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Coprotagonismo infantil:  Una oportunidad de tejer comunidad

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Foto: Enrique Taboada
Foto: Enrique Taboada

Hablar sobre el tema de niñez es remontarnos a nuestro pasado y recordar aquellas situaciones en las que solíamos divertirnos con otros niños/niñas, la forma en la que aprendimos ciertas cosas y por lo regular a las personas que estuvieron cercanas a nosotros; pero cuando el destino nos permite convivir, compartir y trabajar con las niñeces podemos analizar y valorar esta etapa valiosa y única en la vida para cuestionar: ¿Qué influyó en esta etapa para nuestra forma de ser y pensar?, ¿Cómo aceptamos y enfrentamos lo que sentimos?, ¿Cómo aprendimos a comunicarnos en nuestro entorno?, ¿De qué manera nuestras formas de pensar y ver las situaciones cotidianas de la vida en la niñez tuvieron un valor para los demás?

El círculo en el que nos desenvolvemos los adultos damos cuenta que la voz de las niñas y los niños la mayor parte del tiempo no es escuchada ni valorada, tomando por justificación la carencia de experiencia y la creencia de que en esta etapa los seres humanos somos como una tabula rasa sobre la que se escriben las formas “correctas” para ser adulto y con el paso del tiempo poder valernos por nosotros mismos para encajar con los demás; lo creemos porque desde la niñez hemos crecido con la mentalidad de que nuestras ideas, pensares y formas de visualizar la realidad son inferiores a la de los adultos que nos creemos expertos por el simple hecho de ser más grandes, porque así nos enseñaron, aprendiendo de los mayores; y no es que esté mal enseñarle a las niñas y a los niños qué acciones hacen el bien común, el problema central es que la mayor parte del tiempo no les damos la oportunidad ni tenemos la apertura para saber qué piensan o qué solución encuentran a ciertas circunstancias.

Ahora si nos situamos en el imaginario y reflexionamos de lo que nos gustaría dejarle como legado a nuestras siguientes generaciones, soñamos un mundo donde no hay guerras, violencia, maldad y todo aquello que hace destruirnos entre nosotros; para lograr una realidad de tal magnitud deberíamos centrarnos en las niñas y en los niños que serán nuestros sucesores, aceptar que la forma en la que los involucremos será la herramienta eficiente para reconstruirnos como comunidad, y es que cuando damos voz y participación a los niños y a las niñas, cuando nos damos la oportunidad de construir nuevas realidades y de mirar hacia nuevos horizontes que emancipan la sociedad que visualizamos en el futuro; es ahí donde se centra el tema del co-protagonismo infantil, llamado así porque es un paradigma que teje el puente y abre camino a una colaboración entre las niñas, niños y los adultos. Cussiánovich (2010) menciona que el co-protagonismo marca la interdependencia que nos hace libres y autónomos, la relación niño/niña-adulto exige simultáneamente la afirmación de su protagonismo y que los adultos no renuncien a su propio protagonismo. Es decir, que las decisiones sean el producto de un diálogo y acuerdo intergeneracional, sin imposiciones ni de un lado ni del otro.

Hacer coprotagonismo infantil es pensar en una participación activa de las niñas y los niños comenzando en el ámbito familiar donde las niñeces sean escuchadas, comprendidas, tomadas en cuenta, pero sobre todo valoradas. En el ámbito social asumirlos como seres socio-políticos donde las niñas y los niños puedan ser agentes, partícipes y protagonistas latentes en todos aquellos asuntos que ellos consideren que los involucran. Cuando gestionamos lo anterior damos paso a que los niños y las niñas puedan reconocerse, visibilizarse, empoderarse, autogestionarse, generar autonomía colectiva y bien común.

Y… ¿Cuál sería la intención de dar participación activa a las niñas y a los niños?, partiendo del reconocimiento que los seres humanos somos una construcción social e histórica de acuerdo a los tiempos, lugares y circunstancias en las que hemos crecido; dar cuenta de lo que vemos actualmente y en lo que queremos para el futuro; hacer hincapié de lo que queremos cambiar para construir una realidad más amena; es justo ahí donde tenemos la oportunidad de dar paso a edificar una sociedad que practique la no violencia de manera cotidiana, el intercambio activo de la equidad y la solidaridad y una sociedad más correlativa buscando el bien común.

Construir el co-protagonismo de los niños y las niñas implica dejar de lado la idea de que solo son receptores o seres que lo único que les corresponde es aprender; para comenzar a involucrarlos como seres sociales y políticos; integrar sus inquietudes, ideas y propuestas nos da la pertinencia como adultos de establecer relaciones con ellas y ellos desde la esfera de familia, sociedad y estado. Pero… ¿Cómo logramos esta cohesión? A partir del reconocimiento, es necesario reconocer que las niñas y los niños independientemente de su edad, ideas, opiniones, deseos, aspiraciones, gustos y miedos todos y cada uno son válidos. Asumir que de las niñeces mucho podemos aprender y como adultos aceptar que no siempre tenemos la razón también nos equivocamos, hacernos cargo de poder reconstruirnos para dar espacio, entender y acompañar a cada niña y niño.

Tejer esta relación implica un diálogo, poder establecerlo tiene como base el reconocimiento y saber escuchar, Freire (2008, p.107) dice: Porque escuchar, no meramente oír, implica valorar la palabra del otro y, en ese mismo acto, reconocer la otredad. En ese sentido, reconocer al otro en este caso a las niñeces nos compromete a convertirnos en agentes y compañeros, incide en poder tomar acuerdos de aquellas decisiones que beneficien a ambos, respetar la dinámica propia y las formas de organización y de comunicación, promover y compartir espacios de poder, que las decisiones sean el producto de un diálogo y acuerdo intergeneracional y ambos ser partícipes de la construcción de una nueva sociedad.

Entonces si comenzamos a tejer este puente para poder caminar todas y todos juntos, nuestros niños y niñas recordarán todas aquellas veces que fueron tomados en cuenta en esa decisión donde ellos estaban involucrados, aquella ocasión en la que pudimos entender su forma de ser y sentir, tener la seguridad que poder expresarse da la apertura a un diálogo y tomar acuerdos que beneficien a todas y todos.

Y a ti, ¿cómo te gustaría que las niñas y los niños cuando tengan nuestra edad recuerden su niñez?

 

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Referencias:

 

Cussiánovich, A. (2010). Aprender la condición humana. Ensayo sobre pedagogía de la ternura. Lima: IFEJANT

 

Freire, P. (2008). Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. Buenos Aires, Siglo XXI.

 

Morales, S. y Magistris, G. (diciembre de 2019). El co-protagonismo como nuevo paradigma de infancia, Kairos. Revista de Temas sociales, Publicación de la Universidad Nacional de San Luís, Año 23. No. 44.

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