Biodiversidad, ¿qué es y para qué conservarla?

· Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”

· Ilustración: Diego Tomasini “El Dibrujo”

Desde que apareció el hombre en la Tierra tuvo la necesidad de empezar a clasificar todo lo que estaba a su alrededor. A la flora y fauna la clasificó de acuerdo con los usos que le podía dar, ya sea como alimento, medicina u ornamento.

Al paso de los años la transmisión de conocimientos de generación en generación, así como el aumento de los mismos, permitió que esas clasificaciones comenzaran a ser más detalladas y complejas, lo que llevó a que a las especies de hongos, bacterias, plantas y animales se les agrupara en cinco grandes reinos, sin embargo, el conocimiento de esto no se quedó ahí, ya que también el avance de algunas herramientas tecnológicas ha permitido secuenciar los genes, logrando que hoy en día podamos clasificar a los seres vivos de manera evolutiva.

La biodiversidad o variedad de vida que existe en un lugar determinado ha permitido que a 17 países en el mundo se les considere como países megadiversos, en donde México ocupa el quinto lugar a nivel mundial y es que estos países megadiversos albergan la mayor cantidad de biodiversidad que existe en el planeta.

Pero, ¿qué es lo que hace que un país tenga a la mayor cantidad de especies que existen en el planeta? Bueno, en primer lugar, y particularmente hablando de México, es su ubicación geográfica y, en segundo lugar, la cantidad de cadenas montañosas que existen; esto permitió que a lo largo de miles de años se originaran una variedad de climas, ecosistemas, suelos y por supuesto de especies, teniendo como resultado una alta riqueza natural.

A la biodiversidad la podemos clasificar o estudiar en tres niveles: ecosistemas, los cuales van desde lo alto de las montañas hasta los mares, pasando por los desiertos, selvas y manglares. Actualmente se han descrito hasta dos millones de especies en el mundo, de las cuales aproximadamente 10 por ciento, se encuentran en nuestro país y en el último nivel se encuentran los genes, los cuales son el número total de características genéticas que hay dentro de cada especie, ante una mayor cantidad de variedad de genes, las especies tienen una mayor probabilidad de sobrevivir a los cambios en el ambiente.

Después de saber esto, nos lleva a pensar: ¿y para qué conservar la biodiversidad? En primer lugar, la biodiversidad nos brinda servicios ambientales o ecosistémicos como la regulación de temperatura en el planeta (las plantas juegan un papel importante), nos brinda agua y alimentos, así como un aire limpio. En segundo lugar, el hombre y la naturaleza, a través de los años, han estado estrechamente ligados y es que cuando hablamos de la cultura de un país, es evidente que existe la presencia de plantas y animales en danzas tradicionales, artesanías y en la parte gastronómica, ya que tan sólo en México se han registrado más de 600 platillos diferentes en donde plantas y animales son el ingrediente principal. En tercer lugar, la parte estética, los hermosos paisajes que nos brinda la naturaleza no se comparan con las junglas de asfalto que podemos encontrar en las ciudades, y por último, en cuarto lugar, se encuentra la parte científica, gracias a la biodiversidad los biólogos podemos seguir generando conocimientos sobre la misma.

Lamentablemente, en los últimos 200 años hemos modificado nuestro entorno, haciendo que cada vez sea más recurrente escuchar sobre la presencia de una crisis ambiental en todo el planeta. Los factores de esta crisis son diversos: contaminación de agua, suelo y aire, pérdida de ecosistemas y especies, presencia de enfermedades exóticas, venta ilegal de especies y el aceleramiento del cambio climático, están poniendo en riesgo la vida, no sólo del resto de los seres vivos, sino también de nuestra propia existencia.

Ante esto, se han propuesto diversas iniciativas locales, nacionales e internacionales para tratar de contrarrestar los efectos de esta crisis ambiental; sin embargo, esperamos no llegar al punto en donde el último árbol esté cortado, el último pez esté atrapado y el último río esté envenenado, para entender que el dinero no se puede comer.

 

 

 

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