que además de las dos ruedas, tienen algo en común, sin duda la sonrisa de sus tripulantes. En ese momento me asalta un pensamiento e imagino la gran sonrisa que habrá tenido aquel inventor alemán nacido en 1785, Karl Friedrich Christian Ludwig Freiherr Drais von Sauerbronn, mejor conocido como Karl Drais, cuando inventó la Draisiana, un vehículo de dos ruedas alineadas e impulsada con los pies; con algunos ajustes, tiempo después se transformó en el velocípedo o la cleta, la bicla, la bici o baika (como la conocemos en México); este señor fue inspector forestal, así que supongo tenía un especial cariño a los árboles. Me pregunto si algún día pensó en la cantidad de modificaciones, diseños y modelos que iba a tener este velocípedo o si su invento sería el inicio de una gran vuelta al mundo. Volteo y veo un autobús repleto de personas con miradas de temor, cubrebocas que esconden sonrisas, caretas que se empañan con cada exhalación. Pandemia. Es el tema central entre las personas que de a poco han retornado a sus actividades laborales y sin querer me percato de que desde que inició la pandemia ha ido en aumento el ir y venir de personas que usan la bicicleta como medio de transporte seguro y que les mantiene en sana distancia de sus congéneres. Sonrío y pienso en cómo la baika en tiempos de Covid ayuda a la gente, los lleva de un lado a otro, los mantiene distanciados unos a otros por salud y hablando de la salud, ayuda a mejorar las condiciones físicas pero, quizá lo mejor, es el ahorro económico, en la bolsa unos pesos más no caen nada mal, la economía no anda nada bien por estos tiempos, pero siempre es un regalo ver a un ciclista que lleva a cuestas una mochila de la que se asoman unas rosas para la persona amada. En mi recorrido se me cruzan aves de diferentes especies, pinzones (Haemorhous mexicanus), zanates (Quiscalus mexicanus), estoy en el semáforo cercano a un río contaminado y veo sobrevolando en el cielo a un halcón (Falco columbarius), la sonrisa nuevamente llega a mi rostro y me alegro de que cada vez las personas usen el que me ha gustado llamar uno de los “mejores inventos de la humanidad”; me agrada pensar que los viajes en dos ruedas impulsados por dos piernas y no por motores puedan sumar a la toma de conciencia para mejorar la calidad medioambiental y restar a la posibilidad de nuevas pandemias, así como el casco es una protección para los ciclistas, la conservación de la naturaleza será la protección para evitar pandemias para la humanidad. La cleta en tiempos de la enfermedad Covid-19 debería ser la mejor aliada. Sin duda con el uso de la bicicleta la calidad del aire sería mucho mejor en nuestro lugar de residencia, recuerdo haber escuchado al doctor López Gatell hablar de la mayor problemática que presenta hoy en día para la población mexicana ante la pandemia y es décadas de una mala alimentación y la poca actividad física, ojalá y se piense en minimizar la ingesta de alimentos de poca calidad nutricional y viajar más en dos ruedas. Son las 18 horas, me alisto para salir del trabajo y el cielo anuncia la llegada de una tarde lluviosa, el impermeable a mano y las primeras gotas de lluvia se precipitan, una gota cae y recorre mi brazo, mi piel que es el órgano más grande de nuestro cuerpo se estremece, será sin duda, un recorrido de una tarde de verano. Las dos ruedas están listas y las luces traseras parpadeantes invitan a miles de automovilistas a mantener una distancia de 1.5 metros y así evitar accidentes, sin duda una sana distancia. Finaliza el trayecto, la noche se hace presente, un satélite se asoma con una fase menguante que imita la sonrisa dibujada en el ciclista que dará la vuelta al mundo de los sueños una vez más.

 

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