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Oleada de saberes femeninos que retornan: de la experiencia a la visibilidad

La migración de retorno presenta un interés reciente. A nivel nacional inicia en el año 2000, crece en el 2011 y tiene su auge del 2015 al 2019. Durante el periodo 2000-2015, quienes retornaron a Tlaxcala fueron más hombres que mujeres (sin actividad laboral/económica) con edades que oscilan entre 40 y 60 años, con características como baja escolaridad, sumidos en el autoempleo, informalidad o el desempleo, de un total de 3 mil 596 retornados1. En este sentido, la presente redacción tiene como objetivo conocer las experiencias de mujeres migrantes de retorno en los años 2022-20232, de algunas localidades del municipio de Tlaxcala.

Se sigue las historias de nueve mujeres que aceitaron parte de la economía norteamericana, en trabajos precarios como encargadas de tiendas comerciales o de conveniencia, cajeras, preparando alimentos o cuidando niños, originarias de localidades de Tlaxcala, como Ocotlán, Tizatlán o de Ixtulco; partieron en el año 2000 hacia los Estados Unidos (EE. UU). Los nueve pares de brazos fuertes fueron menguando sus fuerzas y salud en lugares como Carolina del Norte, New York, California o Connecticut; con edades entre 30 y 40 años, una escolaridad rebasando el bachillerato, y solo una con licenciatura.

En Tlaxcala tejieron sus sueños e ilusiones en talleres de costura, educando a niños y niñas, atendiendo a la ciudadanía, dedicándose a estudiar o continuando en las labores del hogar. Al llegar al país vecino de acogida, dos de ellas siguieron cosiendo su realidad con el oficio aprendido en Tlaxcala; otras cuidaron hijos ajenos y se dieron tiempo para trabajar aseando algún gimnasio, preparando alimentos, atendiendo mesas, tiendas de conveniencia y apoyando en la parte de cobranza en una caja. Solo una de ellas pudo ver consolidado su sueño de trabajar y al mismo tiempo, atender su propio negocio, un gran logro, porque allá, las encargadas de tiendas pudieron mejorar su comunicación verbal atendiendo a clientes norteamericanos. Quien fue cajera se habilitó como manejadora eficaz del dinero, permitiéndole una mejor orientación al cliente. En la preparación de alimentos, la higiene fue fundamental para prepararlos requiriendo de concentración y organización, así como trabajar bajo presión en la atención al cliente. En el cuidado de los niños se maduró la responsabilidad para atenderlos y el respeto que generó la comunicación con los infantes. En este sentido, fueron vistas como líderes en su cuidado. Al ofrecer el servicio en las mesas de restaurantes obtuvo habilidades de atención al cliente; sabiendo que la buena presentación permite una atención personalizada y control del estrés. Otra habilidad adquirida fue la de orientar ideas sobre las ventas, así como la resolución de problemas. Otro oficio como la costura, impele la atención a los detalles y contar con cierta destreza; para quienes trabajaron en el aseo, requirió de manejar la higiene, ser rápidas, organizadas, aprendiendo a dominar el trabajo bajo presión.

Ir a trabajar a Estados Unidos para lograr algo diferente, pero encontrarse con un trabajo igualito (de taller de costura, por ejemplo) fue decepcionante. De ahí que alguien diga que al regreso no encontró eco a las habilidades aprendidas y conocidas. A ello se suma la edad para encontrar trabajo, pues en comparación con los Estados Unidos se resiente en Tlaxcala una cierta discriminación, pues algunas políticas internas de las empresas no aceptan  personas para trabajar de cierta edad, como lo comentó una mujer retornada al ser entrevistada: “Es lo que le digo, es más difícil para uno a cierta edad adquirir un trabajo, […] fui a un  ‘McDonalds’ [a Tlaxcala, a solicitar trabajo],  [y aceptan a personas] nada más hasta [los] 26 años y allá, había gente de 50 hasta 60 años trabajando y aquí no, no se nos permite, en nuestra tierra no (Comunicación personal, 2022)”. Sin embargo, ante las limitantes en las empresas varias de ellas emprendieron, son comerciantes vendiendo pollo o confeccionando sueños, a través de la hechura de ropa o vendiendo pizzas (Comunicación personal, 2022). La idea es salir adelante, a pesar de los sinsabores y desilusiones.

Los motivos del regreso, en la mayoría de los casos, fueron reunirse con la familia para atender cuestiones de salud, por reunificación, o simplemente “porque era tiempo de volver”. Unas regresaron en el año 2007 y otras en el 2012, sabiendo que cumplieron sueños, aunque no de forma satisfactoria. La ilusión de independencia económica se volvió una meta lejana debido a que los ahorros generados en el país vecino no les alcanzaron más que para mantener a sus hijos, y dependen aún de lo que les envíen sus parejas que siguen en los EE. UU. Al regresar a Tlaxcala les esperaba una realidad de dependencia que les impelió buscar trabajos para continuar cubriendo sus necesidades y gastos personales, de forma tal que algunas, sin éxito, esperaban concluir sus casas. No hubo de otra más que seguir viviendo con sus padres, en Tizatlán, Zacatelco u Ocotlán; alguien más al no encontrar trabajo, migró hacia Guadalajara.

En el eterno retorno de la migración a Tlaxcala ―cuando algunas pasaron del rol de mujeres trabajadoras a madres y esposas― parecería que nunca se fueron, pues en ellas “descansan” las responsabilidades multiplicadas. Su papel en esta representación del regreso tuvo cambios ligeros, pues las mujeres que dejaron a sus hijos e hijas, las abuelas asumieron el papel de madres. Otras, que eran solteras y dependían económicamente de los padres antes de partir, se convirtieron en proveedoras del hogar; las que eran casadas se separaron, pues el esposo se quedó laborando en los Estados Unidos. En el peor de los casos la pareja masculina falleció y ahora tienen un doble rol: jefas y madres de familia al mismo tiempo, estando al tanto del cuidado de la casa, de los hijos, y en ocasiones, del cuidado de sus padres, que es otro tema que requiere de más espacio.

No regresaron solas, pues el cuerpo les ha cobrado su cuota, no solo en las edades sino en la salud mermada. El costo ha sido alto y, las causas, diversas. Por ejemplo, al mismo tiempo que se “aclimataban” al sacrificio del trabajo excesivo, debieron respirar polvo de las costuras trabajadas, creando alergias. Reconocen que no se alimentaban de la mejor manera al comer alimentos con exceso de grasas saturadas, carbohidratos, sodio contenidas en las hamburguesas, pizzas, comida china, entre otros. Ello les causó obesidad mórbida, afectaciones en la vesícula, y diabetes. La exposición al frío al trabajar en frigoríficos, o con líquidos de limpieza, las hizo más sensibles a la exposición al frío y a iniciar con enfermedades pulmonares. Ya ni hablar del estrés debido a las cuentas por atenderse y atender su familia en consultorios privados y en instituciones públicas como el Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

La oleada femenina de saberes que retornó a Tlaxcala contiene experiencias y conocimientos que las han hecho visibles en sus trabajos de emprendimientos, autoempleos o de cuidados hacia la familia nuclear y ampliada, estando pendiente la atención y visibilización institucional de los tres niveles de gobierno.

* [email protected], [email protected]

1 Masferrer Claudia (2021) Atlas de migración de retorno de Estados Unidos a México, COLMEX, México.

2 Los datos fueron extraídos del trabajo de tesis de Rivera Sánchez Rafael (2023) Las condiciones sociofamiliares de mujeres migrantes de retorno de Estados Unidos al municipio de Tlaxcala, tesis de Maestría, COLTLAX.

Referencias

Rivera Sánchez Rafael (2023) Las condiciones sociofamiliares de mujeres migrantes de retorno de Estados Unidos al municipio de Tlaxcala. Tesis de Maestría, COLTLAX, Tlaxcala.

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