Los vaporizadores y la marihuana

Uno de los aspectos más controvertidos que juegan un papel en la crítica orientada al uso de la marihuana, tanto desde el punto de vista medicinal como el recreativo, gira en torno a que cuando se consume por medio de la combustión, es decir en pipas o cigarrillos, se produce una gran cantidad de sustancias tóxicas que se asocian a muchos problemas de salud. Al encender la marihuana, se comienzan a generar gases perjudiciales como los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos, también conocidos como HAP o PAH, por sus siglas en inglés, los cuales son compuestos orgánicos presentes en forma muy abundante en el petróleo, el carbón y en depósitos de alquitrán. Obviamente también se generan como subproductos de la utilización de combustibles de biomasa, como la madera. Se consideran contaminantes poderosos y se les tienen bien identificadas propiedades generadoras de cáncer, inductores de mutaciones y provocadores de malformaciones congénitas.

p-12bAl encender un cigarro de marihuana, se produce un humo que contiene una mezcla de sustancias psicoactivas conocidas como cannabinoides y los HAP; sin embargo, la mayor parte de los elementos generados, son sustancias tóxicas y apenas un 10 por ciento o 15 por ciento de componentes, actúan en el Sistema Nervioso Central, con efectos de índole variable. Otros productos altamente tóxicos son el Dióxido de Carbono, Dióxido de Azufre, Monóxido de Carbono y un sinnúmero de partículas. Se generan gases invisibles, entre los que se incluye el gas Cianhídrico, extremadamente venenoso, además de una sustancia llamada Nitrosamina. Por último, en el caso de la utilización de papel, se producen otros elementos irritantes y tóxicos.

Pero la inventiva humana es infinitamente ingeniosa. Desde los tiempos más antiguos de la humanidad, con la manipulación del fuego, las reuniones alrededor de piedras calientes con la colocación de semillas, hierbas o resinas, condicionaban la vaporización de gases que al liberarse en el aire, cubrían los cuerpos de aromas exóticos a los que se les atribuían, no necesariamente en una forma equivocada, múltiples propiedades que van desde lo medicinal hasta lo relajante y evidentemente recreativo. Obviamente estos métodos rudimentarios condicionaban temperaturas que no se podían controlar adecuadamente; sin embargo, ya se había descubierto las bondades de vaporizar sustancias en comparación al proceso de quemarlas, generando una gran cantidad de elementos irritativos. Históricamente hay una referencia interesante en el Antiguo Egipto, durante el siglo V antes de nuestra era. Heródoto de Halicarnaso (484 a. C. y el 425 a. C.), quien es considerado el padre de la historia, dejó asentado en un escrito que “Los escitas toman parte de la semilla de cáñamo y… las lanzan sobre las piedras calientes al rojo vivo; inmediatamente se vaporiza y da un vapor como ningún otro baño de vapor griego pudiese superar; el escita, encantado, da voces de júbilo”.

La búsqueda de calentamiento sin combustión dio lugar al nacimiento del narguile, narguilé, pipa de agua, arguile, cachimba, hookah o shisha que es un dispositivo inventado en la India, para fumar vapor de agua, aromatizada con distintos sabores, actualmente muy de moda entre los jóvenes y adultos de mediana edad. Al ser calentado por una braza de carbón, no produce una combustión.

p-12aDespués de que el narguile se popularizara, prácticamente no hubo cambios en los avances de tecnología, orientados a mejorar métodos de vaporización; sin embargo, en la década de los años setentas del siglo pasado, se creó un vaporizador conocido con el nombre de Tilt, que de acuerdo a los fabricantes, liberaba alrededor de 80 por ciento menos Alquitranes que un cigarrillo o pipa común y corriente; sin embargo, este aparato no duraría mucho tiempo en el mercado, siendo retirado a principios de 1990 por considerar que alentaba el consumo de drogas. Pero ya estaba dado el primer paso para la construcción de vaporizadores modernos de alta tecnología, que a la larga brindarían una nueva visión de lo que es el consumo de cannabinoides.

Los vaporizadores que surgieron en 1993 se basaban en la utilización de un recipiente de vidrio, calentado por una llama en una forma indirecta; pero después se llegó a la utilización de cerámica, con un calentamiento muy rápido a base de electricidad. Actualmente hay una variedad de aparatos que no solamente brindan la posibilidad de obtener una alta temperatura en una forma muy rápida sino que también ofrecen la ventaja de regulación precisa de temperatura, lo que permite generar la inhalación de sustancias específicas, con una muy baja generación de elementos tóxicos.

Las posibilidades de obtener beneficios son impresionantes. El uso de plantas como Lavanda, Tomillo, Toronjil, Salvia o Eucalipto, bajo condiciones de temperatura específicas, puede condicionar la reducción de medicamentos sintéticos, conociendo a qué temperatura de vaporización se liberan sustancias terapéuticas específicas; aunque evidentemente esto no es tan fácil pues se corre un alto riesgo de consumir sustancias potencialmente tóxicas. Ahora se sabe ya que ciertas plantas liberan gases benéficos como el Aloe Vera a 183º C; Eucalipto a 130º C; Manzanilla a 190º C; Clavo a 123º C; Lavanda a 130º C; Melisa a 142º C; Salvia a 190º C y Tomillo a 190º C.

Pero indudablemente el mayor uso que se les da a los vaporizadores en la actualidad gira en torno al consumo de marihuana. El Tetrahidrocannabinol (THC), también conocido como delta-9-tetrahidrocannabinol (Δ9-THC), es el principal y más popular cannabinoide del Cannabis. Con una temperatura de 157 ºC, inhalado posee muy buenas cualidades analgésicas y relajantes, aunque a dosis altas, es euforizante.

Pero desde el punto de vista médico, el Cannabidiol (CBD) ofrece una serie de cualidades verdaderamente espectaculares. No es psicoactivo; controla la epilepsia, ejerce un efecto regulador en los estados de ansiedad, disminuye las náuseas y al parecer representa un buen auxiliar en el tratamiento de la esclerosis múltiple. Es desinflamatorio, analgésico, ansiolítico y antipsicótico. En estudios de laboratorio ha demostrado reducir el crecimiento de células cancerosas en seno, con un menor índice de invasividad. Su temperatura de vaporización es de 160 a 180 ºC.

Hay otros cannabinoides que se pueden obtener a diferentes temperaturas, sin embargo, considero que los dos anteriores son los más importantes, hablando en términos médicos. Bajo esta óptica, la necesidad de regular el acceso a la marihuana y obtener aparatos de vaporización, ya llega a ser algo de importancia capital en nuestra sociedad. No se trata de pensar en esta planta como algo que en sus aspectos recreativos sea potencialmente nociva. Podemos tener un elemento terapéutico que puede ser más útil, médicamente hablando, de lo que podríamos siquiera imaginar.

 

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