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Notas sobre la resistencia social en la década de los setenta

El objetivo del presente texto es brindar un bosquejo de las manifestaciones sociales en nuestra entidad, centrado principalmente en el primer lustro de los años setenta del siglo pasado, tomando como referencia lo que acontecía en la UAP. Hay que recordar que, en ese lustro, se despliega ampliamente el descontento y la resistencia estudiantil, que fuera reprimida y masacrada en 1968, y, en el caso poblano, será el momento crucial de ruptura con los sectores políticos y sociales más reaccionarios.

Efectivamente, el movimiento del 68 fue el cierre de una década marcada por un México contrastante: se desplegaba el denominado milagro económico, “desarrollo estabilizador”, frente a una “paz social” iniciada diez años antes con la represión al movimiento ferrocarrilero, que era el eje de la resistencia obrera y popular de esos años. El encarcelamiento de miles de trabajadores, la toma violenta de las instalaciones, la desaparición del derecho de huelga y de libre asociación, fueron las acciones del Estado en 1959; el vínculo entre ese movimiento y el de 1968 es directo, baste recordar que entre las seis demandas estudiantiles estaban el cese a la represión y la libertad de los presos políticos, entre ellos las de Demetrio Vallejo y Valentín Campa, líderes ferrocarrileros. El asesinato de cientos de estudiantes será la respuesta y estos líderes permanecerán encarcelados hasta 1970.

Diversos autores han señalado que durante los primeros años de la década de los setenta se vivió un proceso de amplias manifestaciones de descontento y movilización social: obreros, campesinos, pobladores urbanos, maestros, estudiantes, comerciantes. Las reivindicaciones obreras de mejores salarios y condiciones laborales se enfrentarán directamente con el autoritarismo e intereses de la burocracia sindical oficial, lo cual llevará a amplias movilizaciones en todo el país, lo cual permitirá hablar de la insurgencia sindical. Serán los electricistas, su tendencia democrática, los que aglutinarán parte de esa insurrección obrera, aunque también resurgirá el Movimiento Sindical Ferrocarrilero (MSF).

Asimismo, los campesinos lograrán una articulación de sus luchas, a través de la conformación de varias organizaciones que buscan terminar con la fragmentación e identificar sus demandas comunes. Frente a la crisis agraria y la explotación, se exigen: precios justos a sus productos, mejores ingresos, respeto a sus comunidades y formas de organización, siendo central la lucha por la tierra (cese a la usurpación y el reparto de latifundios).

En el ámbito urbano, se desarrollan expresiones de inconformidad y organización ante la pobreza y la exclusión, el hacinamiento y la carencia de infraestructura urbana de las grandes ciudades son parte de los detonantes que llevan a los pobladores a conformar amplios y novedosos espacios de diálogo y acción entre diversos actores sociales: Frente Popular Tierra y Libertad (Monterrey), Frente Popular de Zacatecas, Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (Puebla), Comité de Defensa Popular (Durango y Chihuahua). La lucha por la vivienda y por los servicios básicos en las colonias populares, por el espacio para comerciar, por escuelas, eran parte de las reivindicaciones.

En Puebla, después de la lucha por la reforma universitaria y los movimientos populares (taxistas y lecheros) habían hecho caer a un gobernador, sin embargo, aun predominaba la herencia avilacamachista, con vínculos con las derechas poblanas, entre ellas la anticomunista, que en ámbito estudiantil estaba agrupada en el “Frente Universitario Anticomunista” FUA. El movimiento del 68 dejó grandes experiencias a los estudiantes, entre las cuales se encuentran los Comités de Lucha, que serán la columna vertebral de lo que acontecerá en la década siguiente.

En el mismo tenor del acontecer nacional de los años setenta, en Puebla se vivió una efervescencia político social, que incluyó una amplia gama de grupos y sujetos sociales, siendo el estudiantil-universitario el que mayor atención tuvo. En él se concentró gran parte de la disputa por el poder político, la sustitución del grupo avilacamachista y el nuevo priismo, vinculado con el presidente Echeverría.

En los primeros años es la confrontación por la democratización y la profundización de la reforma universitaria, lo que llevó a la batalla contra los FUAs y las fuerzas reaccionarias de la entidad —en la que se incluía los intereses de los latifundistas, de medianos y grandes comerciantes. El periodo se dibuja desde 1969, con la fundación de la Preparatoria Popular E. Zapata —resultado de la movilización de los aspirantes a ingresar a la Universidad y el impulso de los Comités de Lucha—, pasando por la derrota y expulsión de esos grupos anticomunistas y porriles (financiados por el poder gubernamental y los grupos de intereses mencionados, hasta concluir con la implementación del proyecto “Universidad crítica, democrática y popular” y el primer rectorado de Rivera Terrazas, que aun tuvo que enfrentar la toma del emblemático edificio Carolino, en 1976.

En esos años, se establecen diversos vínculos entre las expresiones de lucha de los estudiantes y las de distintos sectores sociales, siendo un antecedente importante el que se había establecido una década antes. Una de las expresiones de descontento popular más frecuentes fue la elevación de la tarifa de transporte urbano, que estaba originada tanto por el proceso inflacionario a nivel nacional como por la fortaleza de los intereses patronales (Alianza de Camioneros de Puebla). Los grupos estudiantiles lograron concretar ese descontento, de tal forma que la práctica de retención de autobuses para negociar la tarifa impuesta fue bastante socorrida; el resguardo en las inmediaciones del edificio Carolino y en algunas ocasiones en CU, la difusión a través del volanteo y los mítines relámpago eran parte de las prácticas de resistencia. Un ejemplo de ello es el realizado en abril-mayo de 1972, en el que los estudiantes buscaban no solo enfrentar el aumento de la tarifa sino también el que se les pagara mejor a los choferes, una balacera fue la respuesta de la patronal y el encubrimiento de las autoridades gubernamentales.

En el espacio obrero, si bien aun predominaba la terrible disciplina corporativa del sindicalismo priista (vía CTM, FROC-CROC y demás), se desarrollaron fuertes movilizaciones en varios momentos. En el caso de Volkswagen, destaca la lucha por la independencia sindical, que se logra en 1972 y su conflictiva integración a la UOI (que concluirá en 1980), acciones que están vinculadas con las reivindicaciones por sus derechos laborales (salarios, reparto de utilidades, mejores condiciones de trabajo). En esas luchas, se fueron encontrando estudiantiles radicalizados y activistas sindicales; la interacción y los flujos entre ellos fue frecuente, a través de los grupos de activistas y organizaciones políticas de izquierda conformadas durante esos años.

Precisamente en aquellos años se formó el Frente Obrero, Campesino, Estudiantil y Popular (FOCEP), un espacio de interacción entre esos actores sociales. En este ámbito, destacan la participación de las agrupaciones locales del MSF y de la Tendencia Democrática (TD), que mantuvieron su presencia y capacidad de convocatoria por varios años. La sección Puebla de la TD se presentaba como una de las más fuertes, sin embargo, llegado el momento, en 1976, su líder traiciona y abandona a sus compañeros, colaborando y justificando la represión gubernamental. En el caso del MSF, no logrará reconstruir la fuerza ferrocarrilera de quince años antes, siendo reprimido en 1973.

En este mismo ámbito laboral debemos recordar el testimonio de M. A. Rosas, sobre la lucha de los trabajadores de la construcción en 1974, y que paralizó la mayoría de las obras de la ciudad. En dicho testimonio se hace mención al vínculo entre los comités de lucha estudiantiles y los movimientos sociales, en especial la incidencia del Frente de Activistas Revolucionarios (FAR) en: colonos, inquilinos, comunidades rurales (región de Tepeaca-Tecamachalco) y vendedores ambulantes. Estos últimos logran constituir una de las organizaciones sociales más importantes de Puebla, la Unión Popular de Vendedores Ambulantes, que ha aglutinado en distintos momentos la resistencia a las arbitrariedades gubernamentales.

Siguiendo con el ámbito rural, la década de los setentas registra una extensa y fuerte actividad de las comunidades agrarias, en demanda de reparto de tierras y confrontando con los latifundistas. La defensa de los intereses de éstos por los gobiernos en turno fue terrible, la violencia llegó a extremos como los asesinatos de Canoa, Huehuetlán, y el etnocidio en Chila. Entre la toma de tierras para su reparto a los campesinos se pueden mencionar los casos Amalucan (Hacienda de San Sebastián), de Atlixco, Tepeaca y Tecamachalco. Bartra nos menciona que en algunos casos los conflictos llevaron a la toma de palacios municipales para exigir justicia y respeto a sus comunidades, es el caso de Cholula en 1975.

Para concluir, estas notas buscan bosquejar dos cuestiones: primero, la intensidad de la acción de diversos sujetos sociales, que reivindicaron sus derechos económicos, sociales y políticos, lo cual les llevó a confrontar al Estado y a los intereses de las clases sociales dominantes; segundo, el vínculo que hubo entre el activismo estudiantil con los movimientos sociales, siendo fundamental su posicionamiento en las organizaciones de izquierda, entre ellas PCM, PRT, FAR, entre otras.

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