Y, sin embargo, no fue Galileo

Recientemente me topé con un blog donde se defendía fervientemente a Galileo como inventor del telescopio. Mucha gente asocia a Galileo con el telescopio; pero, aunque fue el primero que lo utilizó para fines astronómicos, no lo inventó.

Hacia finales del siglo XVI se habían desarrollado varios instrumentos graduados (cuadrantes, sextantes, anillos y reglas de varias dimensiones) que eran utilizados a simple vista para determinar las posiciones de los objetos celestes, pero no fue sino hasta la invención del telescopio que se contó con un nuevo método para observar el cielo y se pudo empezar a estudiar la naturaleza de los objetos celestes.

En la edad media, particularmente en el siglo XVI, la óptica sentó las bases de las propiedades de las lentes y espejos. Por ejemplo, en Venecia se hicieron los primeros intentos para estudiar la formación de imágenes en un espejo cóncavo, mientras que en Nápoles se extendieron los conceptos de los espejos cóncavos a las lentes convexas. La cámara oscura equipada con lentes y espejos para formar la imagen de los objetos, base para la construcción del telescopio, tiene un registro documentado que se remonta al año de 1550.

El sueño de amplificar los objetos se cumplió sólo hasta 1608, ya que como ocurre en la actualidad, el desarrollo de nuevos conceptos científicos siempre va muy por delante de su implementación tecnológica, y la óptica de los siglos XVI y XVII, que era una disciplina bien establecida, no fue la excepción.


El arte de la construcción de lentes y la invención del telescopio refractor

El inglés Robert Grosseteste (1175-1253) tuvo la idea de que se pudieran “acercar” los objetos distantes mediante un cuerpo transparente y la plasmó en un tratado sobre el arco iris. Su discípulo Roger Bacon (1214-1294), amplió la idea y escribió: “Podemos dar a los cuerpos transparentes tal forma y ordenarlos de tal manera con respecto a nuestra vista y a los objetos, que los rayos se quiebren en la dirección que deseemos, y según el ángulo, de modo que veamos al objeto más próximo o más distante. Así, podríamos leer a una increíble distancia las más pequeñas letras o contar granos de polvo o de arena. Y también podríamos hacer descender ante nosotros al Sol, La Luna y las estrellas”. Pero pasaron cuatro siglos antes de que tal instrumento fuera construido y dirigido hacia el cielo.

Fue a finales del siglo XIII, que se comenzaron a utilizar los primeros anteojos, con lentes convexas, para corregir la dificultad para enfocar objetos cercanos y a mediados del siglo XV aparecen los primeros anteojos, con lentes cóncavas, para corregir la miopía. Las lentes de los primeros anteojos se producían tallando discos a partir de esferas de vidrio soplado. A finales del siglo XV, en Nuremberg, Alemania, comenzaron a producir las lentes a partir de láminas planas de vidrio, obteniendo una mejor curvatura esférica.

Las primeras noticias documentadas sobre la invención de un instrumento capaz de agrandar objetos situados a grandes distancias datan del 25 de septiembre del 1608, cuando Hans Lippershey (1570-1619) presentó a los Estados Generales de Holanda la solicitud de una patente para producir este instrumento con derechos exclusivos. Sin embargo, Zacharias Janssen (1588-1638) y Jacob Metius (c. 1571-1628) solicitaron también el reconocimiento unas semanas después.

En diciembre de 1608, los Estados Generales de Holanda decidieron no otorgar la patente de exclusividad a ninguno de los fabricantes de lentes. El nuevo instrumento era sumamente fácil de fabricar y en esos pocos meses el secreto para construir un telescopio se había difundido prácticamente en media Europa.

Existen algunas evidencias documentales, aunque no físicas, de que el principio de funcionamiento de un telescopio se conocía desde finales del siglo XVI. En Inglaterra, en 1570 y 1571 respectivamente, el matemático John Dee (1527-1608) y el astrónomo Thomas Digges (1546-1595) hacen referencias al uso de lentes y espejos para formar imágenes de diferentes objetos. En Italia, Giovanni Battista della Porta también describió el funcionamiento de un posible telescopio en su Magia Naturalis, publicado en 1558.

Girolamo Sirtori, discípulo de Galileo, ya comenta en el primer tratado sobre telescopios, en 1618, sobre la dificultad de saber quién fue realmente el inventor del telescopio. Afirma haber conocido al catalán Joan Roget, quien llevaba varias décadas trabajando en la construcción de un telescopio, varios años antes que Lippershey.

Galileo

Hay evidencia contundente de que el inventor no fue Galileo. En una de sus cartas, fechada el 29 de agosto de 1609, escribió a su cuñado en Florencia:

Debes saber, entonces, que hace cerca de dos meses desde que se difundió aquí la noticia de que en Flandes se le había presentado al conde Mauricio un catalejo, elaborado de manera tal que las cosas muy distantes parecen estar sumamente cerca, así que se puede ver con claridad a un hombre que se encuentre a tres kilómetros de distancia. Este me pareció un efecto tan maravilloso, que me dio ocasión para meditar; y como me pareció que debía estar fundado en la ciencia de la perspectiva, me propuse lograr su fabricación; la que por fin conseguí, y tan perfectamente que uno que yo hice superó con gran ventaja la fama del invento flamenco. En cuanto llegó la noticia de que yo había hecho uno a Venecia, a los seis día fui requerido por la Señoría, pidiéndoseme que hiciera una demostración ante ésta y el Senado en pleno, causando un asombro infinito a todos…”

Galileo tenía una gran habilidad en el diseño y construcción de instrumentos científicos y entendía a la perfección la conexión que debe existir entre estos y los problemas científicos que se intentan resolver. Esta experiencia fue fundamental para lograr multiplicar, hacia finales de 1609 o principios de 1610, el aumento de los telescopios holandeses unas 10 veces, pasando de dos o tres aumentos hasta 20 o 30. Gracias a la experiencia que adquirió en el pulido de lentes, las habilidades de saber combinarlas adecuadamente y al uso que le dio para observar los objetos celestes, el telescopio se asociará siempre a él.

Galileo inició el método científico moderno al convertir al telescopio en un instrumento científico al dirigirlo al cielo y estudiar la naturaleza de los objetos celestes. Galileo se convirtió en el precursor de la ciencia práctica: construyó el instrumento, lo utilizó para realizar un experimento científico y divulgó los resultados.

Las observaciones astronómicas de Galileo cambiaron la forma de ver el mundo y abrieron el camino a la unificación de las leyes físicas. Se publicaron, el 4 de marzo de 1610, en el Sidereus Nuncius, el Mensajero Celeste, en el cual escribía:

“[He visto] estrellas por miríadas. nunca antes vistas, las cuales sobrepasan, en número más de diez veces a las antes conocidas. Mas lo que mayor asombro causará seguramente, y lo que de hecho me hace llamar la atención de los astrónomos y de los filósofos es, a saber, que he descubierto cuatro planetas, ninguno de los cuales ha sido conocido ni observado por astrónomo alguno anterior a mí. “

Independientemente del inventor, la concepción del mundo cambió radicalmente con la genialidad tecnológica de colocar dos lentes en los extremos de un tubo de madera. Así de colosal fue el impacto que el telescopio tuvo en la ciencia y en la vida social del siglo XVII y que aún sigue teniendo en nuestros días.

* INAOE

Para saber más:

Henry C. King, ed. 1955. The History of the Telescope. Charles Griffin & Co. Ltd, Londres.

Sven Dupré. 2003. “Galileo´s telescope and celestial Light”, Journal of History of Astronomy, Vol.34, Part 4, No.117, p.369-399

 

{loadposition redesfooter}