Misiones a la luna

p-04Una de las frases más populares, aún después de 50 años de haber sido pronunciada, quizá sea: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, las palabras que el astronauta Neil Armstrong, el primer ser humano en posarse en la Luna, expresó cuando por primera vez el ser humano colocaba un pie sobre un cuerpo celeste distinto a la Tierra. La misión Apolo 11 de la NASA pasó a la historia aquel verano increíble de 1969. Hasta esa temporada y aproximadamente durante la década previa, hablar acerca de ir a la Luna ya no era un tema que se platicara como sacado de novelas de ciencia ficción, escritas en el Siglo XlX por autores como Julio Verne o H.G Wells tales, como De la Tierra a la Luna o Los primeros hombres en la Luna, sino uno tan común que podía leerse en las primeras planas de los periódicos y escucharse en la radio, debido a los logros espaciales que estaban sucediendo. Y es un hecho, si la humanidad quiere seguir existiendo o progresando, se tiene que viajar y explorar el espacio, visitando los mundos que están alrededor de nuestro planeta, la Tierra. El principal y más importante de estos “mundos”, es la Luna, por ser el acompañante más cercano y el más fiel.

Ir a la Luna, inicialmente, fue un hecho motivado más por cuestiones políticas y bélicas que científicas entre las dos naciones más poderosas en aquél entonces: Estados Unidos (E.U.) y la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S), en la llamada Guerra Fría, eran también los principales protagonistas de la “carrera espacial”.

Después de que la URSS enviara el primer objeto artificial al espacio, el satélite Sputnik, en octubre de 1957, y después al primer ser humano, el cosmonauta Yuri Gagarin, en abril de 1961, el gobierno de EUA, con su agencia espacial NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, por sus siglas en inglés), tenía claro que habían perdido las primeras “batallas” de la carrera espacial, a tal grado que algunos medios de comunicación de ese país denominaron a esta derrota como el Pearl Harbor Espacial. Sin embargo, esta derrota sería la punta de lanza para que los E.U. plantearan su nuevo objetivo principal de la carrera espacial: enviar al primer ser humano a la Luna antes que sus homólogos, los soviéticos. Las “derrotas” hasta ese momento, serían la punta de lanza para que dedicaran todo su esfuerzo e inversión de dinero para llevar a un hombre a la Luna antes de que terminara la década de los 60’s.

Así fue como el gobierno de E.U. y la NASA, después de su programa Mercury, cuyos objetivos fueron enviar al primer estadounidense al espacio y comprobar ingeniería de los vuelos al espacio, creó el programa Apolo, cuyo objetivo principal fue realizar las misiones para explorar y llegar a la Luna. En el comienzo del programa Apolo, se trataba de enviar un viaje tripulado y localizar un sitio adecuado para aterrizar en la Luna, pero, debido a las influencias en la carrera espacial durante la guerra fría, bajo el mandato del presidente John F. Kennedy, convirtieron a este proyecto en el trabajo absoluto para que el hombre pisara por primera vez un cuerpo celeste que no fuera la Tierra, y lo hiciera regresar sano y salvo. El 20 de julio de 1969, con Richard Nixon como presidente, el Apolo 11, a través del módulo Eagle “alunizaba” con dos astronautas a bordo, Neil Armstrong y Edwin Buzz Aldrin. Mientras, su compañero Michael Collins se mantenía en órbita alrededor de la Luna.

Durante la transición del Programa Mercury al Programa Apolo existió uno intermedio, llamado Programa Gemini, que fue fundamental para el éxito del programa Apolo. El programa Gemini tenía como objetivo principal desarrollar las actividades conocidas como EVA (Extra-Vehicular Activities), que consistían en simular la estancia de los astronautas fuera de la cápsula espacial en la Luna. El otro objetivo radicaba en adquirir experiencia en los encuentros espaciales entre sondas, es decir, las operaciones de separación entre el módulo que se encontraba orbitando alrededor de la Luna y el que aterrizaba sobre ella, y después el acoplamiento de los módulos para regresar a la Tierra. Las misiones Gemini funcionaron para que los astronautas supieran vivir y realizar actividades en el exterior de las sondas espaciales.

El programa Apolo estuvo integrado por varias misiones de prueba sin tripulación y 12 misiones tripuladas. Tres se realizaron para orbitar la Tierra (Apolo 7, 9 y Apolo-Soyuz); dos misiones orbitaron alrededor de la Luna (Apolo 8 y 10); una misión se canceló (Apolo 13); tres misiones se cancelaron por cuestiones económicas (Apolo 18, 19 y 20), y sólo seis misiones alunizaron. Las misiones que lograron alunizar realizaron múltiples tareas como toma de fotografías para saber más del compañero de la Tierra, experimentos honoríficos como comprobar la caída de los cuerpos al mismo tiempo y la recolección de muestras de rocas para el estudio de la geología de la Luna. El programa Apolo finalizó en 1972, el coste de las misiones fue aproximadamente de 20 mil millones de dólares. Aunque hubo bastante inversión en tecnología y personal, la experiencia no ha funcionado para continuar la exploración mediante misiones tripuladas a la Luna, debido a los altos costos.

En contraparte, el programa espacial de la URSS, denominado Soyuz (que en ruso significa “unión”) creado en 1960, aunque no fue su principal misión, también fue elaborado para misiones tripuladas a la Luna, mediante los programas Zond y N1/L3. Jamás ninguna de sus sondas espaciales logró aterrizar. Su primer vuelo tripulado, el Soyuz 1, fracasó en 1967, porque la nave se estrelló contra el suelo tras el reingreso, falleciendo su único tripulante, Vladimir Komarov. El programa Soyuz en la actualidad sigue operando bajo el comando de Rusia, por lo que debido a su vigencia es un éxito. Respecto a misiones no tripuladas, el programa Soyuz envió en 1970 el vehículo robótico explorador conocido como Lunokhod 1, que alunizó sano y salvo. Se dedicó a capturar fotografías panorámicas transmitidas a la Tierra. El rover Lunokhod 1 fue durante 27 años (hasta 1997, cuando la NASA envió la Mars Pathfinder a Marte) el único vehículo operado vía control remoto en visitar un lugar extraterrestre.

Después de la “carrera espacial”, culminada en 1975 cuando un cosmonauta ruso y un astronauta estadounidense se dieron la mano en el espacio, se han realizado misiones a la Luna por países como la India, Japón, China y algunos países de la Unión Europea como Inglaterra y Francia. Actualmente uno de los programas más ambiciosos para el regreso a la Luna es el de China. Se trata de un proyecto integrado por la exploración robótica y misiones tripuladas, y gestionado por la Administración Espacial Nacional China. En 2013, cuando la nave Chang’e 3 aterrizó con precisión y el terreno fue descrito por sus cámaras y las del rover, Yutu, que descendió de él, China se convirtió en la tercera nación en aterrizar un vehículo explorador en la Luna. Otro éxito, anterior, fue la nave Chandrayan 1 por la Agencia India de Investigación Espacial, que orbitó con éxito la Luna en 2008. Llevaba a bordo instrumentación de Alemania, E.U y Suecia.

En vísperas de los 50 años de la llegada del hombre a la Luna, se desarrolla una prometedora nueva carrera al vecino más cercano en el espacio, una que ahora involucra dinero privado y costos más bajos. La recompensa, un premio de 20 millones de dólares por la Google Lunar Xprize (GLXP), se entregará a uno de los equipos concursantes provenientes de todo el mundo que coloque un vehículo explorador, o también llamados rover, en la Luna para transmitir imágenes de alta definición a la Tierra. Pero no sólo la fotografía para estudio del relieve del cuerpo celeste cercano es el único objetivo a largo plazo, se planea llevar máquinas capaces de mapear e incluso extraer minerales y gases como el Helio 3, gas inusual en la Tierra, pero abundante en la Luna, y una excelente fuente de combustible para fusión nuclear, una piedra filosofal de la tecnología energética que los físicos e ingenieros han querido dominar por años.

La llegada a la Luna motivó una cooperación internacional que sólo la comunidad de entusiastas y diplomacia científica puede lograr, claros ejemplos son la Estación Espacial Internacional y la creación de empresas como Space X o Virgin Galactic. En la actualidad, los programas espaciales están juntando talento de todos los rincones del mundo. ¿Y por qué llegar a la Luna? Quizá la razón principal, aparte de la posibilidad de servir como una estación de abastecimiento para misiones futuras a otros planetas, es que, con la tecnología en recursos energéticos, ingeniería aeroespacial e inclusive avances de medicina y biología actual, aún no es viable emprender viajes interestelares, por lo que nuestra vecina serviría de lugar de entrenamiento para astronautas, para aprender a vivir periodos de tiempo más largos en el espacio y desarrollar plataformas de lanzamientos de naves para misiones más allá de nuestra vecindad.

 

* enrique_irving@outlook.es

 

Más información:

El Regreso a la Luna. Revista Muy Interesante. Enero 2018

La Nueva Carrera Espacial. Revista Nat Geo. Agosto 2017.

https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/3922/historia-de-las-misiones-tripuladas-a-la-luna

http://www.viajealaluna.com/p/misiones.html

http://www.astromia.com/historia/nocheluna.htm

http://www.abc.es/20101021/ciencia/rusia-llego-luna-201010211136.html