Todos los días, al cocinar, comprar una bebida, envolver un regalo o limpiar la casa, generamos residuos. Aunque muchas veces los llamamos simplemente “basura”, no todo lo que tiramos tiene el mismo destino ni impacto ambiental. La separación de residuos es una práctica sencilla que permite recuperar materiales útiles, reducir la contaminación y hacer más eficiente el trabajo de los rellenos sanitarios, los cuales son instalaciones diseñadas para disponer de manera controlada aquello que ya no puede aprovecharse.
Separar residuos no es solo una costumbre, responde a principios de química, biología, ingeniería y salud pública. Los residuos orgánicos, como restos de comida y poda de parques y jardines, se descomponen por acción de microorganismos. Por otro lado, materiales como vidrio, aluminio, cartón o plástico pueden conservar sus propiedades durante mucho tiempo y, si se recolectan limpios y separados, pueden reincorporarse a cadenas de reciclaje. Cuando todo se mezcla, los residuos orgánicos ensucian los materiales reciclables, dificultan su recuperación y aumentan la cantidad de desechos que terminan sin un buen manejo.
Desde la perspectiva ambiental, separar desde hogares, escuelas, comercios y oficinas ayuda a disminuir la extracción de recursos naturales, el consumo de energía y agua asociados a la fabricación de nuevos productos, y las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la descomposición de materia orgánica en sitios de disposición final. Una forma práctica de comenzar es dividir los residuos en tres grupos principales. Los orgánicos incluyen cáscaras, restos de frutas y verduras, residuos de jardinería y algunos restos de alimentos, pueden convertirse en composta si se manejan adecuadamente; los inorgánicos reciclables como papel, cartón, vidrio, metales y ciertos plásticos limpios y secos, y los no reciclables son aquellos que, por estar sucios, mezclados o hechos de materiales difíciles de procesar, no pueden reincorporarse fácilmente a un ciclo productivo.
Por otro lado, la clave está en evitar la contaminación cruzada; es decir, una botella de PET vacía y limpia tiene valor como materia prima; la misma botella llena de restos de comida o mezclada con pañales y residuos sanitarios puede perder ese valor. Por eso, la separación no termina al colocar los residuos en distintos recipientes: también implica enjuagar, secar, compactar cuando sea posible y respetar los días o sistemas de recolección establecidos en cada localidad.
La separación de residuos permite aprovechar lo que todavía tiene valor, mientras que los rellenos sanitarios ofrecen una disposición más segura para aquello que no puede recuperarse. Comprender esta relación nos ayuda a ver la basura no como el final de un producto, sino como una oportunidad para diseñar ciudades más limpias, saludables y sostenibles; sin embargo, no todo sólo es separar, el mal manejo de los residuos y su disposición final se traduce también en la contaminación de los suelos y el agua, así como la generación de enfermedades, convirtiéndose en muchos casos temas de salud pública.
De manera particular para el caso de Puebla, resulta que más del 60 por ciento de los municipios tienen problemas en el manejo de los rellenos sanitarios y de los lixiviados, líquido que se produce cuando el agua de la lluvia se filtra a través de residuos sólidos o materia orgánica. Al pasar por ellos, arrastra y disuelve sustancias químicas, formando un líquido espeso, oscuro y de olor desagradable, que puede ser altamente contaminante; y de manera concreta, para la capital, desde hace unos meses pobladores cercanos al relleno sanitario de Chiltepeque se han manifestado por el mal uso de este, enfatizando en la problemática de la contaminación del agua, los efectos ambientales y problemas de salud que podrían existir sobre las poblaciones y sus habitantes cercanos a este si no se actúa de manera inmediata.
Es importante reconocer que la responsabilidad no recae únicamente en los hogares de un lugar. Gobiernos, empresas, escuelas y comunidades deben ofrecer infraestructura, información clara, rutas de recolección diferenciadas, centros de acopio y políticas que favorezcan la reducción, reutilización y reciclaje de los residuos. La separación y el manejo integral de los mismos funciona mejor cuando existe un sistema que respalda el esfuerzo ciudadano y el bien común.
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