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Podebis: oportunidad de desarrollo productivo regional en México

  1. Plan México y polos de desarrollo

El esquema económico de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) era sencillo, pero claro: la política social de transferencias y la política económica de aumento del salario mínimo lograron una recomposición de la demanda en favor de bienes de consumo inmediato y duradero; no obstante, para que los efectos de ese cambio tuvieran un mayor impacto en la economía nacional, las cadenas productivas locales y regionales debían recomponerse. Por ello, resulta fundamental contar con una estrategia que reduzca la dependencia nacional de las importaciones manufactureras.

Esto no es sencillo ni inmediato; sin embargo, en el entorno internacional se han configurado cambios de índole diversa que pueden contribuir a que lo anterior se concrete: el Covid-19, la guerra en Ucrania, el segundo mandato de Donald Trump. Es en este escenario de incertidumbre que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP) presenta el Plan México, una estrategia de desarrollo de largo plazo basada en la industrialización sustitutiva de importaciones, así como en proyectos de infraestructura público-privada.

Entre sus acciones se contempla licitar y construir parques industriales denominados Polos de Desarrollo para el Bienestar (Podebi). Los Podebi son zonas geográficas delimitadas que gozarán de condiciones especiales, cuyo objetivo es atraer inversiones y mejorar las capacidades productivas regionales para fomentar el desarrollo social y económico. Con AMLO se plantearon diez polos a lo largo del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec; en diciembre de 2023 se anunciaron otros dos que se asentarían en Chiapas. Con CSP los Podebi aparecen como la punta de lanza del desarrollo de infraestructura orientada a fomentar la atracción de nuevas inversiones productivas en el sector industrial: a mayo de 2025 se tienen contemplados o con distintos grados de avance 31 polos en 36 municipios de 20 entidades federativas.

Los Podebi representan una oportunidad para que México retome una estrategia de política industrial que posibilite el desarrollo regional con base productiva.

  1. ¿Por qué afirmamos que la industria es clave para el desarrollo?

Prácticamente la totalidad de los países que hoy distinguimos con el calificativo de desarrollados han tenido en la industria —en particular en la manufactura—, un pilar central para impulsar el crecimiento económico y mejorar los niveles de vida de la población. Esto se explica porque el crecimiento de la productividad —variable clave del crecimiento y el desarrollo económico de largo plazo— está estrechamente vinculado a las actividades industriales en la estructura productiva de un país.

La manufactura destaca por sus niveles de productividad superiores a los de otros sectores, lo que permite que la transferencia de recursos desde actividades rezagadas impulse el cambio estructural y el crecimiento agregado. Asimismo, ofrece condiciones favorables para la inversión, asociadas a las economías de escala y progreso tecnológico, cuyos efectos se difunden al resto de la economía mediante encadenamientos productivos y externalidades positivas.

Con ello no se desdeña la importancia de otros sectores, pues un proyecto de política industrial estaría incompleto y tendría un alcance limitado si excluyera el papel que juegan los servicios, particularmente los llamados servicios avanzados.

  1. La industria en las regiones: concentración en el espacio

La industria, como el desarrollo, no se distribuye homogéneamente en el territorio, sino que tiende a concentrarse en el espacio. Esta idea fue formulada por François Perroux, quien introdujo el concepto de polo de desarrollo para describir concentraciones territoriales de actividad económica originadas por la localización de una industria motriz de gran escala, caracterizada por economías de escala, acceso a mercados amplios y capacidad de generar efectos de arrastre sobre otras actividades productivas.

Dichos efectos se producen a través de encadenamientos productivos: el aumento de la inversión en la industria motriz impulsa un proceso acumulativo de concentración de actividades, infraestructura y servicios, desde el cual el desarrollo se difunde hacia el resto del territorio.

Desde esta perspectiva, la concentración de la actividad económica es un elemento central del crecimiento y el desarrollo. En consecuencia, los proyectos de política industrial regional, como los Podebi, buscan promover deliberadamente la aglomeración en ramas estratégicas, utilizando la concentración espacial como motor inicial del crecimiento y de los encadenamientos productivos.

La intervención estatal, por tanto, debe orientarse a reforzar o crear estos núcleos mediante inversiones selectivas en infraestructura productiva y social, ajustadas al grado de desarrollo de cada región, con el objetivo de facilitar posteriormente la difusión territorial del crecimiento.

El Plan México, a través de los Podebi, busca aprovechar las vocaciones productivas locales y las ventajas derivadas de la ubicación geográfica, así como generar nuevas concentraciones de actividad económica. Actualmente, los 31 polos se localizan en 34 municipios —principalmente en Oaxaca, Coahuila y Veracruz—; sin embargo, al considerar las regiones a las que pertenecen, el número de demarcaciones involucradas asciende a 309, lo que implica un impacto potencial sobre cerca de una quinta parte de la población del país.

Oportunidades y retos

Un elemento central para valorar el alcance de los Podebi es la naturaleza de la inversión que logren atraer y articular. La experiencia reciente en México sugiere que la inversión extranjera directa responde con mayor rapidez a los incentivos fiscales, la disponibilidad de infraestructura y la cercanía a los mercados internacionales. La inversión nacional tiende a reaccionar de manera más cautelosa y no ha despegado. Si los Podebi no logran integrar de manera efectiva a las empresas locales y regionales en las cadenas productivas que se formen, existe el riesgo de que operen como enclaves productivos con efectos limitados sobre el desarrollo regional.

En este sentido, el desafío no es únicamente atraer empresas, sino asegurar que los procesos de industrialización se traduzcan en encadenamientos productivos, transferencia de capacidades, generación de empleo de calidad y fortalecimiento del tejido empresarial local. Los decretos anunciados por el gobierno de México a principios de 2025, como el de relocalización, apuntan a ello y habrá que seguir de cerca sus efectos.

Los Podebi representan una oportunidad para reintroducir la dimensión productiva y territorial en la estrategia de desarrollo económico del país; su éxito dependerá de la coherencia entre los distintos niveles de gobierno, del protagonismo del ámbito local y de la capacidad del Estado para convertir la concentración inicial de la actividad industrial en un proceso sostenido de difusión regional.

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