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“El zapatismo, el punto de referencia de los movimientos sociales actuales”: John Holloway

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De acuerdo con el libro Cambiar al mundo sin tomar el poder, de John Holloway, sociólogo e investigador del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), donde “examina las características y efectos sobresalientes de los movimientos sociales de los años noventa y del comienzo del siglo XXI”1, la rebelión zapatista de 1994 y la movilización de Seattle de 1999 son los puntos de referencia de las movilizaciones en la actualidad, como sucede con #YoSoy132.

Esta última agrupación surgió como una movilización integrada por estudiantes de la Universidad Iberoamericana –a la que después se sumaron miles de alumnos de universidades públicas y privadas de todo el país– contra el candidato presidencial en México, Enrique Peña Nieto, por manipular las elecciones federales.

Pero también contra los monopolios televisivos, Televisa y Tv Azteca, por desinformar a la población mexicana.

Para el sociólogo, las manifestaciones de los estudiantes  del movimiento #YoSoy132, de las últimas semanas, “es un despertar maravilloso de conciencias en México”.

En entrevista, expuso que estos jóvenes han sorprendido por su creatividad y originalidad para protestar, sin referencia alguna en los movimientos sociales que los antecedieron en este país.

El autor de Cambiar al mundo sin tomar el poder (2002) dijo estar emocionado “con la hermosura de la emergencia de los estudiantes”, que reconoció es una  movilización que han hecho de forma organizada.

“El  movimiento #YoSoy132 es magnífico, porque los jóvenes con su actuar han abierto los cielos en México”, destacó el declarante.

Holloway comparó que aunque en este país ha habido movimientos de estudiantes importantes, a lo largo de la historia, “lo maravilloso del #YoSoy132 es que surge en el momento preciso, con una desbordante creatividad y originalidad en sus protestas”.

De forma pausada, John Holloway recalcó que este resurgimiento de los universitarios en México no se había visto en muchos años, desde la movilización de la UNAM, hace más de una década, por el alza a sus cuotas.

El profesor de origen irlandés explicó que aunque el movimiento surge a raíz de la campaña electoral en el país para renovar la presidencia de la República, dijo que la trascendencia del #YoSoy132 se dará precisamente después del 1 de julio.

“Lo importante es lo que pase después de la elección, gane quien gane; si van a mantener vivo este despertar de conciencias en México, este espíritu de tomar las cosas en sus propias manos; sería una lástima si se vuelven a dormir”, advirtió.

La socióloga argentina Elizabeth Jelin, en el artículo “Otros silencios, otras voces: el tiempo de la democratización en la Argentina”, y en “Los movimientos sociales ante la crisis” (Clacso/IISUNAM, 1986), da una definición de movimientos sociales como aquellas “acciones colectivas con alta participación de base, que utilizan canales no institucionalizados y que, al mismo tiempo que van elaborando sus demandas, van encontrando formas de acción para expresarlas y se van constituyendo en sujetos colectivos, es decir, reconociéndose como grupo o categoría social.”

En tanto, para el investigador en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, Víctor Flores Olea, “los movimientos sociales son acciones colectivas en las cuales la población es educada y movilizada, a veces durante años, para desafiar a los acostumbrados líderes sociales y a los propietarios de los medios productivos, a las oligarquías, presionándolos y obligándolos a resolver determinados problemas sociales o agravios, y a restaurar los más importantes valores sociales. Al final de cuentas, se trata del enfrentamiento de los movimientos sociales con el poder para ganar la voluntad de las mayorías, y de la lucha política para cambiar el statu quo.”2

Flores Olea señala en su texto que “en un tiempo de terrible centralización del poder siempre es importante y valioso recordar el poder del pueblo, a pesar de que también se ha eliminado en buena medida o al menos se ha visto vulnerado por los medios de comunicación, que han contribuido a eliminar o limitar la participación ciudadana en los procesos de toma de decisión.

“Los poderes altamente centralizados actúan en favor de las minorías, al mismo tiempo que menosprecian el bien común y agravan los problemas colectivos. Son por definición antidemocráticos, en tanto los movimientos sociales postulan la democracia participativa y radical”, explica.

Asevera lo anterior para explicar las líneas centrales del último de los movimientos sociales importantes que han surgido en México, como #YoSoy132 y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), este último vinculado al político izquierdista Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de México.

A escala mundial, hay que destacar a los recientes movimientos sociales en Medio Oriente, que derrocaron a las tiranías militares, como ocurrió en Libia y Túnez.

La transformación del mundo es cuestión de todas las horas, de todos los días”

También colaborador de La Jornada, Víctor Flores Olea expuso que “en los últimos años han surgido movimientos sociales que incluso se afirman hoy, potencialmente, como la amenaza más grave al sistema capitalista”.

En el referido texto publicó que estos movimientos sociales se involucran directamente con la comunidad general en los procesos políticos, insistiendo en que “la democracia efectiva sólo existe donde la sociedad está presente, es decir, cuando el gobierno está realmente en manos del pueblo, es por el pueblo y para el pueblo”.

Señala en su trabajo que estas movilizaciones hacen ver públicamente que los poderosos transgreden con demasiada frecuencia los valores, las tradiciones e intereses de la comunidad, lo cual revela la distancia entre los discursos oficiales (la publicidad y la propaganda) y los reales intereses del pueblo.

Publicó que “la irrupción en la palestra política del movimiento #YoSoy132 plantea una serie de nuevas cuestiones sobre el sujeto de la revolución y acerca de la toma del poder del Estado como condición indispensable de las transformaciones sociales”.

Expuso que para discutir, aun cuando sea de manera breve algunos de estos puntos, se debe hacer referencia inicial al libro de Holloway, Cambiar al mundo sin tomar el poder, quien sostiene que los movimientos sociales, hoy, eminentemente, el #YoSoy132, “significan cambios fundamentales en la estructura social y política de una sociedad, y condiciona definitivamente el uso y dirección del poder, al margen de las representaciones y mediaciones tradicionales”.

Basándose precisamente en la obra de Holloway, Flores Olea dijo que “la transformación del mundo es cuestión de todas las horas, de todos los días, sin límite de tiempo”, y que esta tarea transformadora está al alcance de cada persona, incluso en nuestra vida ordinaria, y que no es preciso esperar grandes conmociones para hacerla posible.

“La transformación del mundo es una tarea permanente, y no sólo de los momentos excepcionales”, concluyó.

La denuncia, el eje rector de las movilizaciones

Expertos en el tema de todo el mundo coinciden en que el aspecto esencial de los movimientos sociales es denunciar las mentiras y mitologías del poder.

“Cuando eso ocurre, y se hace posible la movilización de la opinión pública, disminuye la resistencia de quienes sostienen el orden establecido, que con frecuencia se sitúan en la fila de las concesiones”, aseguró Víctor Flores Olea.

Explica el autor que los movimientos sociales aparecen cuando los miembros de una comunidad deciden que es indispensable cambiar ciertos aspectos de la misma, y convocan al resto de la sociedad a lograr solidariamente tales cambios.

“Todos los movimientos sociales se proponen lograr un cambio en la sociedad, una modificación en sus relaciones de fuerza y una alteración del destino del grupo. Ningún movimiento social es políticamente ingenuo”, escribió el investigador de la UNAM.

Consideró que en los últimos 15 años, sobre todo en América Latina, los movimientos sociales democráticos y antisistema ayudaron definitivamente a derrotar a las tiranías militares implantadas y a sus sostenedores económicos y políticos.

Al tiempo, dijo, han aparecido nuevas fuerzas sociales en favor de la democracia que profundizan los cambios, como son los movimientos de los barrios pobres, de las mujeres, de los campesinos sin tierra, de los desempleados y, desde luego, los movimientos indígenas.

Sobre la interrogante: ¿Los movimientos sociales pueden cambiar las sociedades sin la toma del poder, como sostiene John Holloway?, quien afirma que los movimientos sociales pueden significar cambios profundos en el sistema y condicionar el uso y dirección del poder, escribió que esta idea de cambiar el mundo sin tomar el poder sería sobre todo “una versión libertaria del marxismo autoritario”.

“La revolución ha de surgir del interior de la sociedad”: Vallejo

En su reciente visita a México, la joven Camila Vallejo, dirigente del movimiento estudiantil chileno, dijo en entrevistas con los medios que “para transformar a una nación no bastan las movilizaciones, sino que es necesario sumar a todos los sectores y no limitarse a demandar a los de siempre transformaciones que nunca van a querer hacer”3.

Vallejo expuso que los movimientos sociales han de ser suficientemente transversales y movilizadores de la sociedad entera, de tal suerte que las estructuras del poder actual no puedan resistir más y se vean obligadas a realizar las transformaciones democráticas que se les exigen.

“La revolución, o los cambios realmente profundos, han de surgir del interior de la sociedad total, y no de una sola de sus partes”, dijo de forma contundente.

El hartazgo de la sociedad

Finalmente, el politólogo de la Universidad Popular autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), Manuel Díaz Cid, expuso que en México hay expresiones de hartazgo por todo lo que se relaciona con la política, sean partidos, campañas, alianzas o candidatos, debido a la corrupción en aumento, lo cual ha permitido el surgimiento de movimientos, como  #YoSoy132.

Díaz Cid aseguró que la exigencia de la sociedad es emprender un modelo de política participativa no de discurso, la gente quiere respuestas a problemas de empleo y de oportunidades para crecer en la economía.

“Es necesario salir del pantano político, la reforma política es insuficiente, el poder legislativo cuesta carísimo a los ciudadanos y los resultados son muy pobres y cuestionables”, señaló.

Dijo que la democracia representativa y la de partidos está en crisis, no solo en México, sino en todo el mundo, la sociedad les ha perdido confianza y credibilidad, por eso han aparecido fórmulas nuevas de protesta, que resulta difícil si serán soluciones, pero son alternativas que se expresan indignados frente a un escenario donde el poder de los partidos se desvanece.

La democracia participativa en 2011 brotó y estalló en varias partes del mundo, como fue en los países de África del norte (Túnez, Marruecos y otros de Medio Oriente), donde derrocaron gobiernos, pero tampoco han sido capaces de construir otro.

A su juicio, estos movimientos sociales deben ser vistos con preocupación y no ignorarlos.

En México, indicó, la democracia participativa está incipiente, comienza a buscar espacios, pero no tiene reglas, tampoco herramientas o instituciones que avalen sus demandas.

Por lo tanto, quien sea gobierno en  2012 debe ofrecer propuestas claras, no discursos floridos para 40 millones de personas en vida activa. Necesita agenda de compromisos.

“Los partidos y los candidatos elaboran un menú desde sus intereses y asumen que eso piensa y quiere la gente, y se equivocan. La sociedad civil es la que tiene claro, qué le duele y qué quiere”, argumentó el politólogo ligado a la derecha en Puebla.

A pesar de los millones de pobres y de desempleados, en México aún no ha permeado un movimiento de indignados, pues dijo que el escritor Javier Sicilia ha intentado encabezar un movimiento parecido, pero sólo ha tenido eco en grupos de izquierda que siempre han protestado.

Los indignados de Europa y de Estados Unidos, son expresiones de protesta negativa, pero no dicen qué quieren y cómo quieren que se hagan las cosas.

“Estamos ante el final de una época muy complicada, se acaba la modernidad, y pasar de época no es como voltear la hoja de un libro, cambiar de época siempre ha sido traumatizante”, concluyó Díaz Cid.

Notas

1 Flores Olea, Víctor, “Los movimientos sociales (#YoSoy132) y la política”. La Jornada, 18 de junio de 2012.

2 Ídem.

3 Ídem.

Para saber más

Holloway, John, 2002. Cambiar el mundo sin tomar el poder. BUAP

Camila Vallejo en la UAM Xochimilco, http://youtu.be/s6ml6522BoY

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