Vigilando asteroides

Cientos de millones de cuerpos rocosos, llamados asteroides, habitan el sistema solar. Con tamaños de unos 500 kilómetros como Palas (532 km de diámetro) y Vesta (530 km de diámetro) los mayores conocidos, hasta los de unos 50 m, los más pequeños pero también los más abundantes, se convierten en objetos potencialmente peligrosos al poder impactarse sobre la superficie de la Tierra. Esto ha generado diversas iniciativas para vigilarlos y tratar de llevar a cabo acciones de seguridad.

El asteroide 2012 TC4 (tamaño estimado entre 12 y 40 metros) pasó a 90 mil km de la Tierra (25 por ciento del radio de la órbita lunar), los días 11 y 12 de octubre de 2012. El 7 de octubre del mismo año, el asteroide 2012 TV pasó a 253 mil km de la Tierra (70 por ciento del radio de la órbita de la Tierra).

El asteroide 2012 TC4 (tamaño estimado entre 12 y 40 metros) pasó a 90 mil km de la Tierra (25 por ciento del radio de la órbita lunar), los días 11 y 12 de octubre de 2012. El 7 de octubre del mismo año, el asteroide 2012 TV pasó a 253 mil km de la Tierra (70 por ciento del radio de la órbita de la Tierra).

Los asteroides forman parte de los llamados cuerpos menores de nuestro sistema planetario, son más pequeños que un planeta y orbitan alrededor del Sol. Al igual que los cometas, son residuos de la formación del nuestro sistema solar. El Cinturón de Asteroides, localizado entre Marte y Júpiter contiene a la gran mayoría de estos objetos que tienen órbitas semi-estables y, algunos de ellos, pueden ser desviados por la influencia gravitatoria de Júpiter, siguiendo órbitas que se pueden cruzar con las de los planetas.

Es reconocido por la comunidad científica que un impacto entre un asteroide grande y la Tierra es sólo cuestión de tiempo, por lo que en los últimos 15 años se ha estado tratando de calcular la frecuencia de ocurrencia de este evento.

Particularmente peligrosos son los llamados Asteroides Cercanos a la Tierra (NEA, acrónimo en inglés de Near-Earth Asteroids), que tienen una órbita cercana a la Tierra y que no son cometas. Hay más de 10 mil asteroides con estas características, con dimensiones que varían desde un metro hasta 32 kilómetros (p.e. 1036 Ganimedes). Dos grupos de NEAs, los asteroides de tipo Apolo y Atón, son considerados potencialmente peligrosos (PHA, acrónimo en inglés de Potentially Hazardous Asteroids) porque son los únicos que cruzan la órbita de la Tierra.

Hasta el 12 de abril de este año se conocían mil 572 de estos objetos, que son definitivamente los más peligrosos, pues el impacto, de uno solo de ellos, con la Tierra produciría efectos globales. Ninguno de estos PHAs tiene, en la actualidad, una órbita de colisión con la Tierra. Sin embargo, para mitigar las incertidumbres de una posible colisión son necesarias muchas y nuevas observaciones que permitirán calcular  órbitas más precisas.

 

Buscando asteroides

 

No se requiere justificar mucho las grandes campañas de búsqueda y monitoreo de asteroides cercanos a la Tierra, emprendidas por la comunidad astronómica internacional en los últimos años, dado su potencial peligro. El Minor Planet Center, en Cambridge, Massachusetts, bajo los auspicios de la División F de la Unión Astronómica Internacional (IAU) y que funciona con financiamiento de la NASA, es el centro receptor de toda la información referente a estos objetos y es el responsable del cálculo de las órbitas de los NEAs. Por otro lado, el International Asteroid Warning Network (IAWN), del Comité de las Naciones Unidas para el Uso Pacífico del Espacio Exterior (COPUOS) se encarga de coordinar los esfuerzos de todas las instituciones dedicadas a las labores de búsqueda y monitoreo de asteroides cercanos.

Los proyectos de búsqueda más importantes son:

  • NEOWISE

http://neo.jpl.nasa.gov/stats/wise/

Telescopio infrarrojo espacial de la NASA. En diciembre de 2013 comenzó un programa de búsqueda en las bandas de 3.4μm y 4.6μm para obtener mediciones precisas de los tamaños y reflectividad de los NEAs (177 NEAs y 30 PHAs).

  • Catalina Sky Survey

http://www.lpl.arizona.edu/css/

Programa de la Universidad de Arizona que opera tres telescopios, un reflector Cassegrain de 60 pulgadas, una cámara Schmidt de 27 pulgadas y un telescopio robótico de 1m de diámetro. La misión fundamental de este patrullaje es contribuir al inventario de 90 por ciento de los asteroides cercanos a la Tierra de 140m de diámetro o mayores.

  • Siding Spring Survey

https://www.mso.anu.edu.au/~rmn/

Programa operado, de manera conjunta, por la Universidad de Arizona y la Universidad Nacional de Australia. Utiliza la cámara Schmitd Uppsala de 0.5m del Observatorio Siding Spring, en Australia. Es la contraparte del Catalina Sky Survey en el hemisferio Sur.

  • El Pan-STARRS

pan-starrs.ifa.hawaii.edu/public/

Es el Panoramic Survey Telescope and Rapid Response System que opera cuatro telescopios de 1.8 m de diámetro, diseñados por el Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawaii, lo cual lo convierte en el sistema de búsqueda con mayor área colectora (16 veces mayor que los demás). Esto le permitirá observar objetos 100 veces más débiles que los detectados por los otros sistemas de búsqueda de objetos cercanos a la Tierra.

  • Goldstone Deep Space Communications Complex

http://www.gdscc.nasa.gov

Es un radiotelescopio que forma parte del Deep Space Network de la NASA, ubicado en Goldstone, California. Es uno de los centros que recibe información de las misiones espaciales pero, además, está dedicado a la obtención de imágenes de radar de los NEAs que son muy importantes para una determinación precisa de sus órbitas. Otro radiotelescopio, destinado a los mismos propósitos es el de 305 m de diámetro del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico.

  • El NEOSSat de la Agencia Espacial Canadiense fue lanzado el 25 de febrero de 2013, con una órbita de unos 800 km sobre la superficie de la Tierra, observará el espacio cerca del Sol en busca de asteroides que en el futuro puedan impactar en la Tierra.

 

Peligrosidad del impacto con un asteroide

 

Esta infraestructura observacional ha permitido descubrir alrededor de 90 por ciento de los objetos cercanos a la Tierra con diámetros mayores a un kilómetro. Sin embargo, es necesario reconocer que las observaciones desde la Tierra tienen grandes dificultades en la detección de NEAs más pequeños, que son mucho más numerosos y que pueden causar efectos similares al evento de Tunguska en 1908.

A pesar de que los esfuerzos por detectar NEAs se han multiplicado en los últimos años, aún no tenemos una minuciosa base de datos de las diferentes poblaciones de los NEAs y para la gran mayoría de los ya descubiertos no se ha determinado una órbita precisa, lo cual es de vital importancia para definir un potencial encuentro con nuestro planeta. Si bien la gran mayoría de los asteroides son muy pequeños para causar grandes daños, la probabilidad del encuentro con un asteroide grande, como el que produjo el evento de Chelyabinsk, en Rusia, el pasado 15 de febrero de 2013, no se puede despreciar.

Teniendo en cuenta que el impacto de un asteroide de 140 m de diámetro en la Tierra puede ser devastador para nuestro planeta (se liberarían 100 megatones de TNT, cinco veces la energía liberada por todas las bombas utilizadas durante la Segunda Guerra Mundial) y considerando datos recientes liberados por la NASA, que revelan que la Tierra es impactada por asteroides pequeños, menores a un metro de diámetro, en promedio una vez cada dos semanas, es imprescindible, para preservar la vida en nuestro planeta, continuar con los esfuerzos de búsqueda de nuevos asteroides y el monitoreo de los ya existentes para poder predecir, con el tiempo suficiente, las probabilidades de una colisión con la Tierra.

En correspondencia con estas necesidades, en México se está trabajando en la creación de la Red Mexicana de Fotometría de Asteroides. El INAOE, junto a otras universidades del país, trabaja a marchas forzadas y ha iniciado la observación de algunos de estos objetos utilizando la histórica Cámara Schmidt de Tonantzintla. Estamos convencidos que en un futuro próximo este telescopio estará aportando nuevamente a la astronomía moderna tal como lo hizo en sus mejores años del siglo pasado.

 

jvaldes@inaoep.mx