La quinta generación

La década de los 70 daba comienzo en Puebla; algunos jóvenes, más hombres que mujeres, egresados de preparatorias de la ciudad, de otras regiones del estado y otros estados de la República, ¡como Tamaulipas! —hasta algún extranjero cuya presencia en la Angelópolis resultaba sorprendente—, asistían a las charlas introductorias para inscribirse en la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla. Las explicaciones que se daban a los aspirantes sobre la ciencia económica, el plan de estudios y la joven carrera en Puebla estaban a cargo del Lic. Francisco Adame Díaz, a la sazón director de la escuela. Los bachilleres allí reunidos, en cuyas caras se marcaba, ora la emoción y ora la perplejidad, serían la quinta generación de economistas de la UAP.

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Archivo de Francisco Adame Díaz

La Escuela de Economía, creada apenas en 1965, era un proyecto novedoso y audaz por su modernidad y progresismo. Su valor e impacto hay que medirlo a la luz de aquellos ambientes poblanos donde el conservadurismo ideológico y profesional seguían siendo vientos dominantes, con todo y la existencia de disciplinas científicas como la física y las matemáticas que abrirían a comienzos de los años 60 la modernidad académica en Puebla. La formación de economistas fue así parte de los intentos de fuerzas políticas liberales para enriquecer las perspectivas del pensamiento social entre los universitarios y abrirle paso a la formación de cuadros necesarios para el desarrollo económico y la renovación industrial de la región.

Como en otros lugares del país, la Escuela de Economía de la UAP fue hija de la Escuela Nacional de Economía (UNAM), dirigida en aquellos tiempos por Horacio Flores de la Peña, pues salvo algunos contadores y fïsicos que ya enseñaban localmente, el núcleo duro de la planta académica y sus primeros directivos fueron maestros invitados de la UNAM que se desplazaron a Puebla para participar en su fundación y en sus actividades. En este sentido deben mencionarse los nombres (de un licenciado Rojo), Manuel López Gallo, Enrique Semo, Héctor Tamayo, Aurora Bárcena y Antonio Tenorio Adame, entre otros.

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Foto Abraham Paredes

Los años 70 fueron para la Escuela de Economía, como también para la universidad y para Puebla en su conjunto, años duros, tensos, de cambios políticos definitorios. Algo de ese ambiente se trasminaba en las palabras y recomendaciones que nos dedicaba el director Adame Díaz a nuestro ingreso. En materia de cursos y profesores nos enfrentamos a continuas variaciones derivadas de las correlaciones internas entre corrientes político-académicas y las posturas ideológicas del estudiantado, cada vez con mayor incidencia en las decisiones escolares. Así, de un plan fundamentalmente profesional, marcado por teorías, doctrinas económicas, matemáticas, contaduría, finanzas y planeación, el perfil de la formación fue nutriéndose cada vez más de economía política marxista.

El marxismo, un componente de las doctrinas económicas que se estudian en este tipo de carreras, influenciadas por el progresismo y desarrollismo de la Escuela Nacional de Economía, y que se conocía desde los primeros años de la escuela en la UAP por las lecciones magistrales de profesores como Salvador Cardona Amoroz, devino nodal en los estudios de las generaciones de los setentas y alimentó una nueva visión global de la economía, pero también una postura cada vez más radical en torno a los temas sociales adyacentes al aparato crítico marxista.

La espiral radical en la construcción de la currícula de Economía durante la primera mitad de los setentas se tornó, en un momento dado, confusa, incoherente y poco pragmática desde el punto de vista profesional. Distintas reuniones, asambleas y congresos escolares intentaron darle cuadratura al triángulo, pero con magros resultados.

Puedo equivocarme, pero creo que la presencia del keynesiano Sergio Corichi en la dirección de la Escuela y, sobre todo la llegada del grupo de economistas encabezado por Eduardo González, lograron detener la crisis mediante la inclusión de cursos y enfoques novedosos de teoría económica y política económica que le dieron nuevos aires a la carrera.

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Foto Abraham Paredes

Por cuanto a maestros, la quinta generación conoció a muy distintas personalidades. Es difícil un recuento preciso teniendo como único soporte a la memoria, pero habrá que agregar a los ya señalados al hoy decano Jaime Ornelas Delgado, entonces profesor de teoría económica, moneda y banca; Roberto García Benavides (teoría económica); Francisco Valdés (matemáticas); Salvador Cordero (historia económica); Alejandro Cañedo (contabilidad); Raúl Ramos Zavala (evaluación de proyectos); Ramón Montalban (planeación); Jesús Dávila Fuentes (economía Industrial). A Víctor Espíndola (teoría económica), Roberto Borja (sociología), José Rodríguez Eguía (historia económica), Arturo Huerta (política económica), Nora Garro (economía agrícola), Rafael Piedrasanta (microeconomía) Magdalena García (economía industrial) y que me disculpen quienes ahora estoy omitiendo.

El paso de nuestra generación por las aulas universitarias, convulsionadas por un movimiento universitario local que se enfrentaba a la agresividad del gobierno de Gonzalo Bautista contra la universidad, dirigida entonces por los rectores Sergio Flores y Luis Rivera Terrazas, fue también el tiempo de un echeverrismo rampante, que con mascarada aperturista no tuvo empacho en golpear nuevamente a los estudiantes de la capital el jueves de corpus de 1971.

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