Desde el invierno de 2023 los indicadores macroeconómicos son decrecientes: las variaciones del Producto Interno Bruto (PIB), del consumo, de la inversión y de la ocupación crecen en menores porcentajes o son negativos. La variación del PIB del primer año de gestión de Claudia Sheinbaum Pardo (CSP) fue negativo, como también lo fue en el primer año de las gestiones de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El crecimiento del número de personas ocupadas en el primer año de CSP fue de 1.4 por ciento, inferior al registrado en el mismo primer año de AMLO (3.05 por ciento) y de Enrique Peña Nieto (2.34 por ciento) pero más alto que el registrado en los primeros doce meses de la gestión de Felipe Calderón Hinojosa (0.35 por ciento).
En 15 meses de gestión de CSP el PIB en términos reales aumentó 0.9 por ciento y la ocupación lo hizo en 1.6 por ciento; el salario mínimo general a precios constantes aumentó en 6.5 por ciento y la masa salarial, en términos reales subió 3.8 por ciento. El pasado marzo se cumplieron 18 meses de gestión de la actual presidenta y el crecimiento de la población ocupada fue de 1.2 por ciento, el salario mínimo general a precios constantes aumentó en 17.3 por ciento y la masa salarial, en términos reales subió 5 por ciento. Aun con un muy lento crecimiento económico, en año y medio de gobierno se han generado 728 mil nuevos empleos y disminuyó el número de desocupados en 295 mil, por lo que la tasa de desempleo ha disminuido. Lo preocupante es el decrecimiento de los ocupados en los sectores primarios y secundarios en esos 18 meses. Los pronósticos de crecimiento para el año en curso se ubican entre 1.4 y 1.5 por ciento, por lo que es previsible que persista el decrecimiento de la ocupación en el sector primario y secundario y si esta disminución es concomitante al PIB de esos sectores, puede haber presiones inflacionarias por insuficiencia de productos y elevar los precios al consumidor para 2026 al 4.6 por ciento, como ya lo estiman varios analistas.
En innegable que el salario mínimo general creció, en términos reales, 158 por ciento con los gobiernos de la 4T (diciembre 2018-marzo 2026) y la masa salarial lo hizo en 46.2 por ciento en esos años, esto permitió, junto con otras acciones, abatir la pobreza en 13.4 millones y mejorar las condiciones materiales de la población de menores ingresos. El ingreso laboral se ha homogenizado a la baja: cuando inició la gestión de AMLO, el salario promedio por persona ocupada era 125 por ciento más elevado que el salario mínimo general, a marzo del año en curso fue 13 por ciento más alto, la estructura salarial del mercado laboral neoliberal se ha trastocado, ahora 77 por ciento de la población ocupada percibe hasta dos salarios mínimos generales, lo que inconforma a quienes perciben más de dos salarios, que han registrado incrementos diferentes.
La inversión no fluye en los montos requeridos para generar un crecimiento real del PIB superior al crecimiento poblacional, además, la apreciación de la moneda nacional, las tasas altas de interés, la ausencia de una estrategia de sustitución de importaciones y de una política que promueva el crecimiento económico inciden en un crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones, lo que aumenta el déficit en la balanza comercial, genera mayores dependencias, obstruye el pleno empleo de las capacidades instaladas y genera presiones inflacionarias. Regular el comercio externo (cuotas, aranceles) y fomentar el crecimiento de la actividad económica nativa exige un rol más activo del banco central, de una presencia estatal más definida en autosuficiencia alimentaria y energética y en la expansión del gasto público.