Historia errática y hundimiento del mundo: Con Heidegger, contra Heidegger, de Jorge Juanes1

En las reflexiones que Peter Sloterdij hace en memoria de la persona y el pensamiento de Jaques Derrida dice que, en el fondo, no hay sino dos procedimientos para hacer justicia a un pensador. El primero consiste en abrir sus obras para encontrarlo en el movimiento de sus frases, el fluir de sus argumentos, la arquitectura de sus capítulos, es decir, se trata de una lectura singularizadora en la cual se considera que la justicia es la asimilación a lo único. El otro procedimiento va del texto al contexto e integra al pensador a horizontes suprapersonales de los que se desprende algo que incumbe a su verdadera significación, a riesgo de atribuir —dice Sloterdij— menos peso a su propio texto que al contexto más amplio en que sus palabras suscitan un eco. Ese procedimiento desemboca en una lectura desingularizadora en la que se comprende la justicia como sentido de las constelaciones.

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Martin Heidegger, imagen tomada de http://pijamasurf.com/2015/05/heidegerr-vs-la-neurociencia-o-por- que-la-presencia-poetica-importa/

El libro que Jorge Juanes ha escrito sobre Heidegger, exponiendo y compartiendo la filosofía del pensador alemán, y al mismo tiempo criticándola rigurosamente, se desarrolla, justamente, entrelazando estos dos procedimientos, con los riesgos interpretativos que ello implica, lo que otorga al texto un carácter polémico, que es un rasgo característico de toda su obra, desde el lejano libro dedicado a Marx o la crítica de la economía política como fundamento, hasta los más recientes dedicados a pintores y poetas como Antonin Artaud, Marcel Duchamp, Dalí, Bacon y Kandinsky, pasando por Hegel, Hölderlin y Walter Benjamin. De una u otra manera su obra anterior es puesta en juego en este nuevo libro con una orientación argumentativa encaminada a pensar y cuestionar la obra de Heidegger.

La polémica es un ámbito discursivo en el que Jorge Juanes se siente a sus anchas, y en este nuevo libro logra construir un ambiente argumentativo que permite al lector, por un lado, penetrar en la densidad conceptual del filósofo de la Selva Negra, como sucede particularmente los capítulos primero y quinto, donde se analiza Ser y Tiempo y se hace un recorrido por la metafísica occidental, de Platón a Hegel, siguiendo el análisis crítico de Heidegger a la construcción de lo que llama la metafísica de la subjetividad; por otro lado, y esto me parece un mérito que agradecemos quienes no tenemos una sólida formación filosófica, Juanes coloca al lector ante los argumentos propios y de otros pensadores, de modo que se tiene la sensación de estar sentado en una mesa escuchando los razonamientos, siguiendo los análisis minuciosos y las críticas certeras, como ocurre, por ejemplo, de manera particularmente ágil, en esa suerte de conversación que logra al traer ante el lector a Meyer Schapiro, Jaques Derrida y Heidegger para hablar del cuadro Los zapatos de Van Gogh, y en esa exposición de ideas ir abriendo paso a su propio punto de vista que, al final, resulta tan sorprendente como convincente, al afirmar que El origen de la obra de arte (ese magnífico texto traducido en los años 50 por Samuel Ramos) debe ser leído, en primera instancia, como un texto político.

Los capítulos dedicados a la Esencia de la técnica y al marxismo debían ser leídos cuidadosamente por los entusiastas de la revolución comunista, pues como bien dice Jorge Juanes, el silencio de Marx sobre el antropocentrismologocéntrico moderno, o esencia de la técnica, debilita su propuesta revolucionaria. “Todo funciona, esto es lo inquietante —dice Heidegger en una entrevista que publicamos en la revista Espacios hace ya 33 años— que funciones y que el funcionamiento nos impele siempre a un mayor funcionamiento y que la técnica de los hombres los separa de la tierra y los desarraiga siempre más”.

Juanes se empeña en demostrar que Heidegger no es un pensador apolítico, sino que lo sustancial de su filosofía está sustentado en la afirmación de un ser-con-los-otros que encuentra en la comunidad nacionalsocialista una digna sucesora de la comunidad griega, lo que lo coloca en el complejo terreno de la praxis política de su tiempo. Pero Heidegger comprendió como pocos —dice Juanes— el carácter destructivo que lleva la modernidad en sus entrañas. Su cuestionamiento del nihilismo activo resulta irreprochable. Porque ¿quién puede negar hoy que la lógica del progreso equivale a la lógica de la devastación de la tierra? Creo que todos los políticos de todas las latitudes niegan contundentemente esta relación. Por esta y otras razones Juanes hace un llamado de atención para desoír a los políticos profesionales de cualquier signo. Por lo que a mi toca —dice— considero que el asunto de fondo estriba en el terror entrañado en cualquier propuesta comunitaria, trátese del internacionalismo comunista consumador del nihilismo moderno, o de la comunidad preñada de religión, tradiciones, usos y costumbres ancestrales, etcétera. Démosle vueltas, repensemos la emancipación en los tiempos siniestros, pero olvidémonos de una buena vez de la sacrosanta comunidad: parda, roja, amarilla, occidental o asiática. Termino con dos citas, una de Jorge Juanes donde hace explícito el título del libro: El hundimiento del mundo, en estos términos:

“Que el mundo se hunde o declina significa que el orden discursivo metafísico-técnico-científico no le proporciona ya al hombre orientación alguna sobre su destino: por el contrario, nos confina a un “vagar errante por el desierto de la desertización de la tierra”. Desertización que muestra un mundo reducido a la compra-venta de bienes y fuerza de trabajo, a la naturaleza convertida en depósito de energía explotable, y a los hombres, supuestos amos de la tierra, degradados a las demandas de la esencia de la técnica”.

La otra cita es de Heidegger; son palabras premonitorias escritas en 1935:

“Cuando el más apartado rincón del planeta haya sido técnicamente conquistado y económicamente explotado; cuando un suceso cualquiera sea rápidamente accesible en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera; cuando se puedan “experimentar”, simultáneamente, el atentado a un rey, en Francia, y un concierto sinfónico en Tokio; cuando el tiempo sea sólo rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que lo temporal, entendido como acontecer histórico, haya desaparecido de la existencia de todos los pueblos; cuando el boxeador rija como el gran hombre de una nación; cuando en número de millones triunfen las masas reunidas en asambleas populares, entonces, justamente entonces, volverán a atravesar todo este aquelarre, como fantasmas, las preguntas: ¿para qué?, ¿hacia dónde?, ¿y después qué?”. Evidentemente estamos ya (80 años después) instalados en ese momento, ahora, debemos asumir la tarea de responder estas preguntas.

 

1 Texto leído en la presentación del libro, con Ángel Xolocotzi, Miguel Ángel Rodríguez y Jorge Juanes el 22 de agosto de 2014.

 

 

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