Historia de la ciencia sin trozos aburridos

Ian Crofton, 2011, Historia de la ciencia sin trozos aburridos. México, Ariel.

Introducción. Este libro es, ante todo, una miscelánea. No hay temas, ni tesis, ni panoramas coherentes del transcurso de la historia científica: sólo una mezcolanza de rarezas, desde un joven Charles Darwin, que reventó un raro escarabajo en su boca (con consecuencias muy desagradables) hasta el profesor de ciencias zambiano cuya máxima ambición era enviar a la Luna a una mujer, un misionero y dos gatos.

 

p193929 a. C. Cosmología. El año de creación del mundo. En 1664, el Doctor Jonh Lightfoot (de la Universidad de Cambridge), escribió que, de acuerdo a sus cálculos, el mundo había sido creado en el año 3929 a.C. Algunos años después, el obispo de Armagh, James Ussher, ajustó los cálculos de Lightfoot. Ussher estimó que la tierra fue creada el 22 de octubre del año 4004 a. C., a las seis en punto de la tarde. Estos cálculos se basaban en las mejores pruebas disponibles: las generaciones que se enumeraban en el Antiguo Testamento. Científicos del calibre de Kepler y Newton hicieron cálculos parecidos; el primero llegó a la fecha de 3993 a. C., y el segundo a 3998 a. C. Ahora se sabe que la Tierra tiene más de cuatro mil quinientos millones de años de antigüedad.

3000 a. C. Matemáticas. ¿Por qué sesenta minutos y sesenta segundos? Los sumerios utilizaban un sistema numérico sexagesimal (de base 60), lo que explica que cada uno de los 360 grados de una circunferencia esté dividido en sesenta minutos, al igual que lo está la hora, mientras que el minuto está dividido en sesenta segundos.

1600 a. C. Horología. Contar el tiempo con agua. Los relojes de agua más sencillos, que consistían en un recipiente de piedra del que goteaba agua a una taza constante a través de un agujero en el fondo, se utilizaron en India, China, Egipto, Babilonia. Hay registros del siglo IV a. C. que señalan la utilización de clepsidras (relojes de agua) en burdeles atenienses para cronometrar las visitas de los clientes.

138. Ciencia de la reproducción. Sobre el uso de los estornudos. En su Ginecología, el médico griego Sorano de Éfeso ofrecía el siguiente consejo sobre la contraconcepción: “La mujer debe, en el momento durante el coito en el que el hombre eyacula su esperma, contener la respiración, retirar un poco el cuerpo de manera que el semen no pueda penetrar en el útero, y después levantarse inmediatamente y sentarse con las rodillas dobladas, y en esta posición, provocarse estornudos.”

820.  Matemáticas. El origen del álgebra. El matemático persa Al-Juarismi escribió su tratado para resolver ecuaciones polinomiales, Hisabal jabr w´al-muqabala, cuyo título dio origen a nuestra palabra “álgebra” (de Al-Juarismi derivan asimismo algoritmo y guarismo). El término árabe al-jabr puede significar recolocar huesos (el arte de los hueseros o sanadores), o reunificación, o reducción matemática.

1352. Oftalmología. De dos a cuatro ojos. Tomaso da Modena pintó un retrato del cardenal Hugo de Provenza., la primera ilustración que se conoce del uso de gafas (anteojos) empleados para leer. Es probable que las primeras gafas se hicieran en Italia entre 1280 y 1300. Las primeras gafas modernas para miopía pudo haberlas hecho Nicolás de Cusa en el siglo XV, mientras que las primeras bifocales las inventó (y usó) Benjamín Franklin en 1784.

1492. Medicina. Una de las primeras transfusiones de sangre. En su lecho de muerte, si hemos de creerle a un cronista llamado Stefano Infessura, al papa Inocencio VIII le dieron la sangre de tres muchachos en un  intento de revivirle. Según Infessura, la sangre se le suministró al pontífice por la boca. Los cuatro murieron en el proceso.

1543. Astronomía. Copérnico el loco. Nicolas Copérnico propuso en su obra maestra (De revolucionibus orbium coelestium) que la tierra se mueve alrededor del Sol y no al revés contradiciendo a Ptolomeo y al dogma cristiano. “Este loco quiere invertir toda la ciencia de la astronomía”, se mofaba Martín Lutero, “pero las sagradas escrituras nos dicen que Josué ordenó al Sol que se detuviera, no a la tierra.” Por su parte. La Iglesia Católica no eliminó De revolucionibus orbium coelestium de su Índice de libros prohibidos hasta 1835.

1611. Fisiología. Sobre la prevención de la embriaguez. El abogado y horticultor sir Hugh Platt sugirió el siguiente método para evitar emborracharse excesivamente: “Bebed primero un buen trago de aceite de ensalada, pues dicho aceite flotará por encima del vino que beberéis, y evitará que los espíritus asciendan al cerebro. Asimismo, cualquiera que sea la cantidad de leche fresca que bebáis primero, después podréis beber el triple de vino, sin peligro de emborracharos.” Sir Hugh se dio cuenta de que podía haber un aspecto negativo, al añadir: “Pero lo enfermo que podéis poneros con esta prevención, no lo determinaré aquí”.

1625. Matemáticas. Una curiosidad aritmética. Galileo demostró que un tercio tiene una interesante relación con la secuencia de números impares:

1/3=(1+3)/(5+7)=(1+3+5)/(7+9+11)=(1+3+5+7)/(9+11+13+15).

1622. Cirugía. Sobre las espadas y cuchillos. En su Medicus microcosmus, Daniel Beckher, profesor de medicina en la Universidad de Königsberg, aconsejaba que en caso de una herida producida por un cuchillo grande o una espada, el arma que hubiera infligido la herida debería ser “ungida” cada día, y “mantenida en lino puro y en un lugar cálido pero no demasiado caliente, ni sucio, pues si no el paciente sufriría daño.”

A pesar de esta creencia aparente en la magia simpática, Beckher merece un lugar en la historia de la cirugía por supervisar uno de los primeros casos comprobados de una gastrotomía (Incisión quirúrgica en el estómago) con éxito. El paciente era un granjero que para provocarse un vómito se introdujo en la garganta el mango de un  largo cuchillo. Por desgracia lo soltó y el cuchillo quedó atorado. Para intentar desatascarlo se puso cabeza abajo, pero no lo consiguió. Después tragó algo de cerveza para lubricar su garganta. Para mayor desgracia, entonces el cuchillo resbaló a o largo del esófago hasta el estómago. Bekcher sugirió que debía intentarse una cirugía. La operación la realizó Daniel Schwabe el 9 de julio, y el cuchillo se pudo extraer con éxito. Restablecido, el granjero (Andreas Grünheide) volvió a su granja y seis años después se casó.

1637. Ciencia de la reproducción. ¿Una inmaculada concepción? En Grenoble, Francia, Magdeleine d´Auvermont, esposa de Jérôme de Montleón, señor de Aiguemère, fue llevada a juicio por haber dado a luz a un niño. Los parientes de Jérôme querían que el niño fuera declarado ilegítimo, debido a que Jérôme había estado fuera durante cuatro años, en las guerras de Alemania. En defensa de la legitimidad de su hijo y de su propio honor, Magdeleine juró que no había conocido otro hombre, pero que en un sueño su marido le había hecho el amor, y a la mañana siguiente supo que estaba embarazada. El niño nació nueve meses después. Cuatro comadronas, en calidad de expertas, testificaron que ellas también habían dado a luz sin haber realizado el acto sexual, y dicha posibilidad fue garantizada, a su vez, por cuatro médicos de la Universidad de Monpellier, defensores de la generación espontánea. El 13 de febrero el tribunal dictaminó que Emmanuel era efectivamente el heredero legítimo del señor Aiguemére y de todas sus posesiones.

1654. Terapia sexual. Una cura para la impotencia. El 10 de enero muere el herbolario y médico inglés Nicholas Culpeper. Para todo aquel hombre que no pudiera proporcionar a su esposa “la benevolencia debida” en el lecho marital, Culpeper sugería que hiciera pasar agua por el anillo de bodas de su mujer. Una cura parecida era popular en Francia, con la alternativa de orinar a través del ojo de la cerradura de la iglesia en que se había casado la pareja. También sugería que “Si se toman espárragos… después de varias mañanas de ayuno, se despertará el ansia carnal en el hombre o la mujer”.

1767. Aeronáutica. ¿Prestidigitación? Después del descubrimiento del hidrógeno por parte de Cavendish el año anterior, el químico escocés Joseph Black asombró a su audiencia al bombear el gas en un saco, que después subió flotando hasta el techo. Los escépticos lo acusaron de montar un fraude complejo que implicaba hilos invisibles. El primer vuelo tripulado un globo lleno de hidrógeno tuvo lugar el 1 de diciembre de 1783.

 

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