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Desafíos del T-MEC en un contexto de neoproteccionismo, desglobalización y relocalización

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Cada vez son más las voces que cuestionan los resultados del modelo económico predominante en las últimas cuatro décadas, basado en la liberalización económica, comercial y financiera, o bien en la globalización, entendida como un proceso que integra a nivel mundial el conocimiento provocando cambios en las formas de abordar técnicas, métodos e información; y que dio paso a la integración económica y los bloques comerciales (Flores, 2016).

Desde la perspectiva económica, los principales cuestionamientos tienen que ver con la fragmentación espacial de los procesos productivos y la eliminación de barreras comerciales. Comenzando con la crisis subprime de 2008-2009, diversos eventos mundiales, como la salida de Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), la renegociación del TLCAN, la ofensiva comercial entre China y Estados Unidos, el conflicto bélico en Ucrania y, por supuesto, la pandemia de Covid-19, han puesto en evidencia la vulnerabilidad y limitaciones de las redes productivas fragmentadas a escala global, expresadas en la ralentización o interrupción abrupta de la producción y suministro de insumos y bienes de las cadenas globales de valor, y han planteado dificultades importantes para la reactivación del comercio y economía mundiales.

Gobiernos y especialistas han expresado distintas alternativas entre las que se incluyen posiciones denominadas (des) globalización o neoproteccionismo consistente en el aumento de medidas proteccionistas e imposición de restricciones para el trasvase de flujos comerciales y de capitales. Tendiendo al fortalecimiento de bloques regionales y alianzas estratégicas entre países, con el propósito de disponer de centros de distribución más próximos a las urbes, mayor comercialización entre naciones diversas y asegurar la distribución continua de insumos y bienes finales aún en momentos de crisis o incertidumbre económica.

Como parte de estas medidas surge el nearshoring o deslocalización, una suerte de nueva regionalización que consiste en trasladar las cadenas productivas y de suministros a países con cercanía geográfica y/o con alianzas fuertes, con el objetivo de concentrar su actividad productiva en un país, o en pocos países pertenecientes a la misma región (IMCO, 2023:5). Con esta acción estratégica, además de poder comprar bienes en lugares distintos de lo habitual, es posible reubicar la producción en lugares que se consideren más adecuados o baratos (González, 2009:3).

En el caso de México —dada su cercanía geográfica con Estados Unidos y su amplia red de tratados comerciales con diversas regiones del mundo—, el nearshoring representa una valiosa oportunidad para atraer mayor inversión, modernizar los procesos productivos y detonar el crecimiento económico. De forma destacada, su pertenencia al Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) lo convierte en un fuerte candidato para beneficiarse del proceso de relocalización de empresas (nearshoring), que surten el mercado estadounidense y buscan favorecerse de menores barreras institucionales, menores costos de transporte y mayor facilidad para el tránsito de mercancías.

Lo anterior obedece en buena medida a las cláusulas de contenido mínimo incluidas en el tratado, tales como que 75 por ciento de la materia prima, partes y componentes que formarán parte del bien final deberá fabricarse en los países miembros; 70 por ciento del acero y aluminio para productos manufacturados en México que serán exportados a Estados Unidos deberán provenir de la misma nación, y 40 por ciento de los automóviles serán elaborados por trabajadores con salario mínimo de 16 dólares norteamericanos (USD) por hora. Así como, las modificaciones al capítulo de Reglas de Origen, que detalla los criterios y condiciones a cumplir para que un bien sea susceptible de arancel preferencial.

Al respecto, algunas empresas asiáticas, incluso chinas, ya han trasladado parte de sus procesos productivos a México para beneficiarse del nearshoring y las ventajas comerciales del T-MEC (Barría, 2023). Además de los anuncios de las empresas automotrices BMW y Tesla de una inversión por 872 millones de dólares (mdd) para la producción de baterías eléctricas en San Luis Potosí y de 5 mil mdd en Nuevo León para la construcción de una giga factory, respectivamente (Flores, 2023). En materia de Inversión Extranjera Directa (IED), en 2022 ingresaron al país 36 mil 215 mdd, lo que representó un crecimiento de 14.8 por ciento respecto al año anterior, destacando que 50 por ciento de esta inversión fue nueva.

Los beneficios potenciales de este proceso son reconocidos por el gobierno mexicano, analistas y empresarios, que ven en el proceso de relocalización una oportunidad para detonar el crecimiento económico del país. De acuerdo con la Encuesta Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Banco de México, en julio de 2022 16 por ciento de las empresas con más de 100 trabajadores a nivel nacional se habían visto beneficiadas de alguna forma por el nearshoring, ya fuera por mayor inversión extranjera directa o por mayor demanda de empresas establecidas en Estados Unidos, empresas que trasladaron su operación a México, o por otras empresas mexicanas beneficiadas por el nearshoring (Banxico, 2022:17-18).

Para enero de 2023 la EMAE señala que 30.7 por ciento de las empresas entrevistadas ha firmado nuevos contratos con empresas extranjeras o incrementado su producción; 29.1 por ciento contrató más personal, aumentó su uso de capacidad instalada o superficie de inmueble rentada y, 27 por ciento incluso incrementó o está en proceso de extender su capacidad productiva, ya sea ampliando las plantas existentes o construyendo nuevas (Banco de México, 2023).

No obstante, la relocalización de la producción es paulatina, pues la planeación y establecimiento de empresas en un lugar nuevo es un proceso costoso y lleva tiempo, se espera que los mayores beneficios comiencen a materializarse después de 2024. Para que esto ocurra es necesario contar con una política económica de largo plazo que contemple, entre otros aspectos: ampliar la infraestructura de transporte para el traslado de mercancías y personas; invertir en la formación de personal altamente calificado; disponer de recursos para financiar el establecimiento de parques industriales; profundización de los mercados financieros que capten inversión de capitales; y la cooperación entre gobierno y sector privado a fin de lograr que los beneficios de la relocalización se materialicen, resulten inclusivos y equitativos para la sociedad mexicana y, de fundamental importancia, no se convierta en otra oportunidad desaprovechada para el país.

 

* [email protected], [email protected]

Referencias

 

Banco de México. 2023. Reporte sobre las Economías Regionales, enero-marzo.

 

Banco de México. 2022. Reporte sobre las Economías Regionales, abril-junio.

 

Barría, C. (2023). Nearshoring: el multimillonario boom industrial que vive México como alternativa al Made in China. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-64590655

 

Flores, M. 2016. La globalización como fenómeno político, económico y social. Orbis, Revista Científica Ciencias Humanas, vol. 12, núm. 34, 26-41.

 

González, R. 2009. Offshoring y Deslocalizacion. Análisis y Perspectivas. Estudio sobre modelos de Offshoring y Nearshsoring y su aplicación en las empresas de servicios españolas.

 

Instituto Mexicano para la Competitividad [IMCO] (2023). Nearshoring: oportunidad que desafía a las entidades mexicanas.

 

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