La Cámara Nacional de la Industria Editorial reportó una caída en la venta del libro y en su producción de 47.7 y 46.5 por ciento, respectivamente, entre 2012 y 2024; tres cuartas partes de esa disminución están asociadas a las menores ventas al gobierno: en 2012, 39 por ciento de las ventas de las editoras privadas fueron públicas; en 2024, solo 6 por ciento. Las ventas realizadas en librerías, escuelas, colegio y universidades, expendios propios y exportaciones también declinaron y deducidas las ventas al gobierno federal del total de libros vendidos, la variación porcentual en esos años fue de -17.7 por ciento.
El precio promedio del libro varió casi el doble con relación al índice nacional de precios al consumidor, entre 2020 y 2024 aumentó, ya deducida la inflación, en 28.6 por ciento; su comportamiento es similar al de los productos perecederos: en 2018, el precio promedio de venta de un libro impreso fue tres veces el costo unitario de su producción, en 2024 esa relación fue de cuatro tantos. En 2018, el precio promedio de un libro importado fue 2.3 veces el precio promedio de un libro impreso nacional y de 1.8 veces en 2024. Los altos márgenes de ganancia en la distribución y venta de los libros impresos y la pérdida de poder de compra de los lectores es una de las multicausales de la baja de ventas de libros y de su lectura. La apreciación de la moneda nacional dificulta la exportación de libros y facilita su importación: en volumen, la importación de libros pasó de 8 a 14 por ciento entre 2012 y 2024 y, en términos de valor, de 15.9 a 22.9 por ciento en los años mencionados.

El Inegi, a través de sus Módulos sobre lectura (Molec, años 2015-2024), registró una disminución absoluta y relativa de la población alfabeta de 18 años o más que lee libros en las principales ciudades de México. Según esa fuente, entre 2015 y 2024 disminuyó en 128 mil 924 dicha población, lo que significó que los lectores en 2015 fueron 50.2 por ciento de la ciudadanía alfabeta y en 2024, 41.84 por ciento. En libros leídos, en 2015 fueron 3.6 y en 2024 bajó a 3.2 libros por lector. Las lectoras suelen ser más que los lectores, pero éstos últimos leen más tiempo y más libros; entre libros leídos y edad hay una relación inversa, y directa con el grado de escolaridad.
En 2024, casi uno de cada diez lectores y lectoras dejaron de leer en un decenio. Por edad, la ciudadanía lectora de 45 años o más registró la mayor baja: fue 48.62 por ciento en 2015 y 35.17 por ciento en 2024. Otros formatos de lectura (principalmente para temas de entretenimiento y cultura); desmotivación asociada a estrés, enfermedad, discapacidad, precariedad u otras formas de goce y disfrute del tiempo libre pueden ser causales de la disminución de la lectura de libros.
El formato digital de libro desplaza paulatinamente al impreso: en 2015, solo 5.1 por ciento de los ciudadanos utilizaron ese formato, un decenio después eran 20.6 por ciento; en cambio, el impreso pasó de 87.9 por ciento a 74 por ciento en ese decenio, la diferencia con 100 lee ambos formatos. Los hombres leen más que las mujeres en formato digital, los jóvenes más que los adultos y, a mayor grado de escolaridad, mayor lectura digitalizada. En formato impreso, las mujeres leen más que los hombres, la relación con la edad es directa e inversa con el grado de escolaridad.

El Molec en sus encuestas aplicadas entre 2015 y 2024 clasifica en cinco grandes rubros los motivos de lectura (libros, revistas y periódicos); en el caso de los libros (impresos y digitales), el entretenimiento pasó de 47.7 por ciento en 2015 a 41.4 por ciento en 2024; la cultura, para esos mismos años fue 24.8 y 23.2 por ciento, respectivamente; por trabajo o estudios fue de 17.9 y 23.4 por ciento y por motivo religioso pasó de 7.6 a 10.6 por ciento. Con la emergencia de la inteligencia artificial es probable que continúen disminuyendo la lectura de quienes buscan entretenimiento y cultura.
Además de la disminución de la ciudadanía que lee y de los libros leídos, no hay mucha disposición a comprar libros: en 2015 era 44.36 por ciento de los lectores quienes lo compraban, en 2024 fue 33.3 por ciento quien lo hizo de esa manera. La mayor disminución se registró entre los hombres de 18 a 44 años y entre las mujeres de 45 años o más. Con costos crecientes de los insumos editoriales, una demanda decreciente del libro, editores no empresariales emergentes, libre comercio y formas alternas de lectura, el libro impreso agoniza.