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Los antiguos libros del nuevo mundo

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** Miguel León Portilla, Miguel. (2003). Los antiguos libros del nuevo mundo. México: Aguilar.
** Miguel León Portilla, Miguel. (2003). Los antiguos libros del nuevo mundo. México: Aguilar.

Eclipses en los códices prehispánicos

 

De los códigos de los siglos XIV al XVI se conservan quince códices, provenientes de los ámbitos Mixteco, Maya y del Altiplano Central. Los códigos se conocen por los nombres de quienes los poseyeron o de los lugares donde se conservan, versan sobre temas religiosos, astrológicos, calendáricos, genealógicos, históricos o económicos. Ese el punto de vista de su manufactura y del diseño de sus páginas pueden calificarse de verdaderas obras de arte. Entre ellos sobresalen los nombrados Borgia, Fejérváry-Mayer, Laud, Vindobonense, Nutall, Bodley, Tamalamatl, Madrid Vaticano B, Dresde, Tro – Cortesiano.

En la página 74 del Códice de Dresde que, junto con el Tro-Cortesiano o de Madrid son los más bellos manuscritos Mayas, encontraremos la imagen de un cataclismo cósmico en el que varios dioses participaron. (p19).

 

¿Aguacero torrencial o fin de una edad cósmica?
 La página 74 del Códice Maya de Dresde 

 

Se conserva el llamado Códice de Dresde en la biblioteca Estatal de Sajonia, en la ciudad de Dresde, Alemania. Aunque se ha dicho que el códice y otros importantes manuscritos allí preservados fueron afectados por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, su estado de conservación es bastante bueno.

Sobre el fondo de color achocolatado aparece un gran monstruo, cuyo cuerpo se halla cabeza abajo y se continúa arriba a la derecha a modo de banda celeste. En ella cuatro glifos, que son, de izquierda a derecha, los de hoch ek, la Gran Estrella (Venus); y caan, el cielo; k´in, “el Sol y akbal, “la noche (oscuridad). Tales glifos denotan que el gran monstruo, con bandas grises y azules, tiene su cuerpo en el universo celeste. Bajo los mencionados glifos se ven los de “eclipse de sol” y “eclipse de luna”.

De las fauces bien abiertas del monstruo y también debajo de los dos glifos de los dos eclipses simultáneos del Sol y la luna —acontecer en sí portentoso— salen grandes torrentes de agua de color azul que caen sobre la tierra. Entre los dos chorros de agua que provienen de donde se registran los eclipses se halla una diosa anciana, un poco inclinada, con un cántaro en sus manos del que sale más agua. Están juntos el fin del mundo, los eclipses y el agua que hace crecer las plantas de maíz.

Entre un eclipse anular y un total hay 177 días. Por ejemplo, entre el eclipse anular del 14 de octubre de 2023 y el de hoy, 8 de abril 2024 (incluyendo el 29 de febrero). Pues este dato, crucial para la predicción de ellos eclipses, era conocido por los mayas. De hecho, el mismo códice Dresde contiene 69 intervalos de 177 días.

Al contemplar las páginas de los pocos códices mayas que se conservan —conocidos como Dresde, París y Madrid, por los lugares donde están, y Grolier, por el de un club neoyorkino. Su temática, de contenido astrológico, calendárico y religioso está ilustrada por muchas imágenes de colores a las que acompañan textos glíficos. En la fotografía de la página 39 del libro de Don Miguel León Portilla, se puede observar partes del código Telleriano-Remense y los glifos de un temblor (c) y el de un eclipse (d).

 

Dos registros

 

Uno de los registros más antiguos, el 16 de julio de 790, está grabado en piedra en la Estela 3 del sitio maya Santa Elena Poco-Uinic.

Otro registro está grabado en la esquina noroeste de la pirámide de las serpientes emplumadas donde aparece representado y fechado, el 1 de mayo de 665, un eclipse total de sol.

 

 

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